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domingo, 27 de abril de 2014

El histórico saludo entre Francisco y Benedicto XVI

El papa Francisco declaró santos a sus dos predecesores Juan XXIII y Juan Pablo II ante unas 800.000 personas el domingo, en una ceremonia de canonización sin precedentes, que tuvo otro ribete histórico con la presencia delpontífice emérito Benedicto XVI.


Nunca antes un Papa en funciones y otro retirado habían oficiado misa en público, mucho menos en un acto en el que se celebraba a dos de sus más famosos predecesores.
La presencia de Benedicto XVI también refleja el balance que Francisco tuvo en consideración al canonizar a Juan XXIII y Juan Pablo II, que muestra la unidad de la iglesia al honrar a un papa conservador y un liberal.
El papa emérito, quien renunció al trono de Pedro en 2013, asistió vestido con la sotana blanca a la ceremonia concelebrada por 150 cardenales y mil obispos. A su llegada fue recibido por un caluroso aplauso y saludado con un abrazo especial tanto al inicio como al final de la ceremonia por Francisco, en un gesto de fraternidad.
Por primera vez en dos mil años de historia de la Iglesia una canonización ha sido concelebrada por dos papas vivos para elevar a los altares a dos papas muy diferentes -quizá tan diferentes como ellos-, cuyos pontificados fueron muy populares.
Benedicto XVI había prometido permanecer "oculto frente al mundo" después de que renunciara el año pasado, sin embargo, Francisco lo convenció de salir de su retiro y le solicitó que participe en las actividades públicas de la iglesia.
Benedicto estuvo sentado al lado de otros cardenales en la plaza de San Pedro durante el rito al inicio de la misa del domingo. Él y Francisco se saludaron brevemente a la llega del actual pontífice.


Cuál es la fórmula usada por la Iglesia para canonizar

El momento preciso en que un beato es convertido en santo se produce, durante el rito católico, tras la pronunciación de la denominada "fórmula de canonización". Tal cual lo establece la tradición, en esta ocasión fue enunciada por el Papa Francisco para la proclamación de Juan Pablo II y Juan XXIII como nuevos santos de la Iglesia católica.


En determinado momento de la celebración, el cardenal Angelo Amato, prefecto de laCongregación para las Causas de los Santos, preguntó tres veces al Papa si procede a la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II. Luego, solicitó al Sumo Pontífice que inscribiera el nombre de los dos Papas beatos en el "Catálogo de los Santos".
Tras este paso, el papa Francisco pronunció la "fórmula de canonización":
"En honor a la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén".
A continuación se presentaron al Papa los relicarios de los nuevos santos, que permanecieron expuestos en el altar durante la celebración: el de Juan Pablo II, contiene una ampolla con su sangre y es el mismo mostrado el 1 de mayo de 2011 mientras para Juan XXIII se ha fabricado uno gemelo ya que durante su beatificación, el 3 de septiembre del año 2000, su cuerpo todavía no había sido exhumado.
Después de la proclamación del Evangelio, Francisco pronunció una homilía en la que definió a San Juan XXIII como ''el Papa de la docilidad al Espíritu Santo'' y a San Juan Pablo II como ''el Papa de la Familia'' , habiendo recordado antes que ''en el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado''.

El papa Francisco canonizó a Juan XXIII y a Juan Pablo II

El papa Francisco proclamó santos a Juan XXIII y Juan Pablo II ante una multitud estimada en un millón de peregrinos reunidos de la plaza de San Pedro, a cuya ceremonia asistió Benedicto XVI en una jornada histórica de "cuatro papas".


