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jueves, 20 de noviembre de 2014

Sobre la dignidad de Pepe Eliaschev

Qué caracteriza en común a todos los periodistas que merezcan el nombre de tales, al margen de las vías de comunicación que hayan elegido, sean ellas el papel, la radio o la televisión? El rasgo común que los caracteriza es la dignidad. ¿Y qué es la dignidad? La virtud que queda una vez que se han probado todas las demás. Pepe Eliaschev la tuvo. Por eso al recordarlo en el día de su muerte, necesitamos hablar de la dignidad del periodismo.


Por Mariano Grondona | LA NACION

La dignidad se pone en juego cada vez que el periodista se queda a solas frente a su micrófono, su cámara de televisión o su máquina de escribir. Cuando nadie lo mira ni lo juzga, salvo su conciencia. Es entonces cuando el reclamo de dignidad lo invade y no deja lugar, ya, a ninguna otra consideración subalterna. Sólo quien haya experimentado este tipo de soledad y hasta de desamparo, sólo quien la haya sentido día tras día en el curso de su jornada de trabajo, puede llegar a ser un auténtico periodista.
Muchos experimentaron la cercanía de Pepe en su condición de colegas. Otros tuvimos apenas la ocasión de escucharlo a la distancia, por ejemplo, en "Esto que pasa". A través de ella, fluía el inconfundible mensaje de Pepe. Inconfundible y no negociable. Y el verdadero periodista no es negociable porque lo que no puede negociar es, justamente, la dignidad de su "ser", de su identidad personal.
De alguna manera el periodista auténtico sólo habla consigo mismo. Por eso no se puede tergiversar. Aunque hable para multitudes, en el fondo es libre y está solo. Habla desde y para su conciencia. Para nadie más. Este rasgo bloquea automáticamente todo intento de malversación, toda vía de escape. En el caso de los periodistas auténticos, la transparencia es simplemente la condición irrenunciable de ser, simplemente, quienes son, sin que puedan mutar hacia otras versiones.
Y es por eso que las relaciones entre el poder y el periodismo conllevan ingredientes de conflicto. El Estado aspira a dominar. El periodismo aspira a decir. Si no dice lo que necesita decir, deja de ser. No existe en este terreno una zona neutra donde ambas visiones resulten finalmente compatibles. A la falta de libertad sólo sigue el silencio. Podríamos definir entonces al periodista auténtico como aquel que no podría ser inauténtico sin dejar de ser. Es decir, como aquel a quien no le queda otro remedio que ser el que es. Como aquel a quien no le queda ninguna otra vía de escape que, simplemente, la fidelidad hacia sí mismo. En algún momento de su carrera, en los oídos del auténtico periodista resuena la exhortación sanmartiniana "Serás lo que debas ser o si no no serás nada". Para un periodista auténtico, tampoco hay términos medios porque no le han dejado espacio para negociar en dirección de la mediocridad. O todo o nada. La existencia de estos seres constitutivamente insobornables es, por otra parte, la garantía de la libertad. Mientras haya periodistas auténticos, habrá libertad.
Se puede garantizar el ejercicio de la libertad de prensa mediante innumerables institutos y procedimientos. Ninguno igualará en ellos a la subsistencia pura y simple del periodismo por una razón que ya hemos invocado: que sólo la multiplicación de los periodistas auténticos garantizaría por ella misma la libertad de prensa.
A la hora de su muerte, pues, Pepe se ha convertido en un símbolo. Y este símbolo nos dice que, mientras haya muchos o incluso pocos como él, el futuro de la libertad estará garantizado. Y esto no porque Pepe o tantos como él hayan sido seres humanos superiores, sino porque su función es insustituible. El periodismo libre a veces incomoda. Pero, ¿qué haríamos sin él?
Hasta es posible, sobre todo, prescindir de todo elogio del periodismo libre sin dejar de reconocer por eso que lo necesitamos. La libre circulación de las informaciones y de las ideas, aun si fueran malas, sería necesaria. Hay muchas cosas en la vida que no nos gustan. Pero si prescindiéramos de ellas, descubriríamos que, sin embargo, las necesitábamos. Aun en sus peores versiones, ésta es la naturaleza del periodismo.
Lo necesitamos para las buenas y para las malas. Los ciudadanos no podríamos prescindir de él. Por eso es el merecido homenaje y reconocimiento a todos los que han honrado a nuestra profesión, para que otros, muchos otros, sigan su ejemplo.

