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viernes, 6 de septiembre de 2013

Transportes Navales Empresas del Estado (... y ahora van por una naviera)

Es un proyecto. Ya tuvo el visto bueno de Agustín Rossi. Promueve la creación de una compañía que viaje a las provincias del sur para trasladar mercadería y reste así poder al transporte por tierra. Se trata de cambiar una ecuación. De lograr ese maravilloso poder que tienen sujetos como Hugo Moyano. ¿Aflora el “síndrome de Hubris”?


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24Cristina Fernández le dio vía libre a la creación de una empresa de transporte naval, que retome los viajes de bandera al sur del país donde la mayor parte de la mercadería llega por tierra. 
 
El proyecto fue presentado por el senador de Tierra del Fuego Osvaldo López, aliado del Gobierno en las votaciones, pero fue aprobado por las comisiones de Transporte e Infraestructura, Presupuesto y Defensa. 
 
“Lo hablé con el ministro de Defensa Agustín Rossi y me dijo que estaba de acuerdo. Y conseguimos el apoyo de todo el bloque oficialista. En la sesión del jueves próximo será enviado a Diputados”, dijo López al sitio 'La Política Online'. 
 
El proyecto crea Transportes Navales Empresas del Estado, con la función de “desarrollar el transporte marítimo en todo el litoral argentino, en especial el de la región patagónica”; “promover un cuadro tarifario que permita a las economías regionales aprovechar el transporte marítimo”; y “asegurar frecuencias regulares mínimas de transporte de cargas en las provincias que así lo requieran”.
 
También tiene que administrar los muebles e inmuebles y los buques; y el adiestramiento del personal militar y del personal de la marina mercante nacional.
 
La empresa tendría jurisdicción exclusiva en el Estado Mayor General de la Armada, dependiente del Ministerio de Defensa.
 
Argentina dejó de tener transporte vial propio en los noventa y, junto al cierre de las vías férreas, fue una de las causas que amplió la dependencia de los camiones de carga.
 
Desde el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), Hugo Moyano se hizo fuerte en el sindicalismo basado en esa transformación económica. Y el kirchenrismo nunca le cambió esa ecuación, aunque ahora Cristina está dispuesta a darles un golpe duro. 
 
“En Tierra del Fuego nos abastecemos con el transporte carretero y eso se encarece, sobre todo porque pasa por cuatro cruces fronterizos. Por eso es necesario recrear una empresa estatal de transporte marítimo”, explicó López.
 
“Existe personal militar entrenado para manejar esta compañía, que sólo necesita apoyo logístico. Además, sería un ejercicio de posesión de nuestra superficie marítima que serviría para reivindicar Malvinas”, agregó el senador.
 
El servicio le permitiría al Gobierno dejar de contratar buques para comunicarse con las bases militares. La última experiencia fue nefasta: por primera vez en 60 años debió retirar un barco de la Antártida por no poder enfrentar las condiciones climáticas. La campaña había estado manchada por denuncias de corrupción. 
 
Uno de los firmantes del proyecto es Marcelo Guinle, senador kirchnerista de Chubut, donde el Gobierno tuvo una mala pasada en las primarias con una pésima elección del ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, derrotado por el ex gobernador Mario Das Neves.
 
En Santa Cruz tampoco le fue bien a Cristina: el triunfo fue para el radical Eduardo Costa, con casi 50 puntos. La sorpresa la dio en Tierra del Fuego, donde ganó Roxana Bertone. 
 
El proyecto descansaría en Diputados desde la semana próxima, cuando el Gobierno mostrará si realmente quiere la ley o sólo fue un amague, como tantos en el último tiempo.

domingo, 25 de agosto de 2013

Alerta médica por la salud emocional de la Presidenta

Ya se sabe que la noche del domingo 11 no fue fácil para la Presidenta. A la hora que llegó al hotel Intercontinental, el olor a derrota se extendía por cada uno de los salones y las habitaciones tomadas por el Frente para la Victoria. Con el paso de las horas, la irreversibilidad de los datos adversos ahondó el agobio de la penuria. En un momento, pues, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner dio rienda suelta a su enojo. Se escucharon entonces gritos y reproches a varios de sus funcionarios. En el final apareció el llanto. Fiel al estilo del relato del kirchnerismo, hubo una orden tajante: nada de esto debía trascender.


Por Nelson Castro 

Llevó algún tiempo recobrar la calma. Una maquilladora debió trabajar sobre el rostro de la Presidenta para tapar los efectos de las lágrimas y del enojo. El mandato era claro: todos los que acompañaran a la jefa de Estado en su discurso debían lucir alegres. El clima tenía que ser de festejo. Cada uno intentó hacer lo suyo de la mejor manera posible. El único que no lo logró fue Daniel Scioli: la expresión de su cara fue el retrato de una amarga –muy amarga– derrota. Las cámaras, sin embargo, fueron implacables, y, por lo tanto, las secuelas del llanto presidencial lleno de furia quedaron a la vista de todos.
Alerta médica. Los médicos de la Unidad Presidencial estuvieron en alerta durante todos estos días. Anida en ellos un sentimiento de preocupación. No es para menos: la labilidad emocional de Fernández de Kirchner, circunstancia que acontece de consueto, se ha acrecentado en estas horas de pena y enojo.
“Trato de no cruzármela porque cuando me ve me grita”, reconoce un funcionario que celebra el hecho de que, debido a sus nuevas tareas, debe pasar ahora mucho menos tiempo que antes en la Casa Rosada.
A la “aparente” felicidad y alegría que la Presidenta exhibió en la noche del domingo, le siguieron dos días de encierro en Olivos en los que no se la vio. El impacto de la derrota en la provincia de Buenos Aires la afectó fuertemente. A ese estado de abatimiento le siguió otro de furia. Fue eso lo que se vio durante el crescendo de su discurso en Tecnópolis y en su catarata de tuits, hechos que dejaron muy preocupados a varios miembros del Gobierno. “Con discursos como éste, Sergio (Massa) no necesita hacer campaña”, sentenció uno de los gobernadores que la escuchó con azoro.
Los altibajos anímicos se ven exacerbados por el entorno de soledad que rodea a la jefa de Estado. La ausencia de Néstor Kirchner se hace cada vez más presente. El ex presidente no sólo era su esposo sino también la única persona que le podía ofrecer protección y contención ante la adversidad. “No le traigan malas noticias a Cristina”, era lo que no se cansaba de repetirles a los miembros de su Gabinete. En la derrota de 2009, el que dio la cara por todo el Gobierno fue él. Uno de los grandes problemas que enfrenta hoy la Presidenta es la soledad que el poder ahonda. Y eso no se resuelve con ningún medicamento.