La primera ceremonia simultánea de canonización de dos papas en la historia de la Iglesia fue concelebrada por 150 cardenales, mil obispos y seis mil sacerdotes, y asistieron delegaciones oficiales de 92 países, entre ellas el cancillerHéctor Timerman representó al gobierno argentino y el titular de la cámara de diputados Julián Domínguez.
"Declaramos y definimos a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II santos y los inscribimos en elCatálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los santos", pronunció el Papa en latín la formula de canonización.
Los peregrinos, muchos argentinos, brasileños y polacos que se distinguían por sus banderas,estallaron en un cerrado aplauso y vivas a los santos papas, cuyas imágenes estaban desplegadas en dos tapices colgados de la basílica de San Pedro. De la liturgia participaron también la costarricense Floribeth Mora, quien en un momento acercó reliquias de Juan Pablo II al altar, y la monja francesa Marie Simon Pierre, cuyas curaciones milagrosas se le atribuyen a Karol Wojtyla.
"San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado, porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valientes, llenos del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia", dijo Francisco sobre sus antecesores.
El pontífice argentino definió luego a cada uno por separado. "Me gusta pensar a San Juan XXIII como el papa de la docilidad al Espíritu Santo", destacó sobre el primero. "San Juan Pablo II fue el Papa de la familia, como él mismo dijo que le gustaría ser recordado", subrayó sobre el segundo.
El Centro de Televisión Vaticano (CTV) consideró que se trató de la ceremonia de canonización más mediática de la historia, al estimar de 2.000 millones de personas siguieron este evento religioso en los cinco continentes.
Las redes sociales Facebook y Twitter también fueron la vía elegida para expresar sensaciones y opiniones sobre estos dos papas santos. "A Juan XXIII el Papa Bueno le agradecemos el estar abierto al Espíritu al convocar al Concilio Vaticano II. Cuanto bien para la Iglesia!", escribió el sacerdote argentino Javier Klajner, y agregó en otro tuit: "A Juan Pablo II agradecemos la institución de las Jornadas Mundiales de los Jóvenes, de la mano del Cardenal argentino Eduardo Pironio".
Los católicos argentinos participaron este fin de semana en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y otras diócesis de misas, actos y homenajes con motivo de la doble canonización.
Un asistente muy especial. El papa emérito Benedicto XVI, quien renunció al trono de Pedro en 2013, asistió vestido con la sotana blanca a la ceremonia concelebrada por 150 cardenales y mil obispos. A su llegada fue recibido por un caluroso aplauso y saludado con un abrazo especial tanto al inicio como al final de la ceremonia por Francisco, en un gesto de fraternidad.














Quiénes fueron los líderes mundiales que asistieron a la canonización

En total 98 delegaciones encabezadas por 24 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos los reyes de España, los presidentes de Ecuador, Honduras, El Salvador, así como el controvertido mandatario de Zimbabue, Robert Mugabe,asistieron a la canonización.


En representación de Argentina, asistió Julián Domínguez según consignó el departamento de Prensa de la Santa Sede. El titular de la Cámara de Diputados del país tuvo al finalizar la ceremonia, la oportunidad de saludar al papa Francisco personalmente.
El Sumo Pontífice argentino proclamó santos a Juan Pablo II y Juan XXIII, dos pontífices que "no se dejaron abrumar por las tragedias del siglo XX", durante una ceremonia multitudinaria en la plaza de San Pedro a la que asistió también su predecesor Benedicto XVI.
A la ceremonia, que duró unas dos horas, asistieron también representantes de todas las religiones, entre ellos una importante delegación judía, para rendir homenaje a dos papas que lucharon contra los prejuicios hacia los hebreos.
La canonización pudo ser seguida en varios idiomas, entre ellos español, portugués, árabe y francés tanto en directo como por televisión. La basílica de San Pedro permanecerá abierta el domingo hasta la una de la mañana para que los peregrinos de todo el mundo puedan orar en el mayor templo de la cristiandad.
La canonización fue transmitida en directo por televisión a numerosos países del mundo y seguida por unos 2.000 millones de personas de los cinco continentes, según cálculos del Centro de Televisión Vaticano (CTV).
Nueve satélites transmitieron por primera vez la canonización en alta definición. Unas 500 salas de cine de unos 20 países la trasmitieron gratuitamente en 3D.

