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martes, 13 de octubre de 2015

13 cardenales criticaron las decisiones del Papa Francisco

Trascendió ayer una carta dirigida al Papa Francisco en la que trece cardenales conservadores se dirigían al líder religioso para manifestar su desacuerdo en varios temas. La epístola le fue entregada al Sumo Pontífice el lunes de la semana pasada cuando arrancó el sínodo de obispos sobre la familia.


El blog de Sandro Magister, vaticanista italiano muy crítico de Francisco, fue el sitio que publicó el escrito. En el mismo, los purpurados cuestionaron los nuevos métodos de la asamblea que le otorgan más importancia a las discusiones de los 270 padres sinodales en grupos lingüísticos, la composición de la comisión de diez personas para el informe final y el documento de trabajo, el Instrumentum Laboris (IL). También expresaron temor a que haya cambios en el "problema teológico-doctrinal de la comunión para los divorciados vueltos a casar".
El vocero de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, le restó importancia a la misiva: "Lo que puedo comentar es que de las 13 personas firmatarias hay dos que dijeron explícitamente que no firmaron nada similar: el cardenal Scola (arzobispo de Milán) y el cardenal Vingt-Trois (arzobispo de París). Así que tengan cuidado de lo que toman como bueno". 
Los autores del texto fueron Carlos Caffarra, arzobispo de Bologna; Thomas Collins, arzobispo de Toronto; Tomothy M. Dolan, arzobispo de Nueva York; Willem J. Eijk, arzobispo de Utrecht; Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban y presidente delegado del sínodo; George Pell, arzobispo Emérito de Sydney; Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino; Jorge L. Urosa Savino, arzobispo de Caracas; Johnn Njue, arzobispo de Nairobi; Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México; Elio Sgreccia, presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida y Daniel N. Di Nardo, arzobispo de Galveston-Houston.
Los que desmintieron haber firmado la carta fueron André Ving-Trois, del arzobispo de París; Mauro Piacenza, penitenciario mayor; Angelo Scola, del arzobispo de Milán; y Peter Erdo, del azobispo de Budapest.
La carta completa:
Santidad,
Mientras inicia el sínodo sobre la familia, y con el deseo de verlo servir provechosamente a la Iglesia y a usted en su ministerio, respetuosamente le pedimos que tome en consideración una serie de preocupaciones que tienen otros padres sinodales y que nosotros compartimos.
Si bien el documento preparatorio del sínodo, el Instrumentum Laboris, tiene puntos admirables, también tiene secciones que se beneficiarían de una sustancial reflexión y reelaboración. La nueva metodología que guía el sínodo parece asegurar una excesiva influencia sobre las deliberaciones del sínodo y el documento sinodal final. (...) Algunos ambientes considerarán que a la nueva metodología sinodal le faltan apertura y genuina colegialidad. En el pasado, el método de presentar propuestas y votarlas tenía como valioso fin saber la posición de los padres sinodales. La ausencia de propuestas y de las correspondientes discusiones y votaciones parecer desalentar un debate abierto y limitar las discusiones a los "circoli minori"; por consiguiente, nos parece urgente que se restablezca la redacción de propuestas que deberán ser votadas por todo el sínodo. Votar un documento final llega demasiado tarde (...)
Además, la falta de participación de los padres sinodales en la composición del comité de redacción ha creado un notable malestar. Sus miembros han sido nombrados, no elegidos, sin consulta previa. Del mismo modo, cualquiera que forme parte de la redacción de cualquier texto a nivel de los "circoli minori" debería ser elegido, no nombrado.
A su vez, estos hechos han creado el temor de que la nueva metodología no siga el espíritu tradicional y la finalidad de un sínodo. No se entiende la necesidad de estos cambios en la metodología. A un determinado número de padres les parece que la nueva metodología está configurada para facilitar unos resultados predeterminados sobre cuestiones importantes que son objeto de controversia.
Por último, y es tal vez lo más urgente, varios padres han expresado su preocupación de que un sínodo planificado para afrontar una cuestión pastoral vital -reforzar la dignidad del matrimonio y la familia- pueda llegar a estar dominado por el problema teológico/doctrinal de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar por civil. Si así fuera, esto inevitablemente levantaría cuestiones aún más fundamentales sobre cómo la Iglesia, en su camino, debería interpretar y aplicar la palabra de Dios, sus doctrinas y sus disciplinas a los cambios en la cultura. El colapso de las iglesias protestantes progresistas (...) justifica una gran cautela en nuestras discusiones sinodales.
Santidad, le ofrecemos estos pensamientos en un espíritu de fidelidad y le agradecemos que los tome en consideración.
Fielmente suyos en Jesucristo.