martes, 18 de noviembre de 2014

Me siento orgulloso de la decencia con que he vivido

Es fácil imaginar a aquel niño periodista de diez años, con migajas en los cachetes de leicaj(pan de miel), preparado por sus abuelas rusas, escribiendo muy concentrado en un anotador. Corría el año 1955 y sus manitos redactaban la conmoción por la caída del gobierno del presidente Juan Domingo Perón.



por Pepe Eliaschev


José Ricardo “Pepe” Eliaschev encuentra aquel primer artículo amarillento en un anotador a mano. Entre los trazos infantiles recuerda lo que ya imaginaba que sería: un cronista, alguien que contaba historias. Porque eso es lo que hacemos los periodistas, dice, contar historias.
Esos años en los que solía escribir crónicas, imitando los medios periodísticos tras leer permanentemente los diarios, fueron el origen de una pasión, que luego mantuvo en las páginas de periódicos estudiantiles del Colegio Nacional. “Ya llevaba la criatura interna del periodista, algo que con los años me ha obligado a persuadirme de que definitivamente existen las vocaciones”, recordó.
Para Eliaschev, el periodismo era una artesanía, un oficio que se aprende ejerciendo. Durante cincuenta años emprendió ese labor. “Cuando comencé, cuando se me ofreció la primera posibilidad, me dijeron 'ése es tu escritorio', palabras puntuales de mis jefes de entonces. Me senté en ese escritorio, lo que tenía adelante mío era una Lexicon 80. No es una vitamina, ni un producto medicinal: Lexicon 80 era el modelo de las máquinas de escribir Olivetti que usábamos los periodistas, que usamos durante décadas”, explicó durante la entrevista. “Uno colocaba a mano una hoja de papel en el carrete de la máquina y comenzaba a sacudir las teclas para escribir su texto”, siguió.
Otro Pepe. A los diecinueve años el niño ya era un joven altanero que lucía traje, corbata, y unos bigotes típicos de la época. “El papel y la máquina de escribir fueron, en ese sentido, la cuna de mi oficio de periodista. Mi inolvidable editor de aquellos años (cuando yo era alguien que pretendía haber salido de la adolescencia, pero que era un perfecto adolescente) fue Enrique Raab, luego desaparecido durante la dictadura militar. Raab se sentaba conmigo en las escaleras de aquel piso de la calle Cangallo para corregir mis originales, porque no había lugar en la redacción, que era muy pequeña. Me corregía con un lápiz rojo”, contó. “Editar en las escaleras, papel, lápiz corrector: ése era el periodismo de 1964”, resumió.
Eliaschev nunca estudió periodismo. Decía que sencillamente tuvo el don. Opinaba que antes era muy diferente la manera de hacerlo, pero que es natural el proceso de cambio. “La transición existe siempre, la vida es una transición desde que nacés hasta que morís, la historia es una transición, la política es una transición. Es irreconocible, es otro planeta, otra galaxia. Empezando por la máquina de escribir, la televisión como hoy la conocemos (en el '64 estaba dando sus primeros pasos en blanco y negro, en materia periodística). Es el mismo oficio, la misma pasión pero en condiciones extraordinariamente diferentes. El punto de contacto es la pasión de informar, la pasión de enterarse, la pasión de poder devolverle a los otros una mirada un poco más organizada de lo que aparece como un caos cotidiano. Eso creo que sigue siendo lo mismo”, analizó.
“Las continuidades no son en sí mismas buenas o malas. Pero en particular, en el caso mío es algo bueno. Porque es demostración, no solamente de mi amor por el oficio, sino de mi constancia. Constancia que no es impuesta, no me levanto a la mañana y me digo tengo que ser constante, es natural en mi”, opinaba. Buena parte de su trabajo quedó condensada en su página web, que va a cumplir 20 años (presentada a fines de 1995) y en la que se encuentra un impresionante archivo de entrevistas, editoriales y trabajos.
Eso que pasó. La radio es el medio que marcó su carrera. En su autobiografía Me lo tenía merecido, le dedicó un capítulo titulado “Mi mejor novia”. En 1967 le llegó la oportunidad, con 22 años, de conducir un programa de 15 minutos por LS1 Radio Municipal, al que llamó ¿Y vos, quién sos?. Ese ocasional programa de entrevistas marcaría un destino. Durante la dictadura militar, exiliado, hizo corresponsalías para Radio Mitre. Trabajó también conduciendo programas de televisión, pero la radio pudo más. Consultado sobre aquellos años, recordó que en 1982 desde México se levantaba de madrugada para atender el teléfono: “Algo que nunca olvidaré por lo sabroso e inolvidable, atender en una cabina telefónica de la Avenida San Jerónimo de la Ciudad de México llamadas de la entonces Radio Argentina desde donde Fontana se comunicaba conmigo”.
Viajó, vivió en Italia, se exilió a Venezuela durante el gobierno militar, luego trabajó paraAssociated Press en Estados Unidos, finalmente vivió algunos años en México, y volvió a la Argentina con la democracia. Desarrolló un gran interés por los temas internacionales y en ese momento agradeció la presión de su padre para que estudiara inglés. A lo largo de su carrera escribió diez libros, algunos periodísticos y otros ensayísticos. Pepe Eliaschev hizo del periodismo un estilo de vida: “Ese apetito mío era la búsqueda de la verdad; la falta de temor ante los poderosos y la idea de que el mundo merece seguir teniendo periodistas, como yo quise serlo y como quiero seguir siéndolo hoy día”.