Los emotivos testimonios de la gente desde la Plaza de San Pedro

Millares de personas -polacos sobre todo, pero también latinoamericanos y de otros países-, siguieron el domingo con devoción y enarbolando sus propias banderas la canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII en la plaza de San Pedro.


Muchos de ellos pasaron la noche a la intemperie, bajo la llovizna, para reservarse un lugar lo más cerca posible a la ceremonia.
El altar estaba ubicado a los pies de la basílica de San Pedro y los puestos privilegiados fueron para el papa emérito Benedicto XVI -muy aplaudido por la multitud-, para cardenales, obispos y delegaciones oficiales.
Otros miles de peregrinos se fueron agolpando con el pasar de las horas en las calles aledañas a San Pedro y avanzaban por Via de la Conciliazione, pese a que los jóvenes voluntarios de la Protección Civil, mediante cadenas humanas, trataba de contenerlos para evitar incidentes.
Medidas de seguridad importantes, pero no prohibitivas, rodeaban el Vaticano, donde había además puestos para asegurar asistencia médica de urgencia y botellas de agua a los peregrinos.
El Vaticano estimó en 500.000 personas las que estaban presentes en la zona de San Pedro y en 300.000 las que habían mirado la ceremonia a través de las pantallas gigantes puestas en distintos puntos de la ciudad, como el Coliseo.
A un cierto punto de la jornada, cuando la ceremonia estaba por comenzar, prácticamente no se podía caminar sin pisar a alguien. Los polacos, el grupo más notable, que llevaban consigo sillas plegables, mochilas con comida y colchoncitos, se hacían un espacio para arrodillarse cuando la ceremonia lo exigía.
"Me siento muy feliz, muy conmovida y muy cansada después de esta ceremonia", comentó Anna Wiswinska, una profesora polaca, que conoció a Juan Pablo II en Cracovia.
"Hemos venido por los cuatro papas, los dos vivos y los dos canonizados", contó a AFP la joven italiana y estudiante de ingeniería, Letizia Montironi.
"Pero creo que el papa más importante para la juventud italiana es Francisco", subrayó, reconociendo que su generación conoce poco o nada del papa italiano Juan XXIII, quien inició el Concilio Vaticano II en la década del 60 para modernizar a la Iglesia.
Venidos de México, Argentina, Perú, Ecuador, Chile y Costa Rica, entre otros países, los latinoamericanos dijeron sentirse más cercanos a Juan Pablo II, al que conocieron en sus viajes a América Latina, ya que Juan XXIII, poco viajero, falleció en 1963.
"Juan Pablo II visitó varias veces México y cada vez nos decía que se sentía mexicano. Para nosotros eso es muy importante. Pero yo vine también porque cuando mi mamá estaba embarazada de mí, vino al Vaticano y él le dio la bendición", contó a AFP Juan Pablo Almeyda, de 23 años, originario de Guadalajara.
"Yo vine de Madrid donde vivo. Estoy emocionada por haber tenido la oportunidad de presenciar una ceremonia histórica. Juan Pablo II era buenísimo, se llevaba bien con todos, por eso lo queremos tanto", contó por su parte la ecuatoriana Enid Vásquez.
Para María Patricia Cardoza de Peña, de Perú, venir a Roma era el sueño de su vida.
"Ayer en la basílica le dejé a Juan Pablo II todos los pedidos y oraciones que traje de mi país. Y hoy me siento muy emocionada porque aquel papa era en cierto sentido el cuidador de mis hijos", confesó.
Entre las muchas delegaciones destacaba también una de Uganda, formada por 220 personas, algunas con sus trajes tradicionales, según contó a AFP el sacerdote Jacinto Shibuca que guiaba el grupo.
"Es que Juan Pablo II estuvo en nuestro país en 1993 y su influencia trajo paz y un mejor entendimiento, por eso lo amamos tanto", contó.
Cansados por largas horas de espera, pero felices, los peregrinos comenzaron a abandonar la plaza después que el papa Francisco recorriera en papamóvil, en forma excepcional, Via de la Conciliazione para saludar de cerca y despertar entusiasmo, alegría y vivas de los creyentes llegados de todas las partes del mundo.