viernes, 17 de octubre de 2014

Los obispos ya presionan a Bergoglio con cambios en el texto del Sínodo

Los obispos conservadores que rechazaron el Relatio post disceptationem –el resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de la familia donde quedó clara una apertura a homosexuales, parejas de hecho y divorciados vueltos a casar- pidieron modificar el texto del encuentro. Los diez círculos menores, grupos de trabajo divididos por lenguas ya elaboraron algunas propuestas como reafirmar que la pareja entre personas del mismo sexo no puede ser comparada con un matrimonio, además de expresar "preocupación" por los "derechos de los hijos". Sobre divorciados vueltos a casar se sugirió que la doctrina no se modificase y otro grupo habló de abrirse a la posibilidad de conceder la comunión. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó que los documentos de los "círculos menores" son sólo un instrumento de trabajo todavía no definitivo. Servirán para integrar una "Relatio Synodi", una relación final del Sínodo que será redactada por una comisión de ocho entre cardenales, obispos y sacerdotes. El proceso es largo, a final el Papa Francisco deberá convertir las recomendaciones en un texto que formará parte del magisterio de la Iglesia.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Llegó la hora de los obispos conservadores en el Vaticano. El lunes (13/10) fueron sorprendidos por la difusión del Relatio post disceptationem, el resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de la familia donde quedó clara una apertura hacia los homosexuales, las parejas de hecho y los divorciados vueltos a casar. Al principio, los obispos pidieron “prudencia” y aclararon que el texto no era definitivo. Pero en off the record, algunos lo rechazaron y cuestionaron que se haya dado a conocer públicamente. Ahora que llegó la instancia de las propuestas de modificaciones, intentan imponer cambios en el texto del encuentro.
Según relata AICA, la agencia informativa Católica Argentina, en el transcurso de la duodécima congregación general del Sínodo se dieron a conocer las observaciones que los 10 círculos menores hicieron a la Relatio post disceptationem. Los relatores insistieron en dar un mensaje esperanzador a las familias cristianas y a las nuevas generaciones y pidieron rever las expresiones vertidas sobre las parejas homosexuales y las uniones de hecho para no generar malinterpretaciones.
Los círculos menores están formados por 191 padres sinodales con derecho a voto divididos en diez círculos según el idioma que hablan: se armaron dos grupos de lengua francesa, tres de angloparlantes, tres de obispos de lengua italiana y dos de hispanohablantes. Cada uno hizo sus propuestas al texto conocido el lunes pasado.
Todos los relatores (es decir, todos los grupos) manifestaron su malestar con la difusión del documento provisional de trabajo, debido a que se trata de un texto tentativo y que requiere correcciones, aportes y sugerencias.
Ocurre que días atrás diferentes obispos habían dicho muy claramente que se oponían a la publicación de sus intervenciones durante el Sínodo, lo que finalmente ocurrió y por eso el Papa Francisco quedó señalado.
Los círculos coincidieron en evidenciar más adecuadamente la doctrina sobre el matrimonio, insistiendo en que es un don de Dios. Otras sugerencias adicionales fueron que se integre el tema de las adopciones, para la cuales se solicitó una simplificación de los procedimientos burocráticos, tanto nacionales como internacionales; o incluso las cuestiones de la biotecnología y la difusión de la cultura a través de la web, que pueden condicionar la vida familiar, así como una nota acerca de la importancia de las políticas en favor de la familia.
Con respecto al acercamiento de los divorciados que se han vuelto a casar al sacramento de la Eucaristía, se expresaron, por la mayor parte, dos opiniones. Por un lado, se sugirió que la doctrina no se modificase y siguiera siendo la misma de ahora; por otro se habló de abrirse a la posibilidad de conceder la comunión, desde la perspectiva de la compasión y de la misericordia, pero sólo si se cumplen unas condiciones determinadas.
A propósito de las uniones homosexuales, se ha reiterado la imposibilidad de equiparar el matrimonio entre hombre y mujer a las uniones homosexuales pero las personas con esta orientación deben ser acompañadas pastoralmente y protegidas en su dignidad.
Según explicó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, los documentos escritos por los "círculos menores" son sólo un instrumento de trabajo todavía no definitivo.
Los contenidos presentados servirán sólo para integrar una "Relatio Synodi", una relación final del Sínodo que será redactada por una comisión de ocho entre cardenales, obispos y sacerdotes.
El documento se enviará después a todas las diócesis católicas del mundo donde podrá ser discutida, desglosada, corregida y aumentada. Los resultados de esa consulta se enviarán a Roma y servirán para escribir un nuevo texto de trabajo.
Este escrito servirá para guiar los trabajos de la próxima asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar del 4 al 25 de octubre de 2015.
Los resultados de toda esta gran discusión se enviarán entonces al Papa Francisco, quien deberá convertir las recomendaciones en un texto que formará parte del magisterio de la Iglesia.
Por último, las observaciones de cada círculo:
El aporte francés
Los obispos francófonos del “círculo gálico A” propusieron enmiendas en “áreas claves” del texto que el cardenal Ërdo leyó hace tres días al plenario sinodal. En primer lugar, detallaron que los problemas pastorales son bien distintos según los contextos locales, por lo que reclamaron una “cierta autonomía” a las iglesias locales para buscar respuestas a las preocupaciones pastorales.
Los obispos también advirtieron la necesidad de utilizar con mayor rigor palabras tales como “pareja”, “matrimonio”, “persona” o “individuo”. También pidieron poner el acento en la “pobreza deshumanizante” que causa la precarización y la disgregación familiar. Reclamaron que la Iglesia interpele a ciertas organizaciones internacionales sobre las concepciones del hombre, del matrimonio y de la sociedad que buscan instaurar.
Respecto a la situación de los divorciados vueltos a casar y su acceso a los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía, el círculo propuso “una renovada compasión con foco en las personas”, y advirtieron como prioritario acelerar los procesos de nulidad y volcarse con un idioma positivo y propositivo hacia las personas en estas situaciones.
El “círculo gálico B”, moderado por el arzobispo de Viena, cardenal Christoph Schönborn OP y con monseñor André Léonard como relator, recalcó la necesidad de mantener una coherencia entre la doctrina y las disciplinas, la dogmática y la pastoral. También distinguieron el necesario acompañamiento de las situaciones difíciles de una legitimación de hecho a conductas que no coinciden con el magisterio y la doctrina de la Iglesia.
En cuanto a la posibilidad de que los divorciados accedan a la reconciliación y a la Eucaristía, los padres sinodales de este grupo valoraron la actual perspectiva y disciplina, que consideraron alineada sobre la base doctrinal mantenida constantemente por el magisterio de la Iglesia. También propusieron promover más y mejor la “comunión espiritual” para quienes no pueden acceder a la Eucaristía sacramental.
El segundo grupo francófono insistió en la condena de las “discriminaciones violentas e injustas” que sufren a veces los homosexuales, y también advirtieron que la Iglesia no debe reconocer ni legitimar las prácticas ni las uniones civiles como “matrimonios”.
Los círculos de habla inglesa
El círculo A, presidido por el cardenal Raymond Burke, propuso “una serie de enmiendas” a la Relatio post disceptationem. Pidió una nueva introducción que realce el “gran don del sacramento del matrimonio y la gracia de Dios dada libremente a través de los sacramentos” y ofreció otro fundamento antropológico-teológico para la apertura del texto.
“Queremos que el documento final del Sínodo hable de la vida humana, del matrimonio y de la vida familiar como la conocemos, que se reveló a nosotros por Dios a través de la razón y de la fe. La Relatio Synodi debe proclamar la verdad del Evangelio, la verdad de la vida humana y de la sexualidad como fue revelada por Cristo. La Palabra de Cristo ilumina nuestro conocimiento de la naturaleza humana y la sexualidad intrínseca del hombre y de la mujer a través de la ley natural”, insistieron los padres sinodales de este círculo.
El grupo también recalcó que la escucha y recepción de las personas con situaciones difíciles debe realizarse “a través de la lente del Evangelio”. Al respecto, señalaron: “Nuestras propuestas han subrayado el amor de Dios y nuestro amor y atención pastoral a las personas, mientras que al mismo tiempo invitamos a reconocer honestamente situaciones de pecado y la búsqueda de formas de invitar a la conversión del corazón”.
“Por ejemplo –agregó el círculo-, cuando la Relatio sugirió que el sexo fuera del matrimonio puede ser permisible, o la cohabitación puede ser permisible, hemos tratado de mostrar por qué estos estilos de vida no dan lugar a la realización humana. Al mismo tiempo, queremos reconocer que hay semillas de la verdad y bondad que se encuentran en estas personas, que pueden ser incluidas a través de una pastoral dedicada y desarrollada”.