La gran muestra de su persistencia fue su programa Esto que pasa, que va a cumplir treinta años durante los cuales, pese a las dificultades y el paso por muchas emisoras, mantuvo el mismo espíritu. “El ingreso de un hombre a los 40 años siempre es un episodio fundamental. También lo fue para mí. Ese 1985 marca el nacimiento de Esto que Pasa”, reflexionó. Esto que pasa se transmite actualmente todos los días, de 19 a 21 horas en su versión por Radio Mitre, de la cual se siente orgulloso. Tiene un fuerte rasgo personal marcado por sus editoriales, y la elección musical. Porque la música era otro de sus gustos: “Yo soy romántico musicalmente hablando, me gusta la música del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Tengo grandes pasiones: Mendelssohn, Brahms, Schumann, obviamente Beethoven. Y anteriores Mozart, Vivaldi, Bach. Los grandes clásicos, me parece que ellos inventaron todo, y los disfruto muchísimo”.
Pero antes de llegar a esto el programa pasó por Radio SplendidRadio NacionalRadio Colonia, y FM Identidad.
“El 30 de diciembre de 2004, al terminar la última emisión de Esto que Pasa por Radio Nacional, recibo una llamada telefónica, de la entonces directora de la emisora, anunciándome en perfecto francés: 'Negro, c'est fini. Se terminó. La orden viene de arriba'. 'Arriba' era el Jefe de Gabinete del Gobierno, Alberto Fernández, quien había ordenado mi despido de Radio Nacional. Pero pude permanecer de pie. Pude pelear contra la adversidad y demostrar que si uno ejerce el periodismo con fe y confianza en los valores democráticos, en definitiva, los disparates de los autoritarios, son un tema menor en la crónica del tiempo”, resumió.
Sobre el último tiempo, consideraba que hay libertad para hacer periodismo. “No es algo que uno deba agradecerle a nadie, yo al menos no tengo que agradecerle a este ni a ningún gobierno. Es un legítimo derecho ciudadano. Lo que si hay es un clima amenazante, intimidatorio de parte del gobierno”, aclaró.
El cáncer como noticia. La foto que ilustra su programa diario en la página web de radio Mitre ya no parece del mismo hombre. El pelo más canoso, los rasgos marcados por la pérdida de peso…
Durante mayo debió ausentarse, a su pesar, de su trabajo en radio Mitre y en Perfil. A su regreso dedicó algunas palabras a sus oyentes y lectores:
“Los periodistas tenemos que informar, con palabras, con letras, con nuestro hermoso idioma, con la herramienta del castellano. Sí, efectivamente, quiero que lo sepan: me han sacado el páncreas y la vesícula. No es una operación sencilla. Quiero decirles que la recuperación mía va a ser progresiva. Ustedes me están escuchando telefónicamente hoy, me siento relativamente bien, dentro de la complejidad del cuadro; no tuve complicaciones, no hubo agravamientos. Por el contrario: me siento íntegro, pero… ¡muy magullado! Debo confesarles que, tras 50 años de oficio (porque comencé a ejercerlo allá por agosto de 1964) de alguna manera es como si el cuerpo hubiera dicho “un momento, todo bien con el periodismo, con el amor por la Argentina y su gente, pero el cuerpo tiene sus límites”, contó en ese momento.
“Claro que la perspectiva de muerte asusta. Por supuesto que la enfermedad asusta. Los seres humanos tenemos que ser, en ese sentido, muy directos, no digo valientes, pero sí muy frontales. El susto y la inseguridad disminuyen cuando uno se encuentra tan contenido, tan lleno de amor. Sin amor no se va a ninguna parte y yo soy en ese sentido muy afortunado, porque tengo ese amor y lo recibo a raudales. Soy un hombre que ejerce el periodismo hace 50 años. Me siento orgulloso de la decencia con que los he vivido y de mi apego a la noción ética de este oficio”, sentenció el periodista.
Las complicaciones en su salud no sólo cambiaron su aspecto, sino también su perspectiva de la vida: “La vida es imperfecta, es incomprensible, es misteriosa. Yo me caí, me di una piña importante y me estoy levantando”. “Viví toda mi vida como si no me jubilaría nunca, y yo no creo que termine de hacerlo nunca. Sí aflojar un poquito con el trabajo, cosa que este año tuve que hacer a la fuerza. En el sentido de reducir un poco la cuota de trabajo, un poco”, confesó.
“Esta profesión, que para mí no es otra cosa que un oficio, requiere de trabajo, y yo, en ese sentido, no tengo dudas en reivindicarme como una persona laboriosa. Requiere de continuidad, sin desmayos, sin desfallecer, mantener una curiosidad intacta como periodista; todo lo que sucede en el mundo y en mi país me importa y me suscita asombro como el primer día. Pero también es un oficio que tal y como lo he encarado, ha implicado una soledad grande. Ha sido la soledad de la independencia, la soledad de un orgullo a veces excesivo, pero sin el cual es imposible dar testimonio de veracidad en todo lo que uno hace. Hay que atreverse a recorrer los caminos de la soledad si uno quiere, en algún momento, poder mirarse al espejo y ver en sus propios ojos la percepción de una vida vivida con dignidad”, admitió.
Hacía el final de la entrevista, se le pidió que posara para tomarle algunas fotografías. Tomó un libro que tenía sobre el escritorio y lo abrió aleatoriamente con concentración. Tras unos segundos, preguntó: “¿Tengo que mirar a la cámara?”. En él todavía había algo del niño periodista, de aquel joven arrogante, que se transformó en un hombre orgulloso de su tarea pero también con una sombra de tristeza, como todo aquél que guarda recuerdos. “Nunca un ser humano es un solo ser humano, ¿no? Encima si uno es de Géminis, somos varios. Somos una especie de consejo de administración”, dijo mientras miraba a la cámara.