Francisco apuntó a su próximo objetivo: el Sinodo que comienza en octubre

El Papa católico apostólico romano pidió hoy “honrar la memoria y las enseñanzas” de sus predecesores Juan Pablo II y Juan XXIII, al proclamarlos santos en una ceremonia histórica que fue seguida por un millón de fieles que desbordaron el Vaticano y varios puntos de Roma. En la homilía de Francisco, él recordó a Juan Pablo II como el "Papa de la familia", y a Juan XXIII como el Papa "de la docilidad del espíritu". El obispo de Roma concluyó deseando que Karol Wojtyla y Angelo Giuseppe Roncalli "intercedan por la Iglesia, para que, durante estos 2 años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia": en octubre en el Vaticano comienza el encuentro mundial del clero sobre “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El cielo romano encapotado no amendrentó la Fe de los seguidores de la Iglesia Católica Apostólica Romana quienes, durante la ceremonia, recibieron la comunión por parte de más de 1.000 sacerdotes desplegados en la Plaza de San Pedro. 
 
En el inicio de la canonización, Francisco (Jorge Bergoglio) saludó al papa emérito Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinge), cuya presencia le brindó a la liturgia el título de"el día de los 4 papas": 2 pontífices vivos convirtieron en santos a 2 papas fallecidos: Juan Pablo II (Karol Wojtyla) y Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli). 
 
En el Vaticano también hubo 93 delegaciones oficiales, como la Argentina, encabezada por el canciller Héctor Timerman, además de 24 jefes de Estado.
 
La liturgia duró aproximadamente 2 horas y concluyó con el Regina Caeli, oración tradicional de las Pascuas. 
 
Los organizadores estimaron que 1 millón de fieles y peregrinos siguieron de cerca la canonización: 250.000 en la Plaza San Pedro y el resto en algunas de las 19 pantallas gigantes dispuestas en puntos centrales de Roma como los Foros Imperiales, la plaza del Popolo y la Basílica de Santa María la Mayor. 
 
La ceremonia comenzó con las peticiones del prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, para que se inscriba a quienes hasta ese momento eran beatos (Juan Pablo II y Juan XXIII), en el libro de los Santos. 
 
Es un rito muy católico. En el cristianismo primitivo la santificación nunca fue una decisión humana y tanto la profecía de Daniel como de Juan en el Apocalipsisis enseñan que sólo Jesús intercede en el Santuario para conceder o no la inscripción en el libro de la Vida.
 
Pero las costumbres y ritos humanos tienen su propia dinámica.
 
Francisco leyó la oración en la que declaró como santos a sus predecesores “con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y los santos apóstoles Pedro y Pablo”. 
 
Después se llevó hasta el altar el relicario de Juan XXIII, un pedazo de piel desprendido durante su exhumación, trasladado por familiares; y el Juan Pablo II, una ampolla de sangre llevada, entre otras personas, por Floribeth Mora, una mujer de Costa Rica que fue sanada de un aneurisma cerebral a través de la intervención del difunto Papa. 
 
"(...) Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio (N. de la R.: Vaticano II), Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu", homanejeó Francisco.
 
"En este servicio al Pueblo de Dios, Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene. Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama", concluyó. 
 
Ahí Jorge Bergoglio apuntó a su gran objetivo: el Sínodo que comenzará en octubre en el Vaticano sobre el tema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.