“No recomendamos la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, pero en la Relatio se incluyó una apreciación muy positiva. Este grupo reconoce y favorece la preocupación y la compasión que la Relatio muestra para aquellos que se enfrentan a situaciones pastorales difíciles en sus vidas, pero sugiere enmiendas a fin de no crear confusión en las mentes y los corazones de nuestro pueblo”, concluyó el círculo A, presidido por el cardenal Raymond Burke.
El segundo círculo, a cargo del cardenal Wilfrid Fox Napier OFM –incluido por el Papa en la comisión redactora de la Relatio Synodi-, observó que el documento de trabajo puso “demasiado énfasis en los problemas que afectan a la familia y no subrayó la necesidad de proporcionar un mensaje entusiasta que estimule y dé esperanza a las familias cristianas que, a pesar de los muchos desafíos o fracasos, se esfuerzan cada día para vivir con fidelidad y con alegría su misión y vocación en la Iglesia y en la sociedad”.
También advirtieron el efecto pesimista que podría tener el documento en los jóvenes: “Muchos consideraron que una persona joven que lee la Relatio se sentiría aún menos entusiasmada para emprender la vocación desafiante del matrimonio cristiano. El mensaje del sínodo, ¿debería dirigirse a los jóvenes, para ayudarles a comprender y ser atraídos por la visión cristiana del matrimonio y la familia, en un mundo en el que están expuestos a muchas visiones contradictorias?”.
El grupo propuso añadir al comienzo del informe algunos párrafos sobre cómo la Palabra de Dios y la belleza del Evangelio del matrimonio, deben ocupar todo el centro del informe final del Sínodo. También criticó el “lenguaje complicado” y los efectos negativos de la difusión del documento provisional.
Sobre el tema de la admisión de los divorciados casados de nuevo a la Eucaristía, el grupo destacó dos principios que se derivan directamente de la Palabra de Dios: la indisolubilidad de la unión sacramental y el fuerte deseo de invitar y abrazar a los católicos sinceros que se sienten ajenos a la familia de la Iglesia a causa de sus situaciones irregulares. También recordó la necesidad de encontrar un nuevo vocabulario para preservar las enseñanzas intemporales de la Iglesia de una manera fresca y atractiva.
El tercer círculo anglosajón, moderado por el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, monseñor Joseph Edward Kurtz, advirtió sobre los efectos nocivos de la difusión del documento provisional del sínodo y destacó que el matrimonio “es un don de Dios para el hombre, una bendición dada por Él para el bienestar de sus criaturas”.
El tercer círculo de habla inglesa coincidió en expresar mayor confianza acerca del matrimonio y alentar a las personas ya comprometidas con sus matrimonios y familias para que no pierdan la esperanza y sean conscientes de que la Iglesia “los necesita mucho, y de hecho, también el mundo”.
“Teniendo esto en cuenta, el documento debe ser una expresión positiva de amor de la Iglesia por toda la gente, el amor que no conoce límites, qué recibe a los pecadores y a los que están en los márgenes de la sociedad. Entendamos que para muchos, su situación en la vida no puede ser una opción libre, porque las circunstancias económicas o la cultura dominante limitan a muchas personas en lo que pueden lograr o elegir”, manifestó el círculo, que también pidió expresar la aceptación y el amor por los niños en circunstancias difíciles y dolorosas.
Las observaciones de obispos italianos
El “círculo itálico A”, moderado por el cardenal Fernando Filoni, señaló su preocupación por el fenómeno migratorio y sus consecuencias en las familias. También advirtió el peligro que implica una malinterpretación de la “ley de gradualidad” y sugirió reescribir esta parte de la Relatio para ofrecer una propuesta adecuada sobre la verdad del matrimonio.
“Es necesario recomendar al secretario que la Parte II se vuelva a escribir para ofrecer un proyecto claro e incluso alegre del matrimonio establecido por Dios Creador en el Génesis.
El grupo itálico también insistió en reconocer a la familia como una prioridad pastoral; formar en el sacramento a los cónyuges, asumir la responsabilidad por el cuidado pastoral de las familias, formar mejor a los sacerdotes en estos temas y reconocer el papel del obispo en la pastoral de las familias, sobre todo en las situaciones más problemáticas, aunque sin llevar a una acción directa sobre la declaración de nulidades matrimoniales.
También el círculo creyó apropiado el tono pastoral elegido para presentar los problemas de los divorciados vueltos a casar. Sobre los homosexuales, el grupo expresó: “Un evangelio de proximidad, orientado al compromiso, es el estilo de la Iglesia, presentada como casa abierta, que valora los dones, la buena voluntad y la trayectoria de sinceridad”.
También consideró que “la unión entre personas del mismo sexo no puede equipararse con el matrimonio entre el hombre y la mujer” y manifestó “preocupación” por “salvaguardar los derechos de los niños, que tienen que crecer en armonía con la ternura del padre y de la madre”.
El “círculo itálico B” propuso reelaborar la segunda parte de la Relatio sobre el evangelio de la familia: “Esta parece ser la base sobre la cual construir el esquema completo del documento. Advertimos una disparidad entre el tratamiento del evangelio de la familia y las distintas situaciones de crisis. Creemos que los primeros destinatarios de nuestras reflexiones deben ser sólo las familias cristianas que tienen una necesidad urgente de recibir apoyo en su testimonio a encontrar la fuerza para continuar con su trabajo diario”.
El grupo moderado por el cardenal Ángelo Bagnasco insistió en que el texto final necesariamente debe mostrar una continuidad en la enseñanza del Magisterio sobre el tema y observó: “El carácter pastoral de este Sínodo debe mostrar que hay una brecha entre la doctrina y la pastoral, pero esto se basa en que estamos ante un desarrollo progresivo de la doctrina. Esta es una garantía para el cuidado pastoral, porque sigue siendo dinámico y no cede a la tentación de las iniciativas que expresan pereza pastoral. Por lo que el evangelio de la familia debe ser presentado en toda su complejidad, pero también con la credibilidad”.
“Es importante que el trabajo del Sínodo continúe diciendo que el matrimonio y la familia no es fundamentalmente una cuestión ética, como a menudo parece emerger en diferentes partes de la Relatio, pero ante todo se trata de una dimensión ontológica y que es un sacramental fundamento de la ética, y no al revés”, observaron los obispos de este grupo.
El “círculo itálico C”, por su parte, propuso enriquecer las propuestas del documento de trabajo impulsando los movimientos familiares, las adopciones y sus marcos legales favorables, una nueva presencia de la Iglesia en el campo de la educación y un retorno a los textos del Instrumentum laboris sobre las uniones del mismo sexo. También insistió en llamar a las instituciones civiles a promover políticas en favor de la familia.
Propuestas de los obispos de habla castellana
El “círculo ibérico A”, a cargo del cardenal mexicano Francisco Robles Ortega, evidenció la necesidad de denunciar la “gravísima mutilación genital de la mujer” en algunas partes del mundo y marcó la necesidad de condenar la prostitución y la esclavitud sexual.
Además, el círculo hispánico propuso que el mensaje final del sínodo haga un llamado frente a las carencias de muchas familias y a la realidad de los niños abandonados en la vía pública.
Respecto a la atención pastoral de los novios, recordaron la importancia educativa de las virtudes y el fomento de las virtudes de la castidad y de la pureza, que consideraron “condición absolutamente imprescindible” para el amor genuino interpersonal. “A los novios hay que plantearles el matrimonio ideal, con claridad, para que puedan discernir con libertad”, advirtieron.
Los obispos nucleados en este grupo también expresaron que la pastoral de la caridad y de la misericordia debe traducirse en la “recuperación real de las personas y de las relaciones”, brindando ayuda adecuada para superar las crisis matrimoniales, evitar los divorcios y “regenerar la acción de la gracia”.
Por su parte, el “círculo ibérico B”, moderado por el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, subrayó lo que consideraron “las luces de la familia” y afirmó la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, al tiempo que pidió animar la pastoral familiar en las circunstancias actuales. También manifestó su cautela sobre las “nuevas situaciones matrimoniales” y recomendó aguardar al sínodo del año que viene para ofrecer propuestas.
“Nos ha parecido muy positivo que la estructura del documento coincida con el ya difundido método de “Ver - Juzgar – Actuar”, en forma de la escucha y la mirada de Cristo, y el posterior encuentro”, indicaron los obispos de este grupo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Golpe contra Bergoglio: Le advierten que "el diablo hace las ollas, pero no las tapas"