Beatriz Sarlo despide a Pepe Eliaschev: intensidad pasional

Todos los domingos yo abría PERFIL, buscaba las páginas del Observador y pensaba: “A ver qué escribió Pepe hoy”. A veces estaba muy de acuerdo, otras disentía. Finalmente, muchas semanas estaba en desacuerdo franco. Pero tenía que leerlo como la primera nota del diario.


Sé perfectamente lo que extrañaré esas notas de ahora en adelante. No sólo por la exuberancia de su escritura, con frecuencia agitada por el enojo: esos adjetivos enfilados que repetían, en sucesivas ampliaciones, el concepto; su gusto por trabajar más de lo habitual la frase y el párrafo; el talento para la invectiva. Eso: estoy segura de que extrañaré la cólera de las columnas de Pepe. Dejaba claramente expuestas sus ideas. Impartía juicios sobre todos los temas, que se convertían en una lava hecha de condenas, desprecio, impaciencia, valoración moral y política. Su intensidad pasional quizá no tenga sucesores.
A diferencia de muchos de nosotros, el estilo de sus contratapas era pasional. Pero con una originalidad: difundía una cantidad de información periodística pesada, inaccesible o muy difícil de conseguir, y a la vez no atenuaba la intensidad de sus opiniones. Se tratara de los conflictos en Medio Oriente o Europa o de los episodios de la política local, Eliaschev hacía siempre dos trabajos al mismo tiempo, posibles porque era un hombre culto en política internacional, sobre la que no se informaba en Google. No había abandonado el periodismo para convertirse en un comentarista con opinión camuflada ni en alguien que sólo baja línea.Sus opiniones mostraban el camino que las reconducía a información probada.
Por eso era tan fácil disentir con sus perspectivas y al mismo tiempo encontrarlas imprescindibles: porque la pasión y la cólera lo movían no como impulsos contrarios a su oficio de periodista, sino como resortes donde ese oficio se afirmaba y, al mismo tiempo, trascendía. Era imposible la indiferencia ante sus notas (o sus editoriales en la radio). Sin duda, tanto como fue colérico fue odiado. Y, tanto como odiado, respetado y temido. Por eso, en 2005, Radio Nacional rescindió su contrato. No era, por supuesto, la primera vez que se lo apartaba.
En la prensa gráfica, Eliaschev ponía en contacto dos puntos de vista: uno sobre los hechos que deben darse a conocer y otro sobre los valores sostenidos por el periodista que cuenta esos hechos. El espacio entre esos dos puntos de vista es una zona de inestabilidad y de peligro, porque la nota puede convertirse simplemente en pura opinión; pero hay también una zona de productividad, cuando la nota logra coser la fractura entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo valorativo y lo informativo. El equilibrio es siempre inestable. Eliaschev caminó durante décadas por la cuerda tendida entre esos dos territorios.

Alfredo Leuco recordó a Pepe Eliaschev

La muerte del columnista Pepe Eliaschev por un cáncer de páncreas a los 69 años conmocionó el mundo del periodismo argentino. Alfredo Leuco, amigo y compañero de profesión, recordó a su colega al aire en Radio Mitre: “Me parece que era uno de los grandes periodistas que dio la radio, sin lugar a duda”. 