Con una inédita canonización, la Iglesia celebra "la fiesta de los cuatro papas"

Este domingo, el Vaticano vivirá el “día de los cuatro papas”, cuando Francisco y Benedicto XVI inicien juntos la ceremonia de canonización de sus antecesores Juan XXIII y Juan Pablo II. Entre el cántico de los coros de Roma, Bérgamo, Cracovia y el coro oficial de la Capilla Sixtina, el Papa y el Papa emérito concelebrarán un ritual simplificado en latín y en presencia de las reliquias de sangre y piel de los papas santificados.




Nunca en la historia de la Iglesia se había dado una situación como esta, ceremonia que reunirá a dos papas, unos 150 cardenales, 1.000 obispos y 870 sacerdotes en la Plaza San Pedro. La llegada de Juan Pablo II y Juan XXIII a los altares católicos completa una lista de 80 papas santificados de los 266 elegidos legítimamente desde hace 2.000 años. La última canonización de un papa fue la de Pío X (1954), que gobernó la iglesia entre 1902 y 1914 y pasó a la historia como el “Papa Santo”.
El acto comienza con el canto de la Letanía de los Santos y, a continuación, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, realizará tres peticiones al papa Francisco para que inscriba a los beatos en el libro de los Santos. Según el protocolo, debe pedirlo primero con “gran fuerza”, una vez más con “mayor fuerza” y, por último, con “grandísima fuerza”. 
A continuación, Francisco santificará a los papas usando la frase: “En honor de la Santísima Trinidad, por la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y de los santos apóstoles Pedro y Pablo, después de haber reflexionado largamente e invocado la ayuda divina y escuchando el parecer de muchos de nuestros hermanos obispos, declaramos santos a Juan XXIII y a Juan Pablo II”. 
Acto seguido, se trasladarán hasta el altar los relicarios que contienen las reliquias de los santos, una ampolla de sangre en el caso de Juan Pablo II y un trozo de piel de Juan XXIII desprendido durante su exhumación. La ceremonia litúrgica, en la cual se escuchará por primera vez los nombres de los papas como “San Juan Pablo II” y “San Juan XXIII”, durará aproximadamente dos horas y concluirá con el Regina Caeli, oración típica del tiempo de Pascua dedicada a la Virgen María.
El camino recorrido hacia la santidad de Juan Pablo y Juan XIII es complejo y delicado. Comienza generalmente en la diócesis donde el candidato vivió o murió. El postulador recaba testimonios y documentos y le presenta el informe a la Congregación para las Causas de los Santos. Si esta aprueba la solicitud, el dossier es remitido al papa, quien firma un decreto promulgando “las virtudes heroicas” del candidato. Si se encuentra evidencia de ocurrió un milagro a quien rezó al candidato, y no hay una explicación científica para el hecho, el caso es presentado como el posible milagro necesario para la beatificación, último paso hacia la canonización.

La acelerada canonización de Juan Pablo II comenzó durante sus funerales, cuando la multitud empezó a cantar “¡Santo Súbito! ¡Santo Súbito!”. Ante esto, Benedicto XVI dio por superado el periodo de cinco años que deben pasar antes de que comience una investigación de santidad. Juan Pablo II fue beatificado en 2011 cuando el Vaticano dio validez a un informe de que una monja francesa, que sufría del mal de Parkinson, se curó tras rezarle a Juan Pablo II.

El segundo milagro fue la sanación de una costarricense. En cuanto al papa Juan XXIII, fue beatificado en 2000 después que se certificara que una monja italiana, enferma de una hemorragia gástrica se curó milagrosamente cuando sus compañeras de congregación le colocaron una imagen de Juan XXIII sobre la herida. Recientemente, el papa Francisco suspendió la exigencia del segundo milagro a fin de poder canonizar a Juan XXIII junto con Juan Pablo II.

