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viernes, 22 de noviembre de 2013

Detienen al periodista Camilo García tras un incidente con los reyes de Holanda

El periodista Camilo García viajó a Aruba con CN23 para cubrir la visita de los reyes de Holanda, Guillermo Alejandro y Máxima, e intentar conseguir una entrevista con el monarca y su esposa. Sin embargo, el protocolo de los Orange es muy estricto y el cronista argentino lo pagó con dos breves detenciones en la paradisíaca isla del Caribe.


Ayer, García publicó en su cuenta deTwitter algunas fotos de los reyesdurante un desfile, pero luego cesó de mandar información. Según trascendió, Camilo intentó eludir a la custodia real para llegar más cerca del Rey, que saludaba al público local. Según indicóRatingcero.com, Guillermo, enojado, habría empujado al periodista.
En ese momento, García fue esposado, pero liberado a los pocos minutos, luego que explicara a la Policía su función. Pero hubo más.
Horas más tarde, volvió a acercarse a los reyes y fue llevado a una comisaría local, esposado. Pocas horas después fue nuevamente puesto en libertad.






martes, 30 de abril de 2013

Máxima Zorreguieta: Último acto del día - Los flamantes reyes encabezaron el desfile

La investidura de Guillermo y Máxima como reyes de Holanda se vivió hoy con mucha emoción y entusiasmo adentro de la Iglesia Nueva de Amsterdam, con una ceremonia solemne y vibrante para los sentidos.




Una vez celebrado el evento, la familia real inició a las 14.30 (hora argentina) el último tramo de la celebración oficial por su coronación.

Tras escuchar una canción en honor al rey Koningslied, los flamantes reyes emprendieron un recorrido marítimo sobre el río Ij, desde el Eye Filmmuseum, a lo largo del parque Oeverpark y Java-eiland. 

El cierre de los festejos está previsto  para las 16.

Una silbatina para Boudou al verlo aparecer en la alfombra roja

La transmisión de la ceremonia de investidura real enfocó al vicepresidente argentino y desató una reacción en Argentina.




La comunidad holandesa se concentró en el Hipódromo de Palermo y allí, una pantalla gigante, muestra la ceremonia en su totalidad. Y en el momento de que Amado Boudou fue enfocado, la silbatina estalló.
En la tribuna oficial del hipódromo, hombres y mujeres con la bandera acompañaron desde temprano la entronización de Guillermo y Máxima.
Diplomáticos y familias de origen holandés se mezclaban con curiosos que pasaban y prestaban atención a partes de la ceremonia.
Pero en el momento de la aparición en la alfombra roja de Holanda del vicepresidente argentino, desató los silbidos de los concurrentes.
La delegación argentina está encabezada por Boudou, quien está acompañado –entre otros- por la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich.

“Máxima es la que manda en la pareja; ella le ha dado ganas a Guillermo de ser rey”

La nueva reina Máxima es la que manda en su pareja. Esta es la convicción de Daniela Hooghiemstra, una respetada escritora y periodista, que ha publicado uno de los libros más serios sobre la familia real holandesa. “No se nace para el trono sin castigo”, relata ese difícil equilibrio entre obligaciones, derecho a la privacidad y derechos para un rey que lo último que quería era llegar al trono. El príncipe Guillermo Alejandro de Orange Nassau soñaba con ser una persona normal, contra su destino histórico. Hasta que llegó Máxima, una argentina exuberante, alegre, bien educada y espontánea que le cambió la vida. Lo convenció de que se podía ser rey y feliz. Llegar al trono y disfrutarlo con naturalidad. Así lo cuenta Hooghiemstra en esta entrevista con Clarín en su casa de Amsterdam, antes de participar en la transmisión de la investidura en la televisión publica holandesa.



-¿Cómo resuelve la familia real el problema de la privacidad y la curiosidad pública?

-Las familias reales en Europa tienen muchos privilegios, una posición muy especial mientras que en el resto de la sociedad no hay esas diferencias. Por eso hay mucha atención a sus vidas y la gente está interesada en saber cómo viven, qué hacen. Con los medios de comunicación es muy difícil para ellos tener una vida normal. En Holanda tenemos el código de los medios. Ese código dice que está prohibido hacer fotos a la familia cuando no está en función. De esa manera intentan disminuir la presión sobre ellos.
-¿Con Máxima y Guillermo Alejandro se va a fortalecer el pedido de privacidad o van a tener que ceder?