En conversación con Jorge Lanata, habló de cómo recibió la noticia: “Conmovido, por supuesto, como todos. No sorprendido porque hemos seguido minuto a minuto y paso a paso sobre todo en mi caso. Fuimos viendo todo el deterioro que es maldito cáncer que todos los médicos dicen que es el más terrible le hizo”.
Leuco reveló que lo que más le sorprendió de Eliaschev fue su capacidad de improvisación a la hora de redactar: “Yo que escribo una columna de opinión diaria y siempre admiré a Pepe Eliaschev. Él hacía una columna de opinión diaria sin escribirla. Yo redacto todos los días columnas, y cuando vi que Pepe improvisaba su columna, que se anotaba tres o cuatro palabras en un papel y a través de eso improvisaba, me pareció realmente admirable porque lo hacia con una variedad de lenguaje y una profundidad de conceptos realmente impresionante”.
Según Leuco, a parte de “ese cáncer maldito que lo liquidó”, hubo “dos cosas que para mí son terribles y las padeció en democracia. La primera es la censura de este gobierno de Néstor Kirchner en su momento cuando él estaba en Radio Nacional”. “Eso a él lo afectó muchísimo, lo marginó de los grandes medios de comunicación, de hecho estuvo trabajando en algunas radios muy humildes, hechas prácticamente a pulmón hasta que luego tuvo la gran posibilidad de volver a Radio Mitre”, explicó.
La otra de las ”trapisondas realmente dolorosas que tuvo que soportar” fue cuando publicó en la tapa del Diario Perfil la primicia sobre la revelación del pacto de Timerman con Irán. “Lo combatieron, lo criticaron , lo maltrataron, incluso miembros muy importante de la colectividad judía que no podían creer esa información y que lo acusaron de operador político y otras cosas”, lamentó Leuco. 
Leuco recordó cuando Eliaschev estaba fuera de la televisión y él quería reformular su programa Le doy mi palabra incorporando columnistas de primer nivel para darle más jerarquía.: “Y dije '¿a quién puedo llamar para hacer internacional? ¡Pepe Eliaschev!' Pero me daba vergüenza, '¿cómo lo voy a llamar a Pepe para que sea columnista mío?'”. Durante los tres años que participó del ciclo “fue un aporte intelectual espectacular”, describió.
Uno de sus últimos encuentros fue durante la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando ambos acudieron para realizar desde allí sus editoriales. Mientras luchó contra la enfermedad “la peleó, y salía de la casa. Y venía a la radio todas las veces que podía.. Iba superando las quimioterapias y venía realmente golpeado y destrozado al estudio pero él quería estar haciendo todo esto que pasa. Creo que no hay una palabra mejor para definir a Pepe Eliaschev que periodista”, concluyó. 
Audio gentileza de Radio Mitre: 