Se estima que casi un millón de fieles católicos y turistas llenarán la Plaza San Pedro y las principales arterias de Roma para un evento gigantesco y de gran impacto mundial. Las aguas del río Tíber, que cruza la ciudad, estarán patrulladas por buzos, mientras los diferentes cuerpos de seguridad ya aumentaron la vigilancia de la zona. En la plaza, estarán presentes delegaciones de 92 países y 24 jefes de Estado y Gobierno, entre los cuales se cuenta a los reyes de España y Bélgica, y los presidentes de Paraguay, Honduras, El Salvador, Ecuador, Albania, Croacia, y Polonia, entre otros. 
(*) Especial para Perfil.com

Juan XXIII y Juan Pablo II, historia de los Papas que serán santos

Dos íconos de la Iglesia Católica del siglo XX, el italiano Angelo Roncalli (Juan XXIII) y el polaco Karol Wojtyla (Juan Pablo II) serán proclamados santos en una ceremonia inédita, no sólo por la rapidez con la que se llegó a la canonización del Papa polaco, sino también por ser dos pontífices los consagrados. A ello se sumará la presencia de Benedicto XVI, quien concelebrará la ceremonia con su sucesor, el jesuita argentino Jorge Bergoglio.




Los papas santificados cumplieron un papel clave en la historia de la institución y fueron punto de referencia mundial, hecho que asumieron de modo decidido y evidente durante sus respectivos pontificados. Francisco los canoniza juntos considerando su peso histórico y revalorizando el Concilio Vaticano II impulsado por Juan XXIII, hecho renovó a la Iglesia Católica.
JUAN XXIII, el “papa bueno”: amante de la comida. De familia campesina, Juan XXIII, el italiano Angelo Giuseppe Roncalli, nació en Sotto il Monte, provincia de Bérgamo, el 25 de noviembre de 1881, y era un anciano con muchos achaques, producto de su obesidad, cuando fue electo como sucesor de Pío XII, en 1958. Pero a pesar de su breve pontificado, sentó las bases para la renovación de la Iglesia al convocar, el 25 de enero de 1959, el Concilio Vaticano II, que concluyó Pablo VI, cambió la Iglesia en su interior y en sus relaciones con las otras religiones y confesiones.
Tres años más tarde, ante 2.540 obispos de todo el mundo, Juan abrió el Concilio, al que asistió el joven teólogo alemán Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), quien lo beatificó en 2011. El Vaticano II reformó la liturgia, cuyo cambio más visible fue el de adaptarla a las lenguas vernáculas y el que los sacerdotes oficiasen de cara a los fieles sin darles la espalda, y dio un mayor papel a los laicos.
Bonachón y acomplejado, el papa Roncalli fue un gran amante de la buena mesa y el vino y terminaría convertido en uno de los papas más entrados en kilos que ha tenido la Iglesia. Se cuenta que detestaba subir a la tradicional silla gestatoria, ya que le preocupaba caerse por tanto peso. Cuando lo eligieron Papa, no le entraron los tres talles que prepararon los sastres para los hábitos pontificios. “Todos me quieren mucho aquí, menos los sastres”, bromeó mientras se encaminaba al anuncio de su elección en el balcón de San Pedro. Habían tenido que descoserle la sotana blanca e hilvanársela de emergencia, agregando algunos alfileres.
Para algunos, Juan XXIII fue demasiado conciliador con las izquierdas, hasta filocomunista, y no faltan quienes dicen que fue “bueno pero no santo”. En febrero de 2000, además, los lefevrianos tomaron posición en contra de su beatificación afirmando que había hecho “un pacto con el Kremlin” para tener observadores ortodoxos en el Concilio. Según expertos, la decisión de Francisco de canonizar a Juan XXIII sin milagros en su haber es una prerrogativa del jefe de la Iglesia Católica, queriendo valorar el ejemplo del “papa bueno”, autor de la encíclica Pacem in terris y evitar al mismo tiempo el culto a la personalidad que genera el polaco Karol Wojtyla.
Cuando el cardenal Jorge Bergoglio casi se convierte en papa en 2005, dijo a un confidente que, de haber sido elegido, habría tomado el nombre del pontífice que más admiraba: Juan, por el Papa Bueno. “Francisco es un papa 'roncallino'”, dijo Alberto Melloni, biógrafo de Juan XXIII: “Vemos el fruto del concilio hoy día en el papa Francisco”. Afable, corpulento, con grandes orejas, mirada cálida, sonrisa amable y un excelente sentido del humor, la personalidad de Juan suena similar a lo que se diría de Francisco.