Este lunes (13/10) se difundió en el Vaticano el resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de los obispos católicos. El “Relatio post disceptationem” tuvo repercusión mundial porque quedó claro que la Iglesia intenta acercarse a homosexuales, parejas de hecho y divorciados vueltos a casar. El martes (14/10) los obispos conservadores alzaron su voz y pidieron "prudencia" para que no se dé la impresión de que la Iglesia católica "ve de manera positiva la orientación homosexual" y las convivencias. Este miércoles (15/10) seguían las repercusiones en el Vaticano: un grupo de obispos conservadores habría calificado de inaceptable el documento sobre los homosexuales. Rodolfo Valenzuela Núñez, obispo de la Vera Paz y presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, aclaró que el Papa “no impone línea alguna”. En tanto, Zelmira María Bottini de Rey, estudiosa argentina que conoce bien el pensamiento del Papa Francisco y participa en la asamblea episcopal también salió a llevar tranquilidad y opinó que el resumen difundido a la prensa no implica que la Iglesia renuncie a su doctrina. Ni que pierda sus valores.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Siguen los rebotes por el “Relatio post disceptationem”, el resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de los obispos católicos que se dio a conocer el lunes (13/10) por parte del cardenal húngaro Péter Erdö. Allí quedó claro que la Iglesia intenta acercarse a homosexuales, parejas de hecho y divorciados vueltos a casar. El martes (14/10) los obispos conservadores alzaron la voz contra el documento, se quejaron por lo bajo de la difusión de las palabras que abrieron una expectativa de cambios en la Iglesia y los deja expuestos en sus posiciones contrarias. Si bien la posición unánime de estos obispos fue llamar a la “prudencia”, se supo que algunos en Roma calificaron de inaceptable el documento.
Declararon que el documento podría confundir a  los católicos sobre las enseñanzas básicas de la Iglesia.
En tanto, habló para el Vatican Insider Zelmira María Bottini de Rey, oyente en el Sínodo de la Familia y directora del Instituto Pareja y Familia de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Es, además, una profunda conocedora del pensamiento del Papa Francisco.
Zelmira aclaró primero que aclaró que lo expuesto en el resumen no es una idea nueva o apenas inventada y que la “vía misericordiosa” que se ha manifestado con fuerza dentro del Sínodo de los Obispos no implica que la Iglesia renuncie a su doctrina. Ni que pierda sus valores.
En tanto, el presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, Rodolfo Valenzuela Núñez, se refirió acerca de las divergencias al interior del Sínodo provocadas por la “Relatio post disceptationem” y remarcó que el Papa “no impone línea”.
En entrevista también con el Vatican Insider, Nuñez aclaró sobre el documento: “Lo que sería penoso es que se imponga una postura, pero no, se dialoga, se discute y en eso estamos. Por otra parte existe un consenso total sobre cosas que no son negociables en la doctrina de la Iglesia, no se están discutiendo cosas que son fundamentales”.
“Los elementos fundamentales del dogma sobre lo que es el matrimonio en el plan de Dios, la familia, la pareja, eso no se está discutiendo”, remarcó Nuñez.
Y por último, el Insider hace una pregunta que revela la interna del Vaticano.
¿Se debería ayudar al Papa contra las resistencias que ya se están manifestando?
El Papa tiene la ayuda del espíritu, primero que nada confiamos en la Iglesia, en la promesa del espíritu de Dios a Pedro. Entonces el Papa no necesita ayuda, cumple con su ministerio y buscamos en el Sínodo la acción del espíritu. Cuando usted pregunta si necesita ayuda, ya sitúa como que existen unos de un lado y otros del otro, unos más débiles y otros más fuertes. Pero no es ese el asunto.
Pero según la agencia italiana Ansa, uno de los padres sinodales dijo que hubo una “tormenta” en el Sínodo y advirtió que "el diablo hace las ollas, pero no las tapas", una frase que apuntaría a la difusión del documento “Relatio post disceptationem”.
Según la agencia, en estas horas circulan fuertes corrientes de mal humor y contrariedad.Días atrás diferentes obispos habían dicho muy claramente que se oponían a la publicación de sus intervenciones durante el Sínodo. Lo que generó las críticas de estas horas es precisamente el gran espacio que la prensa internacional dio a las aperturas sinodales hacia temas como la homosexualidad.

