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lunes, 27 de octubre de 2014

Con Menem la inversión en infraestructura fue el doble que con Cristina

En su inexplicable enojo con Carlos Menem, Grupo Clarín construyó muchos de los 'clichés' que el kirchnerismo utiliza acerca de los años '90. Una enorme tontería de Héctor Magnetto, con costo elevado aún cuando sobreviva a Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, que el kirchnerismo explique (n especial ese ridículo sabelotodo Axel Kicillof) cómo es esto de que la inversión en infraestructura en los días de Menem era el doble que en los días K. Es decir que la telefonía, el gas, el agua potable, las cloacas, las rutas, los puertos, la energía eléctrica, el petróleo, etc. era más moderna con Menem que con los K. Al final de cuentas ¿cuál fue la Década Ganada? Impecable trabajo del Instituto para el Desarrollo Social Argentino.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Idesa). La inversión en infraestructura tiene una importancia central en el desarrollo económico y social.
 
Por un lado, incide decisivamente en las posibilidades de expandir la producción (trenes de carga, hidrovías y puertos, energía, telecomunicaciones).
 
Por el otro, determina de manera directa la calidad de vida de la población (autopistas, agua potable, cloacas).
 
En este sentido, un reciente estudio de la CEPAL alertó sobre la insuficiente inversión en infraestructura que prevalece en Latinoamérica, planteando que se debería destinar aproximadamente 6,2% del PBI para satisfacer los requerimientos de un crecimiento con sostenibilidad e inclusión.
 
Varios factores explican la subinversión en infraestructura. Generalmente los proyectos de infraestructura requieren esquemas de financiamiento sofisticados porque involucran grandes volúmenes de recursos, con plazos extendidos y mucha capacidad de gestión por tratarse de obras complejas que demandan planificación y administración. No menos importante es que exigen alta calidad política porque los beneficios no siempre son visibles ni redituables en el corto plazo.
 
La CEPAL estima para cada país de la región lo invertido en transporte, energía, telecomunicaciones, agua y saneamiento en las últimas tres décadas. Con relación a la Argentina, señala que:
 
> Entre los años 1980 y 1989 el país invirtió 2,9% del PBI en infraestructura.
 
> Entre los años 1990 y 1999 la inversión en infraestructura subió al 5,7% del PBI.
 
> Entre los 2004 y el 2012 la inversión en infraestructura volvió a ser de 2,9% del PBI.
 
Estos datos muestran que la Argentina no escapa a la situación regional de una marcada insuficiencia de inversión en infraestructura. En la década de los ’80 la crisis de la deuda externa tuvo una influencia importante.
 
La situación se modificó en la década de los ‘90 cuando la tasa de inversión se duplicó. Superada la crisis del año 2002, la inversión en infraestructura se recuperó, aunque de manera muy modesta. Resulta muy llamativo que en un contexto de histórica bonanza internacional, que le permitió a la Argentina recibir más de U$S 500.000 millones en concepto de exportaciones, y con tasa de interés internacionales inéditamente bajas, la inversión en infraestructura entre los años 2004 y 2012 haya sido similar a la década del ’80 y apenas la mitad a la de la década del ‘90.
 
Las diferencias en los niveles de inversión se explican por el sector privado. La fuerte expansión de la década de los ´90 se produjo porque se pasó de una situación en la que el Estado tenía el monopolio absoluto a otra donde el factor dinamizador fue la inversión privada. El ejemplo de las telecomunicaciones es muy ilustrativo. A partir de mediados de la década pasada el sector publico vuelve a tener un rol más protagónico (pasó del 0,7% al 2,1% del PBI) pero no llegó a compensar el desplome de la inversión privada (que pasó de 5% a 0,8% del PBI).
 
Esta regresión está asociada a que en la mentalidad oficial el sector privado no debe invertir en infraestructura. La realidad es que la exclusión del sector privado a lo largo de estos años no fue sustituida con inversión pública. Pero además en el sector público no sólo operaron limitaciones de gestión sino también el hecho de que resulta mucho más simple y atractivo el gasto público corriente que la inversión en infraestructura.
 
Hacer una autopista, dragar un puerto, enterrar una red de desagüe requieren estudios técnicos, licitaciones transparentes, mecanismos de control de calidad, ejecución de obra y los resultados no son inmediatos. En cambio, los programas asistenciales, como el Argentina Trabaja o el Progresar, requieren escasos esfuerzos de instrumentación y los beneficios electorales se capitalizan de manera directa e inmediata.
 