Wojtyla, un papado entre atentados y una iglesia en decadencia. Tras la muerte de Pablo VI y el breve pontificado de Juan Pablo I, le tocó a Juan Pablo II tomar las riendas de la Iglesia durante 27 años de pontificado, aunque muchos analistas sostienen que se produjo un retroceso en la modernización de la curia. Elegido en octubre de 1978, Karol Wojtyla fue el Papa que sufrió el mayor número de atentados: episodios verdaderos, amenazas reales o de mitómanos.
El 16 de febrero de 1981, en Pakistán un hombre murió por la explosión de una bomba al ingreso del estadio de Karachi mientras Juan Pablo II era recibido por miles de personas. Según la reconstrucción de la época, el hombre tenía en una canasta una bomba rudimentaria que estaba destinada al papa polaco. Ese año, el 13 de mayo, se produjo el ataque más resonante, cuando fue blanco de cuatro disparos del turco Mehmet Ali Agca, mientras pasaba por la Plaza San Pedro mientras saludaba a la multitud. Agca hirió gravemente al papa: dos de las balas le dieron en el estómago y las otras dos en un brazo y en la mano.
Juan Pablo II estuvo a punto de morir desangrado. Fue operado del intestino y de una mano. Tras recuperarse, perdonó públicamente a su atacante, a quien visitó en la cárcel el 27 de diciembre de 1983. "Quería absolutamente matar al Papa y quería morir en la Plaza San Pedro, por suicidio o linchamiento. Luego de varios años entendí, vi con pruebas personales indiscutibles que el 13 de mayo de 1981 Dios realizó un milagro en la Plaza San Pedro", destacó el autor del atentado en una entrevista a la agencia Ansa.
“Estoy felicísimo de haber estado en el centro de un plan divino que me costó 30 años infernales en prisión”, agrega Agca, quien durante la entrevista no se mostró “arrepentido”. “Nada quedó humanamente en secreto sobre mi atentado al Papa. El verdadero sentido religioso de mi atentado y el misterio de la Virgen de Fátima necesitan aún explicaciones. Yo tengo la certeza absoluta que fue Dios el sistema divino en llevarme a la Plaza San Pedro, y no Satanás y sus demonios, como otros creen en el Vaticano”.
El 12 de mayo de 1982, el Papa terminaba una procesión en la explanada del santuario de Fátima, adonde se había trasladado para agradecer a la Virgen tras haberse salvado un año antes de la muerte. A pocos pasos de allí fue detenido un español de 32 años, José Rodríguez Krone, conocido en los ambientes del obispo tradicionalista Marcel Lefebvre. Dos años después, en Seúl, un estudiante le apuntó con una pistola, pero luego tiro el arma al piso, rompiéndose a pedazos porque era de plástico. El 15 de mayo de 1988 durante la visita a Perú, cuatro bombas explotaron en varias zonas de Lima, aunque no hubo víctimas. Las autoridades afirmaron que los artefactos habían sido instalados por Sendero Luminoso.
Si bien es considerado una figura clave que ayudó a poner fin a la Guerra Fría, los críticos aseguran que la canonización de Juan Pablo II -que establece un récord en las canonizaciones en tiempos modernos apenas nueve años después del fallecimiento- es demasiado pronta y consideran que el papa polaco tuvo una lenta reacción ante la grave crisis de abusos sexuales que surgió en la Iglesia hacia el final de su pontificado que minaron la autoridad moral de los líderes de la Iglesia.
Específicamente, se presiona al Vaticano argumentando que Juan Pablo II sabía sobre el abuso sexual cometido por el padre mexicano Marcial Maciel, fundador de un desacreditada orden religiosa católica denominada los “Legionarios de Cristo,” que durante años vivió una doble vida como pedófilo, mujeriego y adicto a las drogas mientras dirigía la orden conservadora que fundó. Mientras unos acusan a Wojtyla de apoyar y poner como ejemplo a ese líder religioso, sus defensores afirman que mientras que sus colaboradores habrían sabido que las acusaciones eran ciertas, ocultaron mucha información al Papa.
En 1997, un grupo de ocho ex Legionarios de Cristo acusaron de abuso sexual a Maciel, en una carta enviada a Juan Pablo II que dio lugar a una denuncia canónica al año siguiente. Fueron un "kilo y medio de documentos, en su mayor parte notariados", contó José Barba, uno de los jóvenes seminaristas que sufrieron los atroces abusos de Maciel y que asegura no haber recibido "ninguna respuesta pública" del Vaticano pese a haber expuesto su caso a altos dirigentes.Para Barba, un filólogo humanista de 75 años, la canonización es el "epítome del encubrimiento", pues refleja "un interés enorme en que se acabe el asunto, en echar tierra por encima de Maciel".
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(*) Especial para Perfil.com