martes, 14 de octubre de 2014

Vaticano: Se levantan los obispos conservadores por acercamiento a los gays

Tras conocerse un resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de los obispos católicos apostólicos romanos sobre la familia, donde fue evidente que la Iglesia intenta acercarse a homosexuales, parejas de hecho y divorciados vueltos a casar, este martes (14/10) los obispos conservadores alzaron voz y pidieron "prudencia" para que no se dé la impresión de que la Iglesia católica "ve de manera positiva la orientación homosexual" y las convivencias.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Mucho revuelo causo ayer (13/10) el resumen de las intervenciones pronunciadas en el Sínodo de los obispos católicos que dio a conocer el cardenal húngaro Péter Erdö. Allí, quedó claro que la Iglesia intenta acercarse a quienes hasta ahora –homosexuales, parejas de hecho, divorciados vueltos a casar— están y se sienten excluidos. El documento admite que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”, se interroga sobre la capacidad de acogerlos en su seno –“¿estamos en grado de recibir a estas personas aceptando su orientación sexual y garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades?—e incluso acepta que “hay casos en el que apoyo mutuo de algunas uniones homosexuales “constituye un valioso soporte para la vida de las parejas.
La difusión de esas frases provocó la reacción, este martes, de los obispos conservadores. Algunos piden "prudenciapara que no se dé la impresión de que la Iglesia católica "ve de manera positiva la orientación homosexual" y las convivencias.
Aunque expresando la necesidad de una justa acogida, "se ha evidenciado la justa prudencia para que no cree la impresión de una evaluación positiva de tal orientación (homosexual) por parte de la Iglesia, y lo mismo se ha deseado respecto a la convivencia", precisó la Santa Sede.
El prefecto de la Signatura Apostólica, el más alto tribunal de la Iglesia católica, el cardenal estadounidense Raymond Leo Burkeacusó de "manipularla información que se da desde la oficina de prensa del Vaticano "para destacar sólo una tesis en vez de informar fielmente de todas las posiciones expuestas", en una entrevista que publica hoy el diario italiano "Il Foglio".
El cardenal estadounidense, que firmó un libro que acaba de ser publicado en el que defendía que no hay que dar la Comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, agregó que espera que el papa Francisco se pronuncie a favor "de la continuidad con las enseñanzas que la Iglesia ha dado durante toda su historia porque son enseñanzas que no han cambiado nunca y no deben cambiar".
El portal español 20minutos, cita la entrevista a la sección polaca de la Radio Vaticano, el arzobispo de la diócesis polaca de Poznan, Stanislaw Gadecki, explicó que el documento de síntesis del lunes "se aleja de las enseñanzas de Juan Pablo II" e incluso se ven "trazos de una ideología antimatrimonial".
Los obispos conservadores también notaron que la palabra "pecado" apenas aparecía en el documento y que el documento final debería explicar mejor "la ley del proceso gradual", un concepto teológico que estimula a los fieles a avanzar paso por paso en busca de la pureza.
Según la agencia AP, los obispos se preocuparon de que el énfasis en esa ley pueda llevar a confusión acerca de si los católicos deben cumplir los preceptos de la iglesia al pie de la letra en cuestiones como la anticoncepción.