Falleció el periodista Pepe Eliaschev

El periodista 'Pepe' Eliaschev falleció este martes (18/11) a la mañana tras sufrir una enfermedad terminante desde hace varios meses. Conducía el ciclo “Esto que pasa” por Radio Mitre. En mayo pasado había sido sometido a una operación que en principio había resultado exitosa, pero su cuadro empeoró. Según pudo confirmar la Agencia Judía de Noticias, el periodista y escritor dejó de existir esta mañana a los 69 años.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- El periodista Marcelo Longobardi, confirmó la muerte del periodista en Radio Mitre, esta mañana, junto con Jorge Lanata, quien recordó que trabajó con él en Página/12 durante el 1er año del matutino.
Estaba muy enfermo, la luchó hasta el final (…) Sus restos serán velados en la intimidad”, informó Longobardi. Antes, la Agencia Judía de Noticias había dado la información. Eliaschev tenía fuertes vínculos con la comunidad judía argentina.
El viernes 30 de mayo de 2014, 'Pepe' había regresado al aire de Radio Mitre tras someterse a una operación para combatir a su enfermedad. Así contaba su padecimiento ese día:
Muy buenas noches.
Les habla Pepe Eliaschev, con un enorme abrazo a toda la gente que ha estado cerca de mí en estas semanas. Aquí está comenzando, Esto que Pasa este 30 de mayo de 2014. Es el momento que he elegido para decir algunas cosas.
Naturalmente, no estoy en el estudio de Radio Mitre, al que siempre identifiqué y “mapeé” con el nombre y el número de la calle: General Lucio Norberto Mansilla, número 2668. Hablo desde mi casa, y quiero, como periodista, decir lo que tiene que decir un periodista, informar: estoy bien.
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Fui sometido a una operación muy importante y todo sugiere que fue exitosa. Importante desde el punto de vista de que me han abierto la panza y los cirujanos han hecho lo que tenían que hacer. Todo parece indicar que el rápido diagnóstico que se me hizo y la recuperación posterior han sido claves en que pueda permitirme aspirar a un futuro propicio, luminoso y fecundo.
Es un momento muy particular para mí.
Esto digo: los periodistas tenemos que informar, con palabras, con letras, con nuestro hermoso idioma, con la herramienta del castellano, Sí, efectivamente, quiero que lo sepan: me han sacado el páncreas y la vesícula. No es una operación sencilla.
La lista de agradecimientos y de reconocimientos que tengo que formular esta noche, tras esta larga y compleja peripecia, es enorme.
Quiero decirles que la recuperación mía va a ser progresiva. Ustedes me están escuchando telefónicamente hoy, me siento relativamente, bien dentro de la complejidad del cuadro; no tuve complicaciones, no hubo agravamientos. Por el contrario: me siento íntegro, pero… ¡muy magullado! Es natural: un tipo que mañana cumple 69 años no es una criatura.
Debo confesarles que, tras 50 años de oficio, porque comencé a ejercerlo allá por agosto de 1964, de alguna manera es como si el cuerpo hubiera dicho “un momento, todo bien con el periodismo, con el amor por la Argentina y su gente, pero el cuerpo tiene sus límites”.
Hay varias cosas que quiero decir en esta oportunidad.
Por empezar, encabezarlas con un agradecimiento muy-pero-muy-pero-muy-pero-muy especial al Sanatorio de los Arcos.
Primero que nada, en la figura de su director médico, el doctor Jorge Lantos. El Dr. Lantos es uno de esos médicos que uno imaginaba que ya no existen más. Pero existen médicos como Lantos: un profesional realmente descollante, no solo por lo que presumo que es su excelencia técnica (no tengo valores ni elementos profesionales para ponderar qué tan buen médico es, pero me da la sensación de que es “un capo”). Es, sobre todo, un ser humano de una calidez y una humanidad que uno pensaba que ya no existían.
Quiero agradecerle en la figura de Jorge Lantos a todo el equipo profesional del Sanatorio de los Arcos, que me han atendido como yo no me imaginaba que podía ser atendido un ser humano. Me corrijo: como debería ser atendido siempre un ser humano.
En ese sentido, permítanme declararme un privilegiado, porque, como he hablado con Jorge Lantos –un tipazo de aquellos, que escucha Radio Mitre, que escucha Esto que Pasa, como todos mis cirujanos, este tipo de atención debería ser para todos.
En la Argentina de hoy no existe para todos el tratamiento médico excepcional que yo recibí con una prontitud realmente impresionante, debería ser universal. Y, naturalmente, al equipo que me intervino, los médicos cirujanos Oscar Andriani, Gustavo Podestá y Ariel Fernández Campaña. Quiero enviarles a todos ellos mi reconocimiento, que ya se los he verbalizado personalmente, porque son unos realmente unos seres humanos fenomenales.
La Argentina produce excelentes médicos, médicos de excelencia, y lo que es más importante, lo que me han enseñado en el Sanatorio de los Arcos, es que no son “cirujanos médicos”, son “médicos cirujanos”; fundamentalmente, el centro de gravitación de ellos es la condición humana.
Quiero agradecer la presencia cálida, vital y formidablemente profesional del Dr. Gustavo Kliguer, médico especialista en nutrición. Y, desde luego, el soporte de siempre de mi médico de cabecera, el talentoso Dr. Guillermo Semeniuk, quien me “lanzó” a tomar una decisión rápida, fuerte y decisiva.
Quiero agradecer al departamento de terapia intensiva de Los Arcos, en su jefe, el doctor Alejandro Gómez, y desde luego a todo su equipo de enfermeros, kinesiólogos y asistentes.
Estas son las palabras que quería decirles hoy.
Me he sentido muy contenido; los mensajes de ustedes han sido permanentes, ¿Por qué no decir las cosas por su nombre?
Claro que la perspectiva de muerte asusta.
Por supuesto que la enfermedad asusta.
Los seres humanos tenemos que ser, en ese sentido, muy directos, no digo valientes, pero sí muy frontales. Pero el susto y la inseguridad disminuyen cuando uno se encuentra tan contenido, tan lleno de amor.
Sin amor no se va a ninguna parte y yo soy en ese sentido muy afortunado, porque tengo ese amor y lo recibo a raudales
En la parte profesional, agradezco por estas dos semanas de trabajo al equipo de producción de Esto que Pasa en la figura de Mariano Tabares y Federico Rodríguez, que han hecho una tarea realmente excepcional. Quiero agradecer a Tato Young, la gentileza y amabilidad de estar al frente de mi programa, y como va a seguir siendo unos días más; a mi querida locutora Nati López, y a mi formidable y excepcional equipo de columnistas, todos ellos trabajando a puro pulmón (hay que decir las cosas por su nombre, porque el que dice las cosas por su nombre no miente), la ingeniera Graciela Barreiro, Martín Hadis, Luciana Vázquez y Marcelo Birmajer.
Quiero agradecerle también a toda la empresa Radio Mitre, que se ha preocupado por mí: a Rubén Corda, a Jorge Porta, a Guido Valeri, con quien no puedo coincidir, puesto que no seré nunca hincha de Independiente, pero nadie es perfecto.
De esta manera, cierro esta apertura en el día de mi reincorporación parcial. Desde luego que en la lista de agradecimientos debo incorporar también a mi querido Alfredo Leuco, que ha ayudado mucho a que mi ausencia fuera, de alguna manera, paliada.
¿Cuándo vuelvo por completo a la radio? No lo puedo decir.
Intentaré, a partir del lunes 2 de junio, si la salud me lo permite y los médicos me autorizan, tener este contacto, que me permita preservar mi vínculo con ustedes.
Soy un hombre que ejerce el periodismo hace 50 años.
Me siento orgulloso de la decencia con que los he vivido y de mi apego a la noción ética de este oficio.
Quería decirles estas palabras. Gracias.

sábado, 10 de agosto de 2013

El editorial de Pepe Eliaschev sobre Víctor Hugo Morales

La agresión al CEO de Clarín, Héctor Magnetto, que tuvo lugar ayer luego de la audiencia de mediación con el relator Víctor Hugo Morales, mereció hoy un duro análisis del periodista Pepe Eliaschev, quien hoy opinó en su editorial sobre el tema.


La editorial de "Pepe" Eliaschev sobre la mediación judicial entre Víctor Hugo Morales y Héctor Magnetto. (Fuente: Radio Mitre)

¿Qué separa a la noción de opinión de la noción de afirmación injuriosa? ¿Cuándo un periodista puede decir de otra persona que es un ladrón, un asesino, un mafioso o un enemigo de la democracia y presumir, cuando ya no existe el delito de calumnias e injurias, como consecuencia no puede ir preso por sus opiniones, que con esas afirmaciones no esta dañando la reputación y honorabilidad de una persona?”, se preguntó Eliaschev.
Desde los micrófonos de radio Mitre, aseguró que “la progresía que reverencia a Morales como su nuevo ídolo no puede ignorar que Morales es un hombre millonario que ha hecho una fortuna incalculable con el negocio del futbol en la Argentina”, y agregó que “así las cosas, la audiencia de ayer fue ejemplo cabal del dislate en el que se ha caído en la Argentina, a propósito de la satanización de figuras y grupos empresarios como la encarnación del mal”.
“En el mejor estilo de los escrache, que este país ha conocido como modelo poco más que irreversible hace por lo menos una década, varios centenares de simpatizantes del gobierno con la corriente Tupac Amaru, con un grupo de comunicadores, periodistas y hasta actores”, describió el periodista, que calificó de “lamentable” la figura del actor Arturo Bonin “escarchándolo a Magnetto.
“No fueron a expresar una protesta, fueron para escupir, pegar y apretar, colocándolo al relator en una condición de víctima de la que él no es el más indicado para ser colocado”, sentenció.

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