-Creo que se fortalecerá. Guillermo Alejandro piensa que su privacidad es lo más importante. Nunca se ha sentido muy cómodo en la posición de futuro rey. Siempre ha querido tener una vida lo más normal posible.
-¿Esa confrontación le va a generar enormes problemas en el mundo mediático?

-La relación con los medios para él ha sido lo más difícil. Desde el encuentro con Máxima eso ha cambiado mucho. Ella entiende mucho mejor qué quieren los medios y qué hay para ofrecerles. Ella entiende el juego y Guillermo Alejandro ha aprendido de ella cómo hay que hacerlo. Ha habido una entrevista con la pareja hace una semana y allí se vio cuánto ha aprendido Guillermo. Estaba relajado. Antes siempre había una irritación cuando le hacían preguntas, no estaba cómodo.
-¿La contribución de Máxima en la pareja es considerable?

-Yo creo que es muy grande. Ella realmente le ha enseñado cómo hay que tener esta posición especial y a disfrutarla. El príncipe siempre había sufrido esa posición. Máxima ha venido y ha dicho: “Mira, hay que disfrutar de todo esto. Podemos viajar, hacer todas las cosas y ser rey tiene muchos aspectos positivos”.
-¿Qué influencia ha tenido Máxima en el equilibrio de la monarquía?

-Ha hecho una gran contribución. Ella le ha dado ganas a Guillermo Alejandro de ser rey. Antes sólo veía las desventajas.
-¿Cómo describiría usted a Máxima?

-Los holandeses ya han entendido que Máxima es una actriz y que juega su papel muy bien. Pero también estamos muy contentos de que tenemos alguien que sabe jugar ese papel. No sólo queremos la monarquía sino que queremos que actúen, que hagan un teatro. Y ella sabe hacerlo muy bien. La gente le agradece.
-Para los holandeses, ¿Máxima no es demasiado “Celebrity”, demasiado glamour, la princesa más elegante de Europa? ¿No les molesta todo eso?

-Somos un país calvinista y tenemos muy poca gente que sabe vestir bien. Sólo por eso le agradecemos mucho. Cuando ella está en público, se presenta siempre espléndida. Por el otro lado, un peligro: están preocupados por todo el dinero que se gasta. El dinero siempre es un problema en Holanda. No nos gusta cuando la gente gasta demasiado. En ese aspecto Máxima tiene que tener un poco de cuidado.
-¿Cómo explica su popularidad?

-Porque ella tiene una forma de actuar que es tan natural. Ella sabe integrar su personalidad, su autenticidad, con su función pública de una forma muy especial. No estamos muy acostumbrados en este país a gente que puede actuar de esa forma tan espontánea. Por eso ella es muy popular, más popular aún que la reina.
-¿Cuál es la diferencia entre la reina Beatriz y su hijo?

-La diferencia es que Beatriz, cuando era muy joven, tenía una idea muy fuerte de que ella era una princesa y que iba a ser reina. Mientras Guillermo Alejandro se sentía mucho más como un chico normal y lo irritaba cuando la gente lo confrontaba con el hecho de que iba a ser rey. El quería ser un chico normal, con una vida normal y una cierta libertad de hacer las cosas que le apetecían.
-¿Y se ha dado cuenta de que su destino es ser rey?

-El tiene menos ganas que su madre de tener toda esa fuerza y responsabilidades reales. El se sentirá mucho mas cómodo en un rol más representativo. Querrá ir mucho al extranjero con Máxima. Se sentirá cómodo en el rol de un embajador para Holanda.
-¿Los holandeses van a aceptar que Máxima y Guillermo sigan viajando de vacaciones a la Argentina?

-Han sido un poco criticados en el pasado por estar demasiado en el extranjero y no en Holanda. Creo que tendrán un poco de cuidado con eso. Tendrán que demostrar que son holandeses que están aquí. Al mismo tiempo los holandeses se dan cuenta de que si Máxima y él van al extranjero para promocionar el comercio pueden hacer un papel importante para este país.
-¿Y las vacaciones en Argentina?

-Ese era un problema. Hace dos años, hubo una sesión fotográfica en la playa holandesa con la típica imagen de la familia. Lo que no sabíamos es que al día siguiente toda esa familia se fue a Argentina en el avión para pasar las vacaciones. Los holandeses pensaban que les tomaban el pelo. El problema es que no habían dicho que iban a ir.
-¿Qué va a pasar con el conflicto con la familia Zorreguieta, por la participación del padre de Máxima en la última dictadura militar?