No hay posibilidades de desarrollo si no se duplica la inversión en infraestructura. Esto requiere, por un lado, salir de la atávica controversia ideológica público versus privado. El punto relevante no es la cuestión instrumental de quién financia y gestiona la inversión sino si los proyectos se ejecutan con eficiencia y calidad. Por el otro, el desarrollo de infraestructura requiere una dinámica política menos condicionada por la improvisación y el oportunismo, y más propensa a definir y sostener políticas de Estado de largo plazo.

martes, 21 de octubre de 2014

Argentina, el país latino que menos crece desde 2012

Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que la Argentina mostrará el crecimiento más bajo en los últimos cuatro años en toda la región.


En efecto, la Argentina ocupa el último puesto con tan sólo un crecimiento de 0,5%, le siguen Venezuela (con un 2,7%), Brasil (con un 5,3%) y Uruguay (con un 14,4%).
La noticia fue confirmada por Guido Sandleris, decano de la Escuela de Negocios y Director del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), sobre la base de estadísticas oficiales y estimaciones del Fondo.
Argentina ocupa ese último puesto entre doce países de América del Sur, incluso un par de puntos por debajo de la Venezuela en crisis económica que dirige Nicolás Maduro.
En contrapartida, Bolivia encabeza el ranking de crecimientoacumulado previsto entre 2012 y 2015. El país presentará una expansión de 24,1% a fin del año próximo. Detrás aparecen Perú (22,1%), Paraguay (22%), Colombia (19,2%) y Ecuador (18,8 por ciento).
“La performance de la economía durante el segundo mandato de Cristina Kirchner es muy mala“, dijo Sandleris. “Esto ocurre en un contexto internacional que hasta este año fue muy favorable para la Argentina, pero es el resultado del desmanejo en la política económica”, agregó.

miércoles, 3 de julio de 2013

Breves apuntes sobre la mentira del crecimiento 2013

El economista Agustín Monteverde no está tan harto de las falsas elucubraciones de los funcionarios como de los economistas K o neo K o semi K o post K que intentan acomodar la realidad a sus necesidades, que son las de Cristina Fernández de Kirchner. Acerca de las falsas interpretaciones de los números que surgen de la economía real, un breve apunte distribuido por la consultora Massot & Monteverde:


CIUDAD DE BUENOS AIRES (InC). No nos cuenten que la economía crece.
 
• En junio la recaudación creció 27,3%, en línea con la marcha de la inflación (apenas por debajo de nuestra estimación).
 
• A diferencia de lo ocurrido en la primera parte del año, los ingresos aduaneros cayeron por el reforzamiento del cepo comercial.
 
• Las importantes subas en los recursos apropiados a la Seguridad Social y los impuestos a los Combustibles y a los Bienes Personales permitieron sostener la recaudación.
 
• El impuesto a las Ganancias —siempre impulsado por la prohibición de ajustar los resultados por inflación— ascendió 35,2 % interanual.
 
• El IVA percibido por la DGI —buen indicador de la marcha de la economía, si se le descuenta la inflación— aumentó 25,2%.
 
• En el acumulado del año —que permite licuar desviaciones estacionales— la suba es menor: 23,6%.
 
• Este pobre desempeño —inferior a cualquier medición privada o provincial de inflación— es revelador de la falta de vitalidad de la actividad.
 
• El impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios es otro tributo que refleja la evolución de la economía.
 
• La suba en este caso fue de 19,7%, lo que es francamente inferior a la inflación del período.
 
• Si tomamos el acumulado anual, para neutralizar posibles estacionalidades, el alza de 25% resulta similar a la mayoría de las mediciones de inflación para el período considerado —aunque algo inferior a la nuestra.
 
• El impuesto sobre las Naftas saltó 64,9% interanual, fruto de las subas en los precios de los combustibles; en el semestre los precios suben 27,7%.
 
• La otra estrella de los tributos colectados por la DGI fue el impuesto a los Bienes Personales, que saltó 53% como resultado del atraso en las escalas y el mayor número de contribuyentes alcanzados.
 
• Pese a tratarse de un mes de fuertes liquidaciones de la cosecha gruesa, los derechos de exportación cayeron 0,9%; en lo que va del año, el derrumbe es de 10,5% interanual.
 
• Las cerealeras liquidaron en junio 12,3% más divisas que un año antes.
 
• La disminución en los derechos de importación obedecería a la caída en la exportación de combustibles, que se desplomó 21 % interanual en los primeros cinco meses; esa tendencia habría persistido en junio.
 
• En el caso de los derechos de importación, tuvieron una suba importante —33,3%— pero inferior al ritmo de los meses precedentes; en el acumulado del semestre ascienden 56,5% interanual.
 
• Los recursos apropiados a la Seguridad Social aumentaron 29,8% interanual.

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