lunes, 13 de octubre de 2014

Apertura del catolicismo a las uniones homosexuales

El cardenal húngaro Péter Erdö ha presentado un resumen de las 265 intervenciones pronunciadas durante la 1ra. semana del Sínodo de los obispos católicos apostólicos romanos sobre la familia. Es evidente que la Iglesia intenta acercarse a quienes hasta ahora –homosexuales, parejas de hecho, divorciados vueltos a casar— están y se sienten excluidos. Así, un documento con membrete del Vaticano admite que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”, se interroga sobre la capacidad de acogerlos en su seno –“¿estamos en grado de recibir a estas personas aceptando su orientación sexual y garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades?—e incluso acepta que “hay casos en el que apoyo mutuo” de algunas uniones homosexuales “constituye un valioso soporte para la vida de las parejas”.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La Iglesia Católica Apostólica Romana sigue teniendo claro –señala el documento de 58 puntos presentado por el cardenal húngaro Péter Erdö— que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer”, pero también destaca: “Las personas homosexuales tienen que ser respetadas, como es respetada la dignidad de toda persona independientemente de su tendencia sexual”. 
 
El papa Francisco había preguntado a los periodistas, durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, y es evidente que resultó un llamado hacia los teólogos del clero acerca de la tolerancia, y la inclusión de quienes, creyendo en Dios, se sienten marginados por su Iglesia.
 
Es el caso también de muchas parejas que, por unos motivos u otros, no han pasado por la vicaría y de los divorciados vueltos a casar. 
 
Una parte importante de las intervenciones del Sínodo en curso en el Vaticano se están enfocando a la necesidad de “opciones pastorales valientes” para atender a “las familias en situaciones difíciles”. 
 
En el documento mencionado se afirma: “Cada familia herida debe ser primero escuchada con respeto y amor haciéndose de ellas compañeros de camino como Cristo con los discípulos de Emmaus (…) Debe ser respetado sobretodo el sufrimiento de aquellos que han sufrido injustamente la separación y el divorcio (…). También las situaciones de los divorciados y vueltos a casar requieren un discernimiento atento y un acompañamiento lleno de respeto, evitando cualquier lenguaje o actitud que les haga sentirse discriminados. Hacerse cargo de ellos no supone para la comunidad cristiana un debilitamiento de la fe y del testimonio de la indisolubilidad matrimonial, sino que expresa su caridad con este cuidado”.
 
Habrá que leer con detenimiento el documento final del Sínodo que concluirá el 19/10, pero también es evidente una actitud abierta hacia las parejas de hecho: es cada vez mayor el número de jóvenes que no se casan, al menos por Iglesia. 
 
Según el documento presentado por el cardenal Erdö, la Iglesia comprende que “no es sabio pensar en soluciones únicas o inspiradas en la lógica del todo o nada”.
 
 
Aprovechar los «elementos positivos» presentes incluso en las «formas imperfectas» de familia. Volver a descubrir, en la encíclica “Humanae Vitae” de Pablo VI la «necesidad de respetar la dignidad de la persona en la evaluación moral de los métodos de regulación de la natalidad». Son algunos de los puntos afrontados en la “Relatio post disceptationem”, la relación intermedia pronunciada esta mañana (N. de la R.: lunes 13/10) por el cardenal relator Peter Erdö durante la apertura de la segunda semana del Sínodo extraordinario sobre la familia (5-19 de octubre), en la que los “circuli minores” trabajarán para enmendar el texto en vista de una “relatio synodi”, que será sometida a votación entre los padres sinodales el próximo 18 de octubre. 
 
En cuanto a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, el arzobispo de Budapest subrayó que existe un debate abierto entre los que niegan y los que admiten el acceso a la comunión, que, de cualquier manera, sería concedida tras un camino penitencial. Lenguaje abierto, además, en relación con los homosexuales, que tienen «dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana» y que dan un «valioso soporte para la vida de las parejas».
 
En la primera parte de la “relatio”, el presidente de la Conferencia Episcopal de Hungría indicó una serie de cuestiones relacionadas con la familia tanto desde el interior como desde el exterior: el individualismo, la soledad, la inmadurez afectiva, la poligamia, los matrimonios mixtos, las madres solteras, el aumento de los divorcios, la violencia doméstica contra las mujeres, la fragilidad de los niños, las migraciones, las guerras.
 