Efectos políticos. Claro que la labilidad emocional de Fernández de Kirchner tiene también consecuencias políticas. Su enojo y su ira no son inocuos. Muchos de los que ganaron el domingo están preparados para sufrir la eventualidad de castigos que afecten sus respectivas gestiones. 
El mencionado discurso de Tecnópolis tuvo, además, un mensaje alarmante: el menosprecio de la voluntad popular y la profundización de la confrontación y la división. La ira no es sólo un pecado capital sino también un estado emocional bajo el cual se pueden llegar a tomar decisiones o decir cosas de consecuencias imprevisibles. Un ejemplo de ello fue el famoso discurso del general Perón del “por cada uno de los nuestros que caigan, caerán cinco de ellos”, frase de la que se arrepintió toda su vida.

Enfermedad del poder. Al estado de labilidad emocional de la Presidenta hay que agregarle la del síndrome de Hubris, una de las manifestaciones más claras de la enfermedad del poder. En la antigua Grecia ya se hablaba de actos o conductas hubrísticas, que eran definidas como acciones en las que una persona poderosa hacía alarde de gran orgullo y autosuficiencia y trataba a los otros con desdén. Al mencionar estas posturas, Aristóteles señalaba que el placer producido por esa conducta radicaba en satisfacer el deseo de superioridad que la persona tenía sobre los otros.
En el año 2009, la prestigiosísima revista científica Brain publicó un artículo señero sobre el tema, firmado por los doctores David Owen y Jonathan Davidson. Owen es neurólogo y psiquiatra inglés y Davidson es psiquiatra de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos. El artículo se titula: “Síndrome de Hubris: ¿Un trastorno de la personalidad adquirido? Estudio de los presidentes de los Estados Unidos y de los primeros ministros británicos en los últimos cien años”.
Al definir el síndrome, los autores enumeraron los siguientes síntomas:

1 Tendencia narcisística del líder a ver el mundo primariamente como una arena en la cual ejercer el poder y buscar la gloria.
2 Una predisposición a adoptar decisiones que, en apariencia, le dan al líder una gran imagen.
3 Una desproporcionada preocupación del líder en su imagen.
4 Una manera mesiánica de hablar acerca de hechos cotidianos y una constante exaltación de sí mismo.
5 Una identificación del líder con la nación, o la organización al extremo de considerar sus apetencias y las necesidades del país como idénticas.
6  Una tendencia a hablar en tercera persona.
7 Una excesiva confianza de la persona en su propio juicio y poco aprecio por el consejo o la crítica del otro.
8 Un exagerado autoconvencimiento del líder, rayano con la omnipotencia, en lo que puede llegar a lograr.
9 Una actitud de creer de que antes que responder a la ciudadanía, el líder está destinado a hacerlo ante la historia.
10 El convencimiento del líder de que la historia lo reivindicará.
11 Una progresiva pérdida de contacto con la realidad acompañada de un creciente aislamiento.
12 Desasosiego e inquietud.
13 Una tendencia a dar curso a una visión autocomplaciente de la rectitud moral de un determinado curso de acción, para obviar la necesidad de considerar otros aspectos del mismo, como su practicidad, sus costos y la posibilidad de un resultado diferente al deseado.
14 Una incompetencia hubrística, es decir, que las malas decisiones del líder no se corrigen debido a su autosuficiencia que lo lleva a menospreciar los posibles efectos adversos de una determinada medida política.

Asociaciones. Algunos de estos rasgos son compartidos con el trastorno narcisístico de la personalidad. En otros casos, se observa una asociación con el trastorno bipolar.
Se considera que el síndrome de Hubris es un mal producido por el poder cuyos síntomas remiten una vez que la persona lo ha dejado. El elemento clave es que el Hubris es un trastorno causado por la posesión del poder, particularmente cuando su ejercicio se ha mantenido por años bajo condiciones de mínimo control y ha estado asociado a algunas decisiones que fueron consideradas exitosas por la población.
Las subsecuentes vicisitudes electorales parecen incrementar la probabilidad de una crisis hubrística y de un síndrome de Hubris. El enfrentar una situación contradictoria también. La lista de hombres y mujeres que ejercieron el poder y que padecieron el síndrome de Hubris es relevante. Entre los presidentes de los Estados Unidos están: Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson, Franklin Delano Roosevelt, John Fitzgerald Kennedy, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon y George Walker Bush. Entre los primeros ministros británicos están: David Lloyd George, Neville Chamberlain, Winston Churchill, Anthony Eden, Margaret Thatcher y Tony Blair.

En silencio.
 No hay que abundar en detalle para determinar que en la conducta de la Presidenta se evidencian varios de los síntomas del síndrome de Hubris. El problema es que ella no se da cuenta de ello y los que se dan cuenta no se atreven a decírselo. Esa es la dimensión que existe entre los funcionarios del Gobierno.
¿Tiene tratamiento el síndrome de Hubris? El artículo de Owen y Davidson acomete la cuestión y da la respuesta:
* “A medida que crece la efectividad de los tratamientos psicológicos de los trastornos de la personalidad, es concebible que los individuos que padecen síndrome de Hubris, trastornos narcisísticos de la personalidad y otras afecciones afines se muestren más receptivos a recibir ayuda, sabiendo que pueden tener mayor alivio que en el pasado.”
* “Los beneficios más probables que derivan de una mayor conciencia social del Hubris son que, en la medida que las expectativas cambien, los líderes en todos los órdenes de la vida sientan una obligación mucho mayor a aceptar y no resistir los mecanismos de control social prescriptos en los regímenes democráticos, como el límite de un máximo de ocho años establecido para los presidentes de los Estados Unidos y la renuncia a buscar re-reelecciones.(…). Debido a que un líder político intoxicado de poder puede tener efectos devastadores sobre mucha gente, hay una especial necesidad de crear un clima de opinión pública por la que se haga a esos líderes más responsables de sus acciones.”
Esta es la compleja situación por la que atraviesa hoy la Presidenta. Como tantas otras circunstancias de la vida política, esto plantea un dilema de cuya resolución depende el futuro de su gobierno y del país. Es imprescindible que Fernández de Kirchner recobre el equilibrio emocional, por su salud y por el bien de todos. La necedad, de la que lamentablemente suele jactarse, la dejará atrapada en las redes del síndrome de Hubris, una enfermedad del poder cuyas consecuencias negativas siempre padece la sociedad.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