-La gente en Holanda hace una separación muy clara entre Máxima y su padre. Siempre hemos dicho aquí que no hay que juzgar a Máxima por lo que ha hecho su padre, que además no le preocupa demasiado a la gente en Holanda. Es importante que ella mantiene esa separación. En la investidura, no tiene que aparecer el padre de Máxima. Si apareciera, se mostraría una conexión entre ambos. El entonces jugaría un papel en Holanda y eso no lo quiere nadie.
-¿Cómo serán ellos como reyes?

-Van a jugar un papel importante en el comercio, en la diplomacia, pero comercial. Abrir puertas en el extranjero para nuestras compañías.
-¿Máxima es la fuerte de la relación?

-Yo creo que sí. Es Máxima quien manda.

Guillermo Alejandro asumió con elogios a su madre y a Máxima

"Viva el rey”, seguido de tres hurras. Así culminó la ceremonia que desplegó toda la pompa real, digna de una de las más tradicionales casas europeas. Guillermo y Máxima ya son reyes de Holanda y la fiesta sigue en las calles, con cerveza, bailes y desfiles. “Quiero desempeñarme como rey con toda la fuerza que me han dado”, dijo Guillermo en su juramento, la parte central de la ceremonia de investidura. Pero el punto más emotivo fueron las palabras que dedicó a su madre, la reina Beatriz, y a su esposa.



Con un largo e imponente manto de armiño sobre sus hombros, Guillermo agradeció a Beatriz por sus 33 años de reinado, pero también por haber cumplido plenamente su rol de madre, “apoyo en los momentos tristes” y esposa. También la elogió porque nunca se abandonó a la “popularidad ligera” sino que siempre tuvo un estilo de “estabilidad, porque representa la tradición”. Su madre, poco afecta a las emociones, se la veía conmovida con las palabras de su heredero. Sonrió, envió un beso a su hijo e incluso derramó alguna lágrima.

A su esposa Máxima, sentada a su lado, el rey le dedicó otro pasaje de su discurso. “Tomó el país entre los brazos y se convirtió en holandesa entre holandeses”, dijo y señaló que la argentina está lista para “ponerse al servicio” de Holanda. Ella le sonrío con cariño y aplomo.

A los holandeses también les habló. Les pidió “colaborar con creatividad, espíritu de empresa y apertura” y él se comprometió a proteger la “libertad y los derechos” de todos los residentes, prestando más atención a los que se sienten “vulnerables. “El hecho de que el rey no tenga responsabilidades políticas no significa que no tenga responsabilidades, agregó, recordando que su madre fue “monarca, esposa, madre e hija y no ha fallado en ninguna de sus responsabilidades”.

La reina Máxima estaba espléndida, con una tiara histórica de la reina Emma y un vestido de encaje azul eléctrico de diseñador holandés y capa con amplias hombreras, del mismo color que los vestidos de sus hijas. Entró con Guillermo de la mano a la Iglesia Nueva, donde se habían casado hace 11 años, con aire solemne ante las decenas de representantes de las casas reales del mundo y jefes de Estado y gobierno.

En medio de las hurras de su pueblo, la procesión fue iniciada por Catharina Amalia, Alexia y Arianne, vestidas con azul eléctrico y moños al tono. Las seguía su abuela Beatriz, ahora princesa de Orange, de azul oscuro y con sombrero y una roseta en su banda y el resto de la familia real, con sus príncipes y princesas. Cada uno de ellos posaba para los fotógrafos. Todos entraron a la iglesia para esperar a los nuevos soberanos, en un protocolo milimetrado pero funcional. Las princesitas se sentaron junto a su abuela, que les hablaba con ternura después de que las chiquitas ensayaran ayer la ceremonia.

Entre los invitados reales desplegaron sus más espectaculares uniformes militares los hombres y los vestidos más elegantes las mujeres. El príncipe Carlos de Inglaterra, que presenció la asunción de la reina Beatriz en 1980 y aún sin poder llegar al trono británico, estaba en su uniforme naval y se lo veía triste, como siempre. Camilla, su esposa, repitió el tocado de laureles de su casamiento en un vestido largo lila. Philipe y Matilde de Bélgica lucían esplendorosos .

Las recomendaciones de no usar sombreros fueron abandonadas. Laurentine, la esposa del príncipe Constantino, lucía una espectacular pamela. Letizia de España estaba de gris y con un “fascinator” de plumas acompañada por el príncipe Felipe, con barba rala. El beige en la pamela y el vestido fue elegido por Victoria de Suecia, la futura heredera y madrina de Catharina Amalia. La esposa del heredero de Brunei estaba cubierta por su velo islámico.