En la segunda parte, Erdö recordó que «Jesús mismo, refiriéndose al plan original sobre la pareja humana, reafirma la unión indisoluble entre el hombre y la mujer», y también estableció un paralelismo (sugerido por el arzobisp de Viena Christoph Schönborn) entre el documento del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa “Lumen Gentium”, que reconoce que también fuera de la Iglesia católica existen «diversos elementos de santificación y de verdad» y la posibilidad de «reconocer elementos positivos también en las formas imperfectas que se encuentran fuera de tal realidad nupcial, a ella de todos modos ordenada»
 
El cardenal subrayó que la Iglesia «la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y perdido, dándoles confianza y esperanza, como la luz del faro de un puerto o una antorcha llevada en medio de la gente para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad».
 
La tercera parte del documento afronta las «instancias pastorales más urgentes» que el diálogo sinodal encomienda a «las Iglesias locales particulares, en comunión cum Petro et sub Petro». Una «nueva sensibilidad» de la pastoral actual, dijo Erdö, «consiste en captar la realidad de los matrimonios civiles y, hechas las debidas diferencias, también de las convivencias». 
 
El arzobispo de Budapest subrayó, por ejemplo, que en algunos países «las uniones “de hecho” son muy numerosas, no por motivo del rechazo de los valores cristianos sobre la familia y el matrimonio; sino sobre todo por el hecho de que casarse es un lujo, de modo que la miseria material empuja a vivir en uniones “de hecho”».
 
Al afrontar el argumento del cuidado que merece la familia herida (los separados, los divorciados y los divorciados que han contraído segundas nupcias), Erdö se afirmó que «en el Sínodo ha resonado la clara necesidad de opciones pastorales valientes. Reconfirmando con fuerza la fidelidad al Evangelio de la familia, los Padres sinodales, han advertido la urgencia de nuevos caminos pastorales, que partan de la efectiva realidad de las fragilidades familiares, reconociendo que estas, la mayoría de las veces, han sido “sufridas” más que elegidas en plena libertad». 
 
El purpurado húngaro recordó que han sido muchos los padres sinodales que han pedido una agilización en los procedimientos para las causas de nulidad matrimonial. 
 
En cuanto a la posibilidad de «acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. 
 
Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes. Sugerir de limitarse a la sola “comunión espiritual” para no pocos Padres sinodales plantea algunas preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental?».
 
Las personas homosexuales, continuó Erdö, «tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades?». Además, «sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños».
 
En cuanto a la «transmisión de la vida» y al desafío de la disminución de los nacimientos, el relator del Sínodo afirmó que hay que volver a descubrir «el mensaje de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, que subraya la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la evaluación moral de los métodos de regulación de la natalidad».
 
La discusión proseguirá, como sea, en el Sínodo ordinario que se llevará a cabo del 4 al 25 de octubre de 2015, dijo el Secretario del Sínodo, Lorenzo Baldisseri al inaugurar la sesión, y se titulará (con un ámbito m amplio con respecto al título previsto): «La vocación y la misión de la familia en la Iglesia en el mundo contemporáneo».

jueves, 9 de octubre de 2014

Los católicos debaten sobre matrimonio y divorcio

Transcurre intensamente en el Vaticano el Sinodo convocado para debatir la «crisis de la fe y la vida familiar / Situaciones críticas dentro de la familia. Presiones externas a la familia / Algunas situaciones particulares». Y hay algunas opiniones que trascienden.


No es la foto del Sinodo pero ayuda a ubicar en tiempo y espacio una reunión de líderes del clero católico apostólico romano en el Vaticano.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). En el Sinodo de la Iglesia Católica Apostólica Romana se debatió sobre los matrimonios interreligiosos o interconfesionales, y tambén sobre los divorciados que se han vuelto a casar.
 
Nada sencillo de lograr el equilibrio entre la tradición, el mandato bíblico y los hábitos sociales contemporáneos.
 
En el comunicado se explicó que "con la prudencia que requieren las grandes causas, pero también conjugando la objetividad de la verdad con la misericordia por la persona y su sufrimiento. Hay que recordar que muchos fieles se encuentran en una situación de la que no son culpables". 
 
"En cuanto a la indisolubilidad del matrimonio, se había indicado que la verdad del vínculo conyugal y de su estabilidad está inscrita en la persona misma, por lo que no se trata de contraponer la ley a la persona, sino comprender cómo ayudar a no traicionar la propia verdad", se explicó.
 
En la rueda de prensa cotidiana estuvo el teólogo argentino Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica de Buenos Aires, vicepresidente de la Comisión que redactará el mensaje final del Sínodo. 
 
El matrimonio cristiano, explicó Fernández, es un "ideal hermoso", pero cuando se habla de"gradualidad" se pretende decir que hay que tomar en consideración "la realidad concreta de las personas que no pueden llegar a aquel ideal", por lo que hay que recordar esa categoría del "bien posible" evocada por Francisco en la “Evangelii gaudium”, a la que hay que aspirar "incluso con el riesgo de ensuciarnos en el lodo del camino". 
 
Durante la rueda de prensa, el vocero papal, el jesuita Federico Lombardi explicó, que un clérigo había subrayado la analogía entre el "esfuerzo que el Sínodo debe hacer sobre la pastoral familiar" y el tema de la libertad religiosa en el Concilio Vaticano II, para recordar que la gran asamblea que duró de 1962 a 1965 logró, después de la discusión que concluyó con el documento “Dignitatis Humanae”, conjugar "libertad y verdad". 
 