lunes, 19 de agosto de 2013

Etchegaray y Parrilli: Alimentando el Hubris de Cristina vía Seychelles

El gobierno nacional, a través de Oscar Parrilli primero (vía web y en tiempo real) y Ricardo Etchegaray después (con su aclaración sobre el paraíso fiscal de las Islas Seychelles), está tratando de desmentir las denuncias de Jorge Lanata en Canal 13, que sostienen que "la ruta del dinero K" termina en el paraíso fiscal que visitó por dos días Cristina de Kirchner en enero. El diagnóstico acerca del posible síndrome de Hubris que estaría sufriendo la mandataria es respaldado ahora por el soporte que le brindan sus funcionarios tratando de desestimar las denuncias por corrupción sobre la mandataria.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - Recientemente el periodista y neurólogo, Nelson Castro, emitió una fuerte editorial en su programa "El Juego Limpio" (TN) donde diagnosticó a la presidente Cristina de Kirchner con el sindrome de Hubris, una dolencia que, aunuqe no ha sido catalogada como enfermedad de manera oficial por la psiquiatría, ha aquejado mayormente a líderes políticos a lo largo de toda la historia de la humanidad.  
 
La mitología está plagada de personajes que son víctimas de su soberbia, como Aquiles, que encolerizó a los dioses al desobedecer su prohibición de ultrajar el cadáver de Héctor; e Ícaro, quien gracias a unas alas fabricadas con plumas y cera creyó que podía volar tan alto como los dioses y llegar al Olimpo. Pero la arrogancia de ambos fue castigada. Aquiles murió a manos de Paris, el hermano de Héctor; y el sol derritió la cera de las alas de Ícaro, de modo que el altivo joven cayó al mar, en cuyas aguas desapareció para siempre. Porque tras el subidón del hubris siempre viene la némesis, que es como los griegos llamaban a la desgracia con la que los dioses castigaban la arrogancia de ciertos humanos.
 
El hubris era un concepto moral, pero los atenienses acabaron incorporándolo a su código legal, lo que le dio un matiz más práctico y lo definió, tal y como lo explicó el historiador Enrique Suárez Retuerta, como: “La violencia ebria que los poderosos ejercían contra los débiles y la arrogancia grosera de quienes ostentan el poder”.
 
Han sido los reyes, emperadores, políticos y, en definitiva, gobernantes de toda índole quienes más han sufrido loss estragos de tal dolencia. A fin de cuentas, el poder es la materia prima con la que trabajan, y no es extraño que su ego acabe resintiéndose. 
 
Un caso reciente de Hubris en la región (pasando por alto el evidente caso de Hugo Chávez en Venezuela) fue el del presidente de Ecuador José Abdalá Bucaram. Comenzó su mandato aplicando medidas sociales y volcándose en tratar de enderezar la situación económica del país. Pero conforme concretaba sus logros políticos, iba dando rienda suelta a comportamientos cada vez más extravagantes. Creó su propio programa de televisión, en el que atormentaba a los espectadores con interminables sesiones de karaoke (algo similar a lo que hizo luego Chávez en Venezuela y Cristina en la Argentina vía cadenas nacionales); actuaba junto a un grupo llamado Los Iracundos, e incluso se empeñó en contratar a Diego Armando Maradona como asesor personal por un millón de dólares al año. Llegados a ese punto, la némesis era inevitable, y Bucaram fue destituido de su cargo por “incapacidad mental”.
 
Pero aunque el hubris se resista a subírsele a la cabeza al gobernante de turno, no pasa nada, porque ahí están los aduladores para darle el empujoncito necesario. Y es que, como escribió John Locke: “La adulación es un vicio horrendo que empobrece al que lo recibe, aunque le haga creerse un dios”.
 
Es en ese punto donde los "aplaudidores" y demás obsecuentes que rodean a Cristina de Kirchner podrían estar haciendo un enorme daño, no sólo a la mandataria, sino al país entero, influenciandola para que siga en un camino que evidentemente está llevando al "modelo" y el "relato" a la ruina.
 
Casos de obsecuencia para con la mandataria no faltan. Basta con ver la reacción del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien este domingo por la noche se quedó mirando el programa de Jorge Lanata para salir a desmentirlas denuncias del periodista y tratar de encabezar un contragolpe en la web lanzando los lineamientos que luego la "militancia" debía defender en los foros de opinión pública.
 
Igual que la semana pasada, cuando el oficialismo perdió estrepitosamente en la mayoría de los distritos en los que se votaron las elecciones primarias abiertas (PASO) y desde el Hotel Intercontinental la "militancia" y el círculo allegado a la mandataria festejaba increíblemente una derrota evidente, la negación de la propia realidad se está volviendo tan evidente que resulta peligrosa para el gobierno.
 
La gravedad de las denuncias contra la mandataria y la falta de criterio que ha tenido el gobierno para responder a las denuncias no sólo explican la derrota que el FPV se negó a admitir en el Intercontinental el domingo pasado, sino que además muestran que en el círculo íntimo de aduladores de la presidente reina una total falta de conciencia sobre los deberes de un funcionario público y priman más que nada las alabanzas hacia una "capitana" del modelo que observa sin entender como el buque se va a pique.
 
Algunos ejemplos de aduladores que empeoraron la condición del síndrome de Hubris de líderes a lo largo de la historia recoge el sitio Quo.es en un interesante post sobre la llamada "enfermedad del ego":
 
"(...) Algo parecido le ocurrió a otro emperador romano, Marco Antonio Basiano, conocido para la posteridad como Caracalla. Sus generosas iniciativas políticas, como otorgar la ciudadanía romana a los habitantes de las nuevas provincias del Imperio, no impidieron que su ego se disparase hasta límites insospechados, hasta el punto de encararse con las facciones críticas del Senado, diciéndoles: “Sé que no os gusta lo que hago, pero por eso poseo armas y soldados, para no tener que preocuparme de lo que penséis de mí”.
 
Caracalla se rodeó de una corte de aduladores que le lisonjeaban diciéndole que él era tan grande como Aquiles. Al emperador le gustó tanto aquella comparación que hizo envenenar a su mejor amigo, Festus, para agasajarle con un funeral tan suntuoso como el que el mítico héroe griego celebró en memoria de su compañero Patroclo.
En este caso, la némesis no pudo ser más cruel, dado el grado de endiosamiento de Caracalla. El emperador sintió la necesidad de hacer de vientre mientras iba de viaje, saltó de su litera y se ocultó tras unos arbustos para aliviarse. Y allí fue apuñalado por uno de los soldados de su escolta, mientras aliviaba el esfínter.
 
Aunque Caracalla no fue el primer ni único líder que se ha creído un dios, lo que no es tan habitual es que ese proceso de autodivinización afecte incluso a partes concretas de la anatomía de la persona. Fue el caso del general y presidente de México Antonio López de Santana, quien, tras una brillante carrera militar (entre cuyos triunfos figura la destrucción de El Álamo), llegó a calificarse como “el nuevo Napoleón”. Pero en 1842, tras un ataque a la ciudad de Veracruz tuvieron que amputarle la pierna izquierda. López de Santana la hizo enterrar con honores militares, pero aquello no fue suficiente. Uno de sus validos, el coronel Rafael Muñoz, le dijo que toda la nación debía ser testigo del sacrificio que había hecho por la patria, y le convenció para que desenterrara la extremidad y la llevara a México capital. Allí, Santana volvió a darle sepultura, pero con todos los honores de un funeral de Estado. La pierna fue inhumada en un ataúd cubierto con la enseña nacional.
 
Tal ejercicio de orgullo tuvo una némesis a la altura. Santana se puso una pierna de madera. En 1847 estalló una nueva guerra contra Texas, y el general salió al encuentro de sus enemigos. Cerca de la localidad de Cerro Gordo ordenó a sus tropas hacer un alto, porque estaba cansado y de­sea­ba echar una siesta. Sus oficiales le dijeron que no era prudente, pero Santana, convencido de que no había enemigos a su alrededor, les respondió: “Si Napo­león pudo echar una cabezada antes de Waterloo, ¿quiénes sois vosotros para impedirme hacer lo mis­mo?” Como si fuera gafe, el general cerró los ojos, y los abrió justo para ver cómo la caballería enemiga irrumpía en su campamento a tiro limpio, le rodeaban después y finalmente se quedaban con con su pierna ortopédica como trofeo.
 
Quizá uno de los ejemplos más claros de víctima de la manipulación de los aduladores fue Warren G. Harding, nombrado presidente de Estados Unidos en 1921. Este estadista se rodeó de una camarilla de amigotes a los que apodaron “la banda de Ohio”, con los que jugaba al póquer dos veces por semana en la Casa Blanca. 
 
Aquellos sujetos sabían como tratar a un tipo tan maleable como Harding, ya que le dejaban ganar y alababan sus dotes de buen jugador y su temple. El resultado fue que en aquellas partidas salían a relucir algo más que full de ases y tríos de reyes, porque los jugadores conseguían arrancar del presidente concesiones, contratas y apoyos para negocios de dudosa legalidad.
 
Durante varios años, el presidente vivió en la más completa inopia, y cuando los primeros rumores sobre las corruptelas de sus amigos llegaron a sus oídos, reaccionó con indignación y proclamó: “Ellos jamás me traiciona­rían de esa manera... Mis amigos guardan mis sueños y ayudan a guiar mis pasos”. Cuando las pruebas fueron más que evidentes, Harding no fue capaz de soportar el oprobio. Dicen que quiso presentar la dimisión, pero no pudo hacerlo ya que la némesis le llegó con la forma de un infarto fatal.

domingo, 18 de agosto de 2013

Alerta médica por la salud emocional de la Presidenta

Ya se sabe que la noche del domingo 11 no fue fácil para la Presidenta. A la hora que llegó al hotel Intercontinental, el olor a derrota se extendía por cada uno de los salones y las habitaciones tomadas por el Frente para la Victoria. Con el paso de las horas, la irreversibilidad de los datos adversos ahondó elagobio de la penuria. En un momento, pues, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner dio rienda suelta a su enojo. Se escucharon entonces gritos y reproches a varios de sus funcionariosEn el final apareció el llanto. Fiel al estilo del relato del kirchnerismo, hubo una orden tajante: nada de esto debía trascender.


Llevó algún tiempo recobrar la calma. Una maquilladora debió trabajar sobre el rostro de la Presidenta para tapar los efectos de las lágrimas y del enojo. El mandato era claro: todos los que acompañaran a la jefa de Estado en su discurso debían lucir alegres. El clima tenía que ser de festejo. Cada uno intentó hacer lo suyo de la mejor manera posible. El único que no lo logró fue Daniel Scioli: la expresión de su cara fue el retrato de una amarga –muy amarga– derrota. Las cámaras, sin embargo, fueron implacables, y, por lo tanto, las secuelas del llanto presidencial lleno de furia quedaron a la vista de todos.
Alerta médica. Los médicos de la Unidad Presidencial estuvieron en alerta durante todos estos días. Anida en ellos un sentimiento de preocupación. No es para menos: la labilidad emocional de Fernández de Kirchner, circunstancia que acontece de consueto, se ha acrecentado en estas horas de pena y enojo.
“Trato de no cruzármela porque cuando me ve me grita”, reconoce un funcionario que celebra el hecho de que, debido a sus nuevas tareas, debe pasar ahora mucho menos tiempo que antes en la Casa Rosada.
A la “aparente” felicidad y alegría que la Presidenta exhibió en la noche del domingo, le siguieron dos días de encierro en Olivos en los que no se la vio. El impacto de la derrota en la provincia de Buenos Aires la afectó fuertemente. A ese estado de abatimiento le siguió otro de furia. Fue eso lo que se vio durante el crescendo de su discurso en Tecnópolis y en su catarata de tuits, hechos que dejaron muy preocupados a varios miembros del Gobierno. “Con discursos como éste, Sergio (Massa) no necesita hacer campaña”, sentenció uno de los gobernadores que la escuchó con azoro.
Los altibajos anímicos se ven exacerbados por el entorno de soledad que rodea a la jefa de Estado. La ausencia de Néstor Kirchner se hace cada vez más presente. El ex presidente no sólo era su esposo sino también la única persona que le podía ofrecer protección y contención ante la adversidad. “No le traigan malas noticias a Cristina”, era lo que no se cansaba de repetirles a los miembros de su Gabinete. En la derrota de 2009, el que dio la cara por todo el Gobierno fue él. Uno de los grandes problemas que enfrenta hoy la Presidenta es la soledad que el poder ahonda. Y eso no se resuelve con ningún medicamento.
Efectos políticos. Claro que la labilidad emocional de Fernández de Kirchner tiene también consecuencias políticas. Su enojo y su ira no son inocuos. Muchos de los que ganaron el domingo están preparados para sufrir la eventualidad de castigos que afecten sus respectivas gestiones.
El mencionado discurso de Tecnópolis tuvo, además, un mensaje alarmante: el menosprecio de la voluntad popular y la profundización de la confrontación y la división. La ira no es sólo un pecado capital sino también un estado emocional bajo el cual se pueden llegar a tomar decisiones o decir cosas de consecuencias imprevisibles. Un ejemplo de ello fue el famoso discurso del general Perón del “por cada uno de los nuestros que caigan, caerán cinco de ellos”, frase de la que se arrepintió toda su vida.
Enfermedad del poder. Al estado de labilidad emocional de la Presidenta hay que agregarle la del síndrome de Hubris, una de las manifestaciones más claras de la enfermedad del poder. En la antigua Grecia ya se hablaba de actos o conductas hubrísticas, que eran definidas como acciones en las que una persona poderosa hacía alarde de gran orgullo y autosuficiencia y trataba a los otros con desdén. Al mencionar estas posturas, Aristóteles señalaba que el placer producido por esa conducta radicaba en satisfacer el deseo de superioridad que la persona tenía sobre los otros.
En el año 2009, la prestigiosísima revista científica Brain publicó un artículo señero sobre el tema, firmado por los doctores David Owen y Jonathan Davidson. Owen es neurólogo y psiquiatra inglés y Davidson es psiquiatra de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos. El artículo se titula: “Síndrome de Hubris: ¿Un trastorno de la personalidad adquirido? Estudio de los presidentes de los Estados Unidos y de los primeros ministros británicos en los últimos cien años”. Al definir el síndrome, los autores enumeraron los siguientes síntomas:
  1. Tendencia narcisística del líder a ver el mundo primariamente como una arena en la cual ejercer el poder y buscar la gloria.
  2. Una predisposición a adoptar decisiones que, en apariencia, le dan al líder una gran imagen.
  3. Una desproporcionada preocupación del líder en su imagen.
  4. Una manera mesiánica de hablar acerca de hechos cotidianos y una constante exaltación de sí mismo.
  5. Una identificación del líder con la nación, o la organización al extremo de considerar sus apetencias y las necesidades del país como idénticas.
  6. Una tendencia a hablar en tercera persona.
  7. Una excesiva confianza de la persona en su propio juicio y poco aprecio por el consejo o la crítica del otro.
  8. Un exagerado autoconvencimiento del líder, rayano con la omnipotencia, en lo que puede llegar a lograr.
  9. Una actitud de creer de que antes que responder a la ciudadanía, el líder está destinado a hacerlo ante la historia.
  10. El convencimiento del líder de que la historia lo reivindicará.
  11. Una progresiva pérdida de contacto con la realidad acompañada de un creciente aislamiento.
  12. Desasosiego e inquietud.
  13. Una tendencia a dar curso a una visión autocomplaciente de la rectitud moral de un determinado curso de acción, para obviar la necesidad de considerar otros aspectos del mismo, como su practicidad, sus costos y la posibilidad de un resultado diferente al deseado.
  14. Una incompetencia hubrística, es decir, que las malas decisiones del líder no se corrigen debido a su autosuficiencia que lo lleva a menospreciar los posibles efectos adversos de una determinada medida política.
Asociaciones. Algunos de estos rasgos son compartidos con el trastorno narcisístico de la personalidad. En otros casos, se observa una asociación con el trastorno bipolar.
Se considera que el síndrome de Hubris es un mal producido por el poder cuyos síntomas remiten una vez que la persona lo ha dejado. El elemento clave es que el Hubris es un trastorno causado por la posesión del poder, particularmente cuando su ejercicio se ha mantenido por años bajo condiciones de mínimo control y ha estado asociado a algunas decisiones que fueron consideradas exitosas por la población.
Las subsecuentes vicisitudes electorales parecen incrementar la probabilidad de una crisis hubrística y de un síndrome de Hubris. El enfrentar una situación contradictoria también. La lista de hombres y mujeres que ejercieron el poder y que padecieron el síndrome de Hubris es relevante. Entre los presidentes de los Estados Unidos están: Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson, Franklin Delano Roosevelt, John Fitzgerald Kennedy, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon y George Walker Bush. Entre los primeros ministros británicos están: David Lloyd George, Neville Chamberlain, Winston Churchill, Anthony Eden, Margaret Thatcher y Tony Blair.
En silencio. No hay que abundar en detalle para determinar que en la conducta de la Presidenta se evidencian varios de los síntomas del síndrome de Hubris. El problema es que ella no se da cuenta de ello y los que se dan cuenta no se atreven a decírselo. Esa es la dimensión que existe entre los funcionarios del Gobierno.
¿Tiene tratamiento el síndrome de Hubris? El artículo de Owen y Davidson acomete la cuestión y da la respuesta: “A medida que crece la efectividad de los tratamientos psicológicos de los trastornos de la personalidad, es concebible que los individuos que padecen síndrome de Hubris, trastornos narcisísticos de la personalidad y otras afecciones afines se muestren más receptivos a recibir ayuda, sabiendo que pueden tener mayor alivio que en el pasado.”
“Los beneficios más probables que derivan de una mayor conciencia social del Hubris son que, en la medida que las expectativas cambien, los líderes en todos los órdenes de la vida sientan una obligación mucho mayor a aceptar y no resistir los mecanismos de control social prescriptos en los regímenes democráticos, como el límite de un máximo de ocho años establecido para los presidentes de los Estados Unidos y la renuncia a buscar re-reelecciones.(…). Debido a que un líder político intoxicado de poder puede tener efectos devastadores sobre mucha gente, hay una especial necesidad de crear un clima de opinión pública por la que se haga a esos líderes más responsables de sus acciones.”
Esta es la compleja situación por la que atraviesa hoy la Presidenta. Como tantas otras circunstancias de la vida política, esto plantea un dilema de cuya resolución depende el futuro de su gobierno y del país. Es imprescindible que Fernández de Kirchner recobre el equilibrio emocional, por su salud y por el bien de todos. La necedad, de la que lamentablemente suele jactarse, la dejará atrapada en las redes del síndrome de Hubris, una enfermedad del poder cuyas consecuencias negativas siempre padece la sociedad.
Producción periodística: Guido Baistrocchi.

sábado, 17 de agosto de 2013

"Yo sólo di la información: Los médicos de Cristina están muy preocupados"

Lo que dijo Nelson Castro (acerca de una eventual grave situación emocional de Cristina Fernández de Kirchner) fue muy relevante porque provino de quien es, además de periodista, médico, y autor de un par de libros sobre enfermedades de mandatarios. Entrevistado por Raúl Acosta, en LT8 de Rosario, explicó, una vez más, que él no se refiere a la psiquis sino lo emocional de la Presidente de la Nación, pero que es una situación muy preocupante por las consecuencias que provoca para el resto de la sociedad.


-Doctor, nos mandó a todos a los libros de Medicina.
 
-Es así, a veces nos toca hacer esas cosas.
 
-Por estudios locos de juventud algo sé de Medicina, así que cuando hablan de síndrome no me resulta tan ligero ¿no? Lo que pienso es esto, doctor: Lo que usted ha hecho es vestir o decir cómo estaba vestido el rey (N. de la R.: la reina), y eso cambia el eje de la conversación.
 
-Sí, es lo que nos toca a nosotros como periodistas, con toda la polémica y controversia que siempre generan estas cosas –creo que hoy está en las redes y demás- y así es el trabajo del periodista, dar la información. La información es que los médicos están realmente preocupados, la salud emocional de la Presidenta de la República. Porque esto, además, tiene consecuencias, y el discurso en Tecnópolis es una de ellos ¿no? Es un discurso políticamente muy preocupante, en cuanto a lo que significa ¿no? Y por supuesto, este Mal del Poder, por eso yo lo describía, para que cualquiera que lo lea diga “es esto" y, efectivamente, se verifica "esto, y aquello”. Una de las cosas, entre comillas, interesante, que pasó en estas 48 horas de tanto ruido, es que a través, por supuesto, de una vía indirecta, dos o tres funcionarios del gobierno lo leyeron, lo escucharon y dijeron “pero es así, tal cual”. Y es lo que nos corresponde hacer a nosotros, como periodistas.
 
-Doctor, permítame ir por una callecita lateral. Este programa se llama La Vereda de Enfrente porque yo amo a (Jorge Luis) Borges. 
 
-Por supuesto.
 
-Borges tiene un poema donde dice “he cometido el peor de los pecados, no fui feliz”. Yo creo que si la señora Cristina se dedicase a mirar lo que hizo, lo que fue, lo que es y quiere ser feliz, ella tiene dos años para acomodar su cabeza y ser una personalidad de la historia y no un rasgo tan intemperante ¿no?
 
-Pero por supuesto que sí. Primero porque Cristina Fernández de Kirchner, como los demás presidentes, va a pasar a la historia. Pero va a pasar a la historia por ser, primero, la primera mujer electa como Presidenta, luego reelecta. Esos son elementos, casi le diría, para el orgullo personal, el orgullo en el buen sentido, son enormes. Por lo tanto, frente a esto, uno dice ¿qué es lo que le queda obtener?
 
La grandeza. La grandeza de reconocer lo que pasa en democracia, cuando se gana y se pierde, cuando uno pierde está triste, esto está claro, nadie está feliz. Me dicen ‘Nelson, la tristeza es inmanente a la derrota’, pero claro que sí. Obviamente. Sólo que lo vimos el miércoles (14/08), y lo que se vio, va más allá, porque lo que vimos es un desprecio a la democracia. Y vos decís, ‘Mirá lo que produce’. Vos decís, ‘¿Esto es tan relevante como para decirlo en los actos de gobierno o es algo personal y afecta solamente a lo íntimo?’. Así que era un planteo que me resultaba interesante. Y yo decía, 'Esto pesa más allá de lo personal –el discurso del miércoles-, es un discurso de ira, de desprecio a la democracia, muy peligroso'. Hubiera sido dicho por cualquier otro, del mismo sector del kirchnerismo, lo hubieran salido a matar.
 
-¿Cree que una de las raíces de los populismo es esta? Es este voto y es esta opinión, y cualquier voto en disidencia y cualquier opinión en contrario en realidad es traición…? El pensamiento único llevado a un extremo se convierte en esto ¿no?
 
-Efectivamente. Además es muy interesante, porque vos sabés que en el peronismo, donde todo el mundo habla de lealtad, lo que todo el mundo hace son las traiciones. El peronismo es una cuestión de traiciones. Néstor Kirchner hizo eso con (Eduardo) Duhalde. Digamos, todo se puede aplicar para todos. Cuando la Presidenta les dice a los otros lo que les critica debería decir ‘Pero yo hice lo mismo’. Entonces, éste es el elemento realmente peligroso, porque cuando vos tenés este discurso de la Presidenta –por eso yo hablo de la salud emocional de la Presidenta, que es distinta a la salud mental- yo digo ‘Mirá lo que puede llegar a producir’, porque este estado de ira te genera este desprecio a la votación, te genera después una acción de gobierno según la cual, como yo te desprecio no me reúno con ningún opositor, entonces no dialogo. Tiene consecuencias políticas, no es que solamente tiene una consecuencia personal que es la que preocupa, por supuesto, a los médicos. Tiene una preocupación de la salud, porque repercute un estado emocional de ese tipo en lo somático, en el organismo, y porque además tiene repercusiones políticas.
 
-Sobre esto, creo que la otra cuestión es que con todo esto igual a la agenda política la sigue marcando la señora.
 
-Eso es evidente. Por eso la oposición tiene una deuda con la sociedad argentina enorme. En ese aspecto, el Frente Renovador de (Sergio) Massa ha aprendido, se ha dado cuenta que tiene que tomar la agenda. Fíjate cómo le arrebató de la agenda el tema del mínimo no imponible. Para darse cuenta, en ese aspecto tienen esa genética, que el resto de oposición no tiene. Se ve que dijeron en estrategia ‘ahora de acá a octubre nosotros tenemos que generar agenda para que la gente vea que tenemos cosas concretas’. Por lo tanto le ha arrebatado este tema y le ha generado un problema al gobierno, desde el punto de vista político, porque las cifras que está dando el Frente Renovador seguramente no son las cifras de aumento que puede llegar a discutir el poder. Pero digo, en ese aspecto ha actuado con una estrategia inteligente que es lo que le falta al resto de la oposición.
 
-Usted sabe que unos amigos radicales se enojaron conmigo.
 
-Por eso no se preocupe.
 
-Yo lo que estaba diciendo es que no se apuren a cocinar la liebre.
 
-Claro.
 
-Ya están diciendo ‘somos los que vamos a reemplazar…’
 
-La oposición, yo cuando los escucho, también digo ‘¿Ustedes no se dan cuenta lo que tiene que hacer para regenerar esa confianza enorme en un país que se ha hecho peronistas, donde la mayoría de la gente cree que el único que puede gobernar es el peronismo?’. Vencer eso va a exigir un trabajo enorme. Entonces, cuando los escucho, y he escuchado a (Mario) Barletta, gente que respeto y valiosa, y digo ‘Tienen que generar ustedes un nivel de confianza porque no solamente tienen que unirse sino que tienen que generar la idea de que van a seguir unidos y que van a poder gobernar. ¿Sabés lo que va a costar llegar a eso?
 
-Doctor, cierro con esto: mi más sincero y afectuoso abrazo. Usted y yo sabemos por qué.
 
-Me hacés a acordar a la carta de la Presidenta a Francisco.
 
-Si. Pero en este caso me guía el más puro afecto.
 
-Lo sé.

El síndrome de Hubris, la enfermedad que "preocupa" a los médicos de CFK

"Sus médicos están preocupados. No la han visto bien", le dijo Nelson Castro a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la última emisión de su programa "El juego Limpio".


Para el médico y periodista, la mandataria padece "síndrome de Hubris". Definida como "la enfermedad del poder", genera que quien la sufre "piensa que sabe todo, que la realidad es la que ella cree que es, y no la que es, piensa que los otros no saben nada y, como tal, los desprecia".
¿Pero qué es exactamente el síndrome de Hubris? El hibris ohybris era un concepto del teatro griego antiguo que se podría traducir como "desmesura". Quienes lo padecían eran impulsivos, temerarios y orgullosos, a veces incluso se creían iguales o superiories a los dioses. Esta conducta llevaba a la "hamartía", un acto que usualmente terminaba en tragedia. La leyenda de Ícaro, quien murió por intentar volar como un pájaro, es tal vez, el ejemplo más claro de la Historia antigua.
En sociología y política, el concepto suele asociarse a los líderes que presentan síntomas de narcisismo y megalomanía. En su libro In Sicknees and in Power, el neurólogo David Owen sostiene que quienes lo sufren se creen "invencibles y ven enemigos por todas partes".
El síndrome, sin embargo, "no está dentro del manual psiquiátrico", explica el doctor Harry Campos Cervera, psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, aunque aclara que "eso no quiere decir que no pueda haber una patología".
"Es una mezcla de aspectos sociológicos y psicológicos", sostiene el médico, en diálogo conPerfil.com. "En términos criollos, el síndrome de Hubris es, en realidad, 'creérsela'", grafica.
"Cuando alguien asume un rol de gobernante, estamos asumiendo esa investidura, pero esa investidura no somos nosotros. Cuando por el uso del poder tenés gente que te alaba todo el día y que te cuenta las cosas de determinada manera, cualquier persona puede ir perdiendo conexión con la realidad o sentirse megalómano, o pensar que es enemigo cualquiera que se opone", detalla Campos Cervera.
El psiquiatra considera que el síndrome "no tiene nada que ver con una cosa discapacitante". "Es simplemente una distorsión de la realidad o la construcción de una realidad basada en la imagen narcisista de uno", detalla.
"Uno no tiene la culpa, tiene más que ver con el contexto de uno", sostiene Campos Cervera. "Como el 'Diario de Yrigoyen': te dicen que todo es una maravilla y te lo crées", concluye.

Síndrome de Hubris: 14 síntomas para mirar en Cristina

La primera marca visible del padecimiento del "síndrome de Hubris", llamada enfermedad del ego, reza que se nota "una propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario donde ejercitar su poder y buscar la gloria". Hay otras 13 características que el lector puede observar, basados en bibliografía reciente. ¿Será Cristina realmente una persona que padece de este síndrome, como afirmó el periodista Nelson Castro anoche en TN?


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - "Es difícil y sobre todo cuando alguien padece como es su caso, el síndrome de Hubris, que es la enfermedad del poder y que usted está padeciendo", disparó anoche el periodista y neurólogo Nelson Castro en la pantalla de TN anoche.
 
Inmediatamente las palabras de la editorial de Castro repercutieron en las redes sociales. Pero, ¿cómo reconocer lo verosímil de las palabras de Castro? ¿Acaso las observaciones de la ciudadanía bastan para diagnosticar a la presidente?
 
Sin temor al error, se puede comprobar que una sociedad que condena la gran mayoría de su población a delegar su poder en la papeleta electoral cada 4 o 5 años, sin casi ningún control efectivo sobre los representantes elegidos podría condenarse a tener dirigentes embusteros y embriagados de sus privilegios. Ejemplos abundan y las excepciones son muy pocas.
 
Dos libros, uno de David Owen y J. Davidson (2009) "Hubris syndrome : an acquires personality disorder? A study of US Presidents and UK Prime Ministers over the last 100 years"; y "In Sickness and in Power" (2008) también de David Owen; profundizan este concepto.
 
Las reglas de “detección del síndrome de Hubris” (visibles en la mayoría de los jefes de Estado actuales, de Berlusconi a Putin) van acompañadas de breves observaciones a conocidos líderes políticos supuestamente emancipadores. Aquí van 14 características basadas en los estudios de Owen:
 
1 Una propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario donde ejercitar su poder y buscar la gloria.
 
2 Una predisposición para lanzar acciones que puedan dar al individuo una luz favorable, con el fin de embellecer su imagen.
 
3 Una preocupación desmedida por la imagen y la presentación (Stalin, Mao tse Tung).
 
4 Un modo mesiánico de comentar los asuntos corrientes y una tendencia a la exaltación.
 
5 Una identificación con la nación o una organización hasta el extremo que el individuo valora su punto de vista y sus intereses como idénticos (Lenin, Gandhi).
 
6 Una tendencia a hablar de sí mismo en tercera persona o a usar la forma regia de « nosotros ».
 
7 Una excesiva confianza en su propio juicio y un desprecio por los consejos o las críticas de los demás (Lenin 1917-1924).
 
8 Un enfoque personal exagerado, tendente a la omnipotencia, de lo que son capaces de llevar a cabo (Stalin en 1939-1941).
 
9 Una creencia de que antes de rendir cuentas al conjunto de sus colegas o a la opinión pública, la Corte ante la cual deben responder es: la Historia o Dios (Fidel Castro y otros líderes de partidos únicos).
 
10 La idea inquebrantable de que aquella Corte les absolverá (Fidel Castro y muchos otros líderes, como Tito, Enver Hodja, etc.).
 
11 Una pérdida de contacto con la realidad, a menudo vinculada a un aislamiento paulatino (Stalin).
 
12 Agitación, imprudencia e impulsividad.
 
13 Una tendencia a privilegiar su « amplia visión » en detrimento de la entereza moral de un derrotero señalado, de modo a pasar por alto la necesidad de contemplar las posibilidades prácticas, los costos y los resultados (Lenin).
 
14 Una incompetencia « hubrística », cuando las cosas van mal porque demasiada confianza en sí mismo condujo al líder a desatender los peligros y las trampas generados por su propia política (Stalin en 1941, Gorbachev en los 1990).

Diagnostican a Cristina con el Síndrome de Hubris (enfermedad del ego)

Lapidario editorial del periodista Nelson Castro (quien también es médico y ejerció la neurología) sobre la salud mental de Cristina Fernández anoche (15/08) en TN. Le diagnosticó a la primera mandataria “síndrome de Hubris”, una enfermedad del Poder. En verdad, Castro había comenzado en febrero con esa línea de análisis neurológico pero ahora afirma que él ya no tiene dudas en el diagnóstico. Las redes sociales arden entre partidarios que celebran a Castro y los tuiteros K enfurecidos.




En griego antiguo la palabra Hubris o hybris se refería a las acciones crueles, vergonzosas y humillantes que un abusador cometía sobre su víctima por mero placer. La persona que cometía hybris era culpable de querer más de la parte que le había sido asignada por el destino. Hoy en día se utiliza para referirse a un trastorno paranoide denominado síndrome de Hubris o mal de Hubris.El Sindrome de Hubris se refiere a un personaje de la mitología griega que lograba la gloria y “borracho” de éxito se comportaba como un Dios, capaz de cualquier cosa. En la psiquiatría moderna se refiere a un ego desmedido. Fue el neurólogo Davi Owen quien analizó la “locura” que provoca el poder, después de 6 años del estudio del cerebro de los líderes políticos y concluyó: ”El poder intoxica tanto que termina afectando al juicio de los dirigentes”. El siquiatra Manuel Franco explicó así lo que ocurre con los líderes políticos: ”Una persona más o menos normal, se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene  un principio de duda sobre su capacidad, pero pronto surge la legión de incondicionales que le facilitan y reconocen su valía. Poco a poco se transforma y empieza a pensar que está ahí por mérito propio. Todo el mundo quiere saludarlo, hablar con él, recibe halagos de todo tipo. Esta es la primera fase. Pronto da un paso más y entra en la 'ideación megalomaníaca', cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible. Entonces comienzan a realizar  planes estratégicos para veinte años, obras faraónicas, o  a dar conferencias sobre temas que desconocen. Tras un tiempo en el poder, el afectado por este mal, padece lo que sicológicamente se llama 'desarrollo paranoide'. Todo el que se opone  a él o a sus ideas, es un enemigo personal. Puede llegar incluso a la 'paranoia o trastorno delirante' que consiste en 'sospechar de todo el mundo' que le haga una mínima crítica, y progresivamente se va aislando de la sociedad. Llega un  momento en que deja de escuchar, se vuelve imprudente, toma decisiones por su cuenta, sin consultar porque cree que sus ideas son correctas. Aunque finalmente se descubra que son erróneas , nunca reconocerá la equivocación."
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Además de periodista político, Nelson Castro es médico egresado de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA con Diploma de Honor y durante muchos años ejerció en neurología, con lo cual se ha convertido también en un profundo conocedor de distintas patologías. Anoche (15/08) en su programa El Juego Limpio por TN, Castro hizo su usual editorial dirigido a la primera mandataria pero esta vez sorprendió con un diagnóstico lapidario sobre su estado mental y un consejo para que la Presidente atienda las supuestas preocupaciones de su cuerpo de médicos acerca de su estabilidad emocional.
"Es difícil y sobre todo cuando alguien padece como es su caso, el sindrome de Hubris, que es la enfermedad del poder y que usted está padeciendo", disparó anoche Castro en la pantalla de TN.
Hubris o hybris en griego antiguo se refería a acciones vergonzosas y humillantes sobre una víctima por el placer del abusador, por lo cual se lo considera como un padecimiento propio de alguien que ejerce el Poder.
La palabra también se usaba para desacatos contra los dioses o sus leyes, agresiones sexuales, latrocinios de bienes públicos o sagrados, por pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado.
El periodista continuó: "Sus médicos están muy preocupados por su estado emocional. Se preocuparon el domingo por la noche, el lunes, el martes y hoy. Sépalo, sea conciente, escúchelos. Es importante que su salud emocional sea perfecta".
Y abundó: "Usted tiene que tomar decisiones que nos afectan a todos, necesitamos que esté muy bien para que actúe con sabiduría. Sus médicos están preocupados, no la han visto bien estos días".
Según el conductor de El juego limpio "como consecuencia" del síndrome de Hubris, Cristina "piensa que es única y casi el centro del universo, que sabe todo, que la realidad es la que ella cree que es, y no la que es".
Y finalizó: "Señora Presidenta, es lo que usted está padeciendo. Deseo que usted pueda recuperarse, de corazón. Esa enfermedad de poder que está sufriendo la padecemos todos nosotros".
Antes de algunos tuits, el video con el editorial completo de Nelson Castro:


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