La ceremonia va a ser recordada por la reaparición de la princesa Masako y su esposo, los herederos de Japón, después de su larga depresión. Con un vestido beige largo y un sombrero, la ex graduada de Harvard y ex diplomática, sonreía con calma. El príncipe de Mónaco, Alberto, llegó sin Charlene, su esposa sudafricana.

Europa estaba representando por el presidente de la Comisión Europea, José Barroso. No demasiado lejos estaba Kofi Annan, ex secretario de las Naciones Unidas y su esposa finlandesa.

Tras la ceremonia, Guillermo y la nueva reina Máxima ya investidos regresaron al Palacio real, donde ofrecieron una recepción a las 18 miembros de las familias reales, a los legisladores, el Consejo de Estado, gobernadores, y primeros ministros de Aruba, Curazao y St Marteen, a las delegaciones extranjeras más el personal diplomático y otros dignatarios.

Luego irán hasta el Eye Amsterdam, un espectacular museo inaugurado por la ahora ex reina Beatriz en el puerto, para partir después en un paseo marítimo junto a sus hijas, escoltado por una caravana de barcos, para saludar a sus súbditos. Los holandeses bailarán hasta la medianoche para celebrar en la plaza de Dam la llegada de los nuevos reyes.







Cristina: "Tenemos al Papa, a la reina y también a Messi"

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se mostró contenta por la entronización de Máxima Zorreguieta como reina de Holanda. "Tenemos Papa, tenemos reina. Máxima tiene sangre argentina", lanzó. 



Para abrir un acto en Casa Rosada, la primera mandataria contó que "antes de venir para aca estaba viendo C5N. Estaba (el periodista Eduardo) Feinmann muy enojado por toda esta movida (la entronización de Guillermo y Máxima). Él decía que le importaba cero porque es holandesa".
"No es tan así, che. Nació en Argentina", argumentó. "Puede no gustarte la monarquía, pero tenemos Papa, tenemos reina. Máxima tiene sangre argentina", expresó Cristina para ganarse los aplausos del auditorio. "También a Messi", le gritaron. "Sí, a Messi, lo que pasa es que yo no soy tan futbolera, pero tenemos todo".
Cristina recordó que "cuando asistimos a la asunción del Papa se me acercó Guillermo y hablaba perfecto español. Máxima lo hizo hablar nuestro idioma a la perfección. Bien Máxima, bien Máxima", enfatizó.
Además, la Presidenta resaltó la presencia de Amado Boudou en la ceremonia -que fue abucheado por la comunidad holandesa en Argentina- y de Beatriz Rojkés de Alperovich, sobre la que bromeó que después de estar con la nobleza europea iba a mirar distinto a su esposo, el gobernador José Alperovich.

Cómo fue la gran ceremonia de los nuevos reyes de Holanda


Guillermo Alejandro ya es rey yMáxima ya es reina. Una majestuosa capa de terciopelo rojo y armiño para él, una reluciente tiara para ella, la calidez de los holandeses y la magnificencia de una iglesia del siglo XVII conforman las postales de la ceremonia ("inhuldigin") en la que los príncipes se convirtieron en reyes. Casi ningún republicano se atrevió a acercarse a la plaza Dam, abarrotada por 25.000 fervorosos adeptos a la monarquía, que convirtieron la asunción del rey en una gigantesca fiesta callejera, con cantos, bailes y música.


A las 14 horas (9 horas en Argentina), los nuevos reyes salieron del Palacio Real escoltados por cortesanos que llevaban el Estandarte Real y la Espada. Vestida de azul y luciendo la Orden de Guillermo, Máxima asistió a la investidura con una tiara dediamantes y zafiros que el rey Guillermo III le regaló a su segunda esposa, la reina Emma, con motivo de su boda, 1887. El nuevo rey vistió de frac, con la banda de la Orden de Orange cruzándole el pecho, y con el Manto Real (“Koningsmanteel”) sobre sus hombros, siguiendo la tradición que inició su antepasado el rey Guillermo I, al ser entronizado en 1815.