"El Concilio encontró un camino nuevo. ¿Ahora podrá hacerlo el Sínodo, el extraordinario de ahora y el ordinario del año próximo?; ¿podrá encontrar un nuevo enfoque (sobre la familia, ndr.)? Nadie quiere cancelar la indisolubilidad del matrimonio, debilitar el vínculo ni poner en discusión el ideal de los cónyuges fiele shasta la muerte: es un ideal hermoso y le hace bien a la sociedad. La mayor parte de los padres sinodales insiste en el hecho de que esta propuesta cristiana no debe volverse “light”. Otros insisten en la comprensión de las dificultades que encuentran las familias, como Jesús, que se acercaba a todos", advirtió Lombardi.
 
En tanto, el cardenal arzobispo de Viena, Christophe Schönborn, reconoció que la voz de los hijos todavía no ha resonado en el Aula Nueva del Sínodo, donde 191 obispos de diversos continentes buscan respuestas a los desafíos de la familia en el contexto actual.
 
“Espero que, quizás, en la próxima asamblea del Sínodo se dará atención también a esto, porque sólo se puede hacer familia en el conjunto de las generaciones. Se debería tener tres generaciones para formar una familia”, dijo en entrevista con la web Vatican Insider en la puerta del Aula Pablo VI del Vaticano, antes de una de las sesiones de trabajo del Sínodo.
 
Schönborn destacó los testimonios aportados antes de cada sesión de debate por matrimonios de diversas nacionalidades. Y ante la pregunta sobre si sus historias son un “cable de contacto con la realidad” para una asamblea mayoritariamente compuesta por hombres célibes, el cardenal respondió con una sonrisa: “También los obispos tienen familias y vienen de familia, pero es verdad que los primeros que se deben escuchar, el Papa lo dice mucho, son las familias y las parejas”.
 
En ese contexto, una entrevista de Andrea Tornielli a Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, en Vatican Insider:
 
-¿Cambiará la doctrina sobre el matrimonio?
 
-No he escuchado ninguna intervención que haya puesto en duda la doctrina sobre la indisolubilidad. La preocupación es pastoral: cómo dar el signo de la acogida y no excluir a nadie, permaneciendo en la enseñanza de Cristo, en un mundo en el que hay un gran abismo entre la propuesta cultural de la mayoría y la propuesta cristiana sobre la familia.
 
-Hay quienes han invitado a reconocer los aspectos positivos del matrimonio civil…
 
-La doctrina debe desarrollarse y profundizarse, sin que sea alterada. Sobre el tema de la consciencia y de la libertad religiosa, el Concilio Vaticano II hizo que la Iglesia diera un salto hacia adelante. El matrimonio civil no es la convivencia, son dos realidades diferentes. Del Sínodo surge un método de debate: que nadie de nosotros pretenda tener la verdad en el bolsillo, sino, como enseñaba Juan Pablo II, la verdad alcanzada es siempre una etapa que impulsa a ir más allá.
 
-¿Admitiría, en ciertos casos, a los divorciados que se han vuelto a casar a la Eucaristía?
 
-Me da miedo caer en la casuística. Pero, hoy en día, ¿quién puede afirmar que en su círculo familiar no hay casos de convivencia o de divorcio? Desgraciadamente vivimos sumergidos en una situación en la que la hermosura del matrimonio ha sido herida. Se ha acentuado demasiado la dimensión canonista del matrimonio, por lo tanto legal, cayendo, a veces, en el legalismo. Recuperar la dimensión sacramental podría ayudar a identificar soluciones diferentes, incluso en continuidad con la doctrina original. Y aquí volvemos al primado de la consciencia, sobre la que nadie puede intervenir. Es evidente, debe ser una consciencia iluminada por la Palabra de Dios, que se somete al discernimiento y acepta la obediencia de un camino.
 
-¿Cómo conjugar, entonces, la doctrina y la atención a ciertas situaciones?
 
-Tendría una idea para salir del “impasse”. Hay ejemplos en el Nuevo Testamento que no he visto citados. Jesús dice que los pecados en contra del Hijo del Hombre serán perdonados. Creo que se trata de los pecados de ignorancia, deberíamos comprender cuáles son estos pecados cometidos sin darse cuenta. Y también está San Pablo: había ordenado expulsar de la comunidad a una persona que vivía en incesto, pecado gravísimo. Pero después, en la Segunda Carta a los Corintios, vuelve sobre el caso y dice: ustedes deben acogerle nuevamente, para que no sucumba bajo el peso de la tristeza y para que no nos abrume Satanás. ¿Cómo hacer para que no nos abrume Satanás, que es quien nos divide? No sabemos cómo haya sido la vida de este hombre después, pero Pablo dice que la comunidad debe «consolar». Esta puede ser una orientación para conjugar los principios y la vida concreta de las comunidades.
 
-¿Hay un problema para acoger a los divorciados que se han vuelto a casar?
 
-Hay formas de discriminación insensata. ¿Por qué los divorciados que se han vuelto a casar y que frecuentan la comunidad no deberían tener la oportunidad de enseñar en una escuela católica?
 
-¿Qué le parece la iniciativa del Ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, en relación con los matrimonios entre personas del mismo sexo?
 
-Si cada uno se comporta como le parece más oportuno, es inútil hacer leyes; creo que el ministro actuó en el ámbito de sus competencias. El Parlamento, con sabiduría, deberá discutir. Que todos sean capaces de escuchar las razones de los demás y que no se creen situaciones de discriminación para nadie.
 
-En el Sínodo una pareja habló sobre la acogida de los hijos homosexuales…
 
-He hablado con familias que viven estas situaciones. Trato de explicar que la Iglesia no puede reconocer un matrimonio entre personas del mismo sexo, pero acoge a todos como una madre y no como un juez.

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