sábado, 26 de abril de 2014

Roma se prepara para el "día de los cuatro papas"

El papa Francisco valoró el legado de sus predecesores Juan Pablo II y Juan XXIII, que serán canonizados este domingo en una ceremonia histórica, de la que participarán un millón de peregrinos y numerosos jefes de Estado. 


Con la casi segura presencia del papa emérito Benedicto XVI  en la ceremonia, la Iglesia católica se prepara para vivir lo que se ha denominado como el "día de los 4 papas": en presencia de dos pontífices vivos serán convertidos en santos dos papas fallecidos,  los más populares del siglo XX. 

Dos tapices con las imágenes de Juan Pablo II y Juan XXIII ya se exhiben desde esta mañana en la fachada de la basílica de San Pedro. 

"Estoy agradecido a Juan Pablo II por su incansable servicio,  su guía espiritual, por haber introducido a la Iglesia en el tercer milenio de la fe y por su extraordinario testimonio de santidad", dijo hoy el papa argentino Jorge Bergoglio, en un video mensaje al pueblo polaco, retransmitido por la televisión y la radio nacional de Polonia. 

Francisco lo calificó además como "un gigante de la fe" que  "abrió a Cristo a sociedad, cultural, sistemas políticos y económicos". 

Además, en una carta enviada a la diócesis de Bérgamo -de la  que era oriundo Juan XXIII- Francisco lo calificó también de un "gran regalo" para la Iglesia católica de todo el mundo. 

En tanto, la ciudad del Vaticano se empezó a poblar con  fieles llegados de todas partes del mundo, que colapsaron los alojamientos disponibles e incluso algunos pernoctarán en la noche del sábado en la plaza San Pedro para lograr las mejores ubicaciones en la ceremonia del domingo. 

Solamente de Polonia, la tierra natal de Juan Pablo II, se espera que lleguen 1.700 micros, 58 aviones y 5 trenes. 

En la víspera de la ceremonia, se realizará la "Noche Blanca  de Plegaria", en la que once iglesias romanas ofrecerán homilías en seis idiomas: italiano, español, portugués, inglés, francés y árabe.
Entre los líderes mundiales que estarán presentes, ya confirmaron su presencia los reyes de España; los presidentes de 

Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Horacio Cartes; y de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, con quien Francisco se reunió hoy. 

Con un plan diseñado hace meses, las fuerzas de seguridad,  servicios médicos, voluntarios y autoridades de la ciudad de Roma se preparan para recibir el aluvión de peregrinos que comenzaron a llegar durante la semana.

Fuente: Télam

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