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viernes, 8 de enero de 2016

Enrique Pinti habló de política: "El país y el mundo son tartamudos"

Enrique Pinti dio una nota en Radio 10 en la cual contó de qué habla en sus monólogos de Salsa Criolla, el espectáculo que protagoniza y en el cual hace un análisis profundo de la historia política argentina.


"En el monólogo hago una reflexión de lo que nos está ocurriendo. Ahora pongo el acento en que no hay que pelearse ni marcar la famosa grieta. Hay que tratar de armonizar, de sumar y no restar. Y que las discusiones sean importantes pero que nunca perdamos la posibilidad de conectarse con los amores y nuestros afectos", explicó el capocómico en diálogo con Javier Díaz, que está reemplazando a Baby Etchecopar.

"A mis 76 años he visto que muchos políticos cambian de posición, de partido, de ideología y me parece que pelarse con sus afectos por esta gente no sirve. Lo esencial pasa por otras pautas. No hay que pelearse a nivel personal", analizó.

Por su parte, fue muy claro al hacer énfasis y describir la realidad argentina y mundial a nivel político: "El país y el mundo son tartamudos. Cuánto más viejo estoy, más me conecto con la realidad mundial. Uno no puede resolver los problemas basándose en lo que pasa a dos cuadras de su casa o en la misma manzana. Las nuevas generaciones de políticos vuelven a meter las patas en el mismo agujero. Parece que no aprenden".

viernes, 2 de octubre de 2015

Milagros de amor

La omnipotencia, la vanidad, el egocentrismo y la soberbia son cuatro jinetes de un mismo apocalipsis que, cuando explotan, generan situaciones lamentables que modifican desfavorablemente no solo a quienes los cabalgan sino a los que caen bajo el influjo de esas acciones.


Enrique Pinti PARA LA NACION

Ocurre a menudo con gobernantes que, cegados por su poder, arremeten contra sus gobernados asfixiándolos con medidas extremas que se pregonan como necesarias para el bien común y que, muchas veces, resultan ser peores remedios que la propia enfermedad.

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En planos más domésticos, pero igualmente importantes, estas situaciones se presentan en padres autoritarios que oprimen a sus hijos hasta provocar tremendas venganzas filiales o, por el contrario, en padres ausentes, abúlicos e indiferentes que dejan a sus hijos a la deriva sin el menor apoyo moral expuestos a los peores desvíos. La represión y la indiferencia son las dos caras de la misma moneda o sea "solo me importo yo te ahogo o te abandono porque se me canta y chau".

Es muy difícil ponerse en el lugar del otro pero si no se hace al menos el esfuerzo de intentar ubicarse mínimamente en los zapatos del prójimo y escuchar otras voces y no solo la propia es muy probable que nos quedemos sordos, aislados y solos en medio de las tormentas de la vida.


Todo puede aprenderse, todo puede ejercitarse pero a cierta altura de la vida uno no se puede contar cuentos y fabular situaciones y actos que pueden ser políticamente correctos pero que quizás no estemos preparados para ejecutarlos de manera eficiente.

Ser padres, por ejemplo, puede parecer algo natural cuyo aprendizaje fluye normalmente entre prueba y el error y que regado por el amor, la voluntad y las ganas de vivir puede florecer exitosamente más allá de toda duda. Sin embargo, muchas veces ante numerosos casos de filicidios, abandonos injustificados y malos tratos tanto físicos como psicológicos, la primera reflexión que brota de nuestro sentido común es la de pensar que no todo el mundo tiene las condiciones básicas para educar, guiar, hacerse cargo y cuidar adecuadamente a los seres que han engendrado.


La soberbia no permite analizar nuestras falencias y límites. Podemos ser buenos amigos, excelentes maestros, maravillosos hijos pero eso no quiere decir que podamos ser los mejores padres. Y esto no es ni una tragedia ni una mutilación emocional, ni un estigma. Es una característica, un límite, una cualidad que no tenemos pero que podemos compensar con otras cualidades positivas en otros terrenos. El deseo de ser padres es un impulso humano loable, dar vida siempre lo es, y la lucha de hombres y mujeres por hacer todos los tratamientos médicos en casos de esterilidad o realizar los intrincados y burocráticos trámites para adoptar hijos son empresas entrañables, respetables y dignas de la mayor consideración. Pero también debemos respetar a los que, al no sentirse capaces de ser buenos en esa materia, eligen no asumir una misión tan delicada que cuando se ejecuta mal trae muchos más problemas tanto al padre irresponsable como, y esto es lo más lamentable, al hijo no deseado que hereda amargura y resentimiento. A veces, sin embargo, se producen milagros e hijos sorpresivos y no esperados logran hacer padres ejemplares capaces de descubrir el amor más grande.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Deportes

El deporte es una de las actividades más recomendables por lo que aporta en salud, energía y disciplina. Es fuente de creatividad, desarrollo físico y camaradería en los casos de actividades deportivas que necesitan equipos. Promueve la competencia, los deseos superadores y puede aportar inclusión social de personas con capacidades diferentes que pueden aliviar la sensación de marginaciones y desprecios que, a veces, las sociedades pueden cultivar desde el prejuicio. Claro que como todo lo bueno también tiene sus partes negativas, oscuras y hasta siniestras. Uno de esos aspectos es en los deportes que concitan multitudes y por lo tanto ofrecen grandes réditos comerciales, ahí las cosas se enturbian con corrupciones, barras bravas con conexiones políticas, aprovechamiento de gobiernos demagógicos que tratan de copar los eventos con abrumadoras propagandas fomentando fanatismos que colocan como "causas patrióticas nacionalistas" cada enfrentamiento deportivo.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Otro aspecto no muy positivo es la práctica de "alto riesgo", que provoca accidentes mortales, vidas juveniles arruinadas por terribles eventos que incluyen parálisis, cegueras y amputaciones. Sin olvidar las prácticas folklóricas que se toman como homenaje a las tradiciones milenarias que reviven actividades que están completamente fuera de contexto ya que datan de períodos primitivos de civilizaciones que han madurado y adelantado en sus formas y costumbres. La suelta de toros, novillos y vaquillas por estrechas calles en Pamplona donde hombres, jóvenes y hasta niños, en algunos casos, corren perseguidos por esos animales que han sido previamente encerrados y acicateados para ponerlos más furiosos y salvajes de lo que son habitualmente y que se transforman en bestias desaforadas que arrasan con lo que se les ponga por delante produciendo heridas, huesos rotos y a menudo muertes por cornadas incrustándose en los estómagos de los participantes.

Uno desde su lugar de civilización se pregunta cuál es el goce, cuál es la diversión y cuál es la gracia de dejar la vida en aras de una ceremonia macabra donde el maltrato va del hombre a la bestia y de la bestia al hombre. También surge la pregunta de si es tan necesario probar la fuerza del ser humano contra montañas, abismos y aguas plagadas de tiburones y pirañas. Desde luego que son decisiones personales tomadas libremente y como tal deben ser entendidas con aquel dicho andaluz "ca uno es ca uno y ca cual es ca cual", sólo que a veces nos causa un gran dolor ver a personas vitales y sanas rifar su vida, sus parejas, sus amores, sus hijos o sus amigos en estas piruetas peligrosas. Pero no hay nada que hacer, los seres humanos somos un enigma muy difícil de interpretar y comprender y a veces lo que a uno lo compensa, lo contiene y le significa el mayor goce a otro no le mueve un pelo o directamente lo fastidia y le parece una lamentable pérdida de tiempo.
Lo cierto es que el deporte sigue siendo una actividad más ligada a la salud que a la enfermedad y además sirve de goce y esparcimiento a inmensas mayorías que proyectan en el triunfo de sus ídolos sus propios deseos de superación.
De todos modos sería mejor fomentar las actividades deportivas que impliquen la camaradería, la competencia sana, el trabajo en equipo y el placer de poner tu cuerpo y alma en causas nobles y solidarias y sobre todo canalizar sus vocaciones y sus sueños antes de que las frustraciones conviertan a los soñadores en resentidos y sin duda el resentimiento es el peor deporte que se puede practicar.

sábado, 8 de agosto de 2015

Campañas

Los que pertenecemos a la generación que tuvo que esperar años y años para poder tener la opción del voto democrático para elegir a los que por mayoría iban a ocupar puestos clave en el gobierno tomamos cada acto eleccionario como una fiesta donde ejercemos el derecho de probar, con todos los posibles resultados que no siempre son la concreción de nuestros deseos pero que, al menos, nos permiten aprender de nuestros errores para modificar en la próxima ocasión nuestras opciones y tratar de cambiar lo que está mal y conservar lo que está bien.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Claro que como nada es perfecto hay que aguantar las campañas electorales, escuchar los distintos lemas y emblemas partidarios, soportar esas caras retocadas con todo tipo de HD, colágenos y botox habidos y por haber y ver cómo, para captar a los sectores mayoritarios, se hacen los populares quienes en realidad son bacanes y cajetillas, cómo se hacen los intelectuales los que son brutos y básicos, cómo las izquierdas se radicalizan, cómo los radicales se transforman y se mezclan en alianzas de triste recuerdo y cómo todos coinciden en "salvar al país" sin especificar qué clase de cambio proponen y, lo más importante, cómo van a instrumentar esos cambios.
La educación, la salud, la seguridad están en el tope de las propagandas pero nadie aclara suficientemente el modo y la manera en que esos ítems tan importantes se concretarán. Es un "votame y verás", una ruleta, muchas veces ruleta rusa, donde la bala mortal está en el cargador que sólo ellos conocen o una apuesta a punto y banca con cartas mezcladas por las manos no siempre limpias de muchos políticos con antecedentes tan dudosos que no dejan lugar a dudas.
Nuestros cerebros están atormentados por grandes problemas que van desde la imperiosa necesidad de subsistir si pertenecemos a clases vulnerables y vulneradas con desempleo, trabajo precario en negro o, peor aún, viviendo de dificultosas maneras como la mendicidad o el plan social con duras exigencias y presiones políticas, a la necesidad de conservar lo que tanto costó obtener mediante trabajo, esfuerzo y ahorro conservando en la memoria experiencias de corralitos y corridas en crisis donde se salvan los bancos en detrimento del pueblo, sin olvidar a sectores privilegiados de gran poderío económico que necesitan hacer prevalecer su categoría y sus arcas por sobre cualquier otra cuestión.
Todos votamos, a todos nos necesitan, pobres, clase media, clase media-acomodada, ricos, oligarcas y super millonarios. Nuestro voto suma y vale por lo tanto los candidatos necesitan seducir con cualquier arma prometiendo justicia social, respeto a las conquistas logradas y seguridades que van desde el orden público a la tranquilidad para pymes, inversiones locales y extranjeras y alineamientos con el mundo teniendo en cuenta a Estados Unidos, la Unión Europea, sin descuidar "por si las moscas" al gigante asiático, la Rusia "putinesca" los "países emergentes" y los hermanos latinoamericanos haciendo equilibrio entre modelos muy diferentes.
Por todo esto y mucho más, cada acto eleccionario reviste una importancia suprema y no debería ser resuelto a la ligera pero somos humanos y tenemos limitaciones. No todos tienen perspectiva histórica y real firmeza en sus convicciones que cambian por cuestiones cotidianas importantes en un aspecto pero que no deberían ser el único motivo de nuestra elección. A veces es más importante ponderar, más que unos transportes, trenes y obras contra inundaciones, la filosofía de vida que proponen desde los afiches azules y blancos, amarillos o color naranja vestidos con impecables chaquetas o supuestas ropas de obreros.

viernes, 31 de julio de 2015

Elecciones no tan generales

La violencia no da tregua y en un mundo convulsionado por enfrentamientos de toda índole y crisis de diverso origen podemos observar estos