Minutos antes había llegado la reina Beatriz con sus nietas, las princesas Catalina Amalia, Alexia y Ariana, y los otros miembros de la familia real. En otro sector de la iglesia tomaron asiento los representantes de 18 casas reales de todo el mundo, entre los cuales estaban Carlos de Inglaterra y su esposa, Camilla; los príncipes de Asturias, Alberto II de Mónaco, la esposa del emir de Qatar, los príncipes herederos de Japón, Tailandia, Bahrein, Brunei, entre otros, y la esposa del rey marroquí.

En una ceremonia de una hora y media de duración, Guillermo Alejandro dio un discurso en el que agradeció a su madre su dedicación y pasó a prestar el juramento estipulado en la Constitución holandesa: “Juro defender y guardar con todas mis fuerzas la independencia y el territorio del Estado, proteger la libertad y los derechos generales y particulares de todos mis súbditos y emplear todos los medios que las leyes pongan a mi alcance para el mantenimiento y fomento de la prosperidad general y particular, tal y como viene obligado a hacer un buen rey. Que Dios me ayude”.

Acto seguido, el presidente de la Asamblea Unida de los Estados Generales, GodefridusJan de Graaf, aceptó el juramento y los delegados de los Estados de Aruba, Curaçao y Sint Maarten prestaron juramento de lealtad al rey, al igual que los 225 legisladores del parlamento holandés. Al término, el presidente de las Cámaras dio el tradicional grito “¡Viva el Rey!” que fue repetido tres veces por los parlamentarios y miembros del Gobierno.

Un heraldo salió de la iglesia para comunicar la entronización al pueblo, de la misma forma que se hacía en la Edad Media y los holandeses festejaron con un triple "¡hurra!". Guillermo Alejandro quedó convertido en el 7° rey de la dinastía Orange y el primer rey después de 123 años de un "matriarcado" a manos de tres mujeres: su madre, Beatriz, su abuela, Juliana, y su bisabuela, Guillermina. Según la tradición, la hasta ahora reina Beatriz se convirtió en "princesa" (y no en "Reina madre") y la princesa Catalina Amalia, de 9 años, en la nueva heredera, con el título de Princesa de Orange.

Aunque actualmente el 69% de los holandeses confía en que Guillermo Alejandro será un buen rey, hoy por hoy la monarquía holandesa enfrenta muchos cuestionamientos de parte de partidos políticos republicanos, en especial sobre sus costos. Sin embargo, el presidente del Senado holandés, Fred de Graaf, dijo a la prensa estar seguro de que que las ceremonias de entronización "reforzarán la institución" de la Monarquía. Refiriéndose al nuevo rey, De Graaf dijo en una entrevista que "es un hombre de una nueva generación completamente preparado para su nuevo papel", mientras reflexionó que "los holandeses han sucumbido a los encantos de Máxima: es inteligente, pragmática y de una simpatía arrolladora".

Esta popularidad se hace patente en los miles de holandeses que festejan hoy en las calles de Ámsterdam y de otras localidades, así como en los cientos que pasaron la noche a la intemperie para tener un buen lugar desde el cual ver la ceremonia. Las casas, edificios, vidrieras y calles de Ámsterdam están cubiertos de naranja, el color emblemático de la realeza, en forma de banderas, globos, souvenirs, tortas, carteles y gigantografías que conmemoran esta fecha.

Las fiestas empezaron temprano, con el lanzamiento de 101 salvas de cañón desde un buque de la Marina holandesa y continuaron en el Palacio Real, donde la reina Beatriz firmó su abdicación en presencia del primer ministro, Mark Rutte, y el Consejo de Ministros. La familia real salió posteriormente al balcón, donde Guillermo Alejandro dijo públicamente: "Querida madre: hoy has abdicado tras 33 años en el trono en los que te agradecemos todo lo que has hecho. En nombre de la reina (Máxima) y yo les agradezco todo el apoyo prestado a la corona".

Más de 800.000 personas inundaron los canales y plaza de la ciudad para el evento, que tendrá un coste de 11 millones de euros, según el ayuntamiento. Esta “marea” de color naranja demandó la presencia de más de 10.000 policías desplegados en la Plaza Dam y alrededores, donde hasta el momento 70 personas fueron arrestadas por desórdenes o por protestar fuera de los lugares especialmente destinados a las manifestaciones. Un paseo por el lago Ij en barco, conciertos, bailes, bandas callejeras, mercados y comidas típicas son los otros atractivos del día y que convirtieron a Holanda en un gran carnaval. Hasta el diario holandés "De Volkskrant", de origen socialista, manifestó su alegría: "La monarquía es una locura, pero no está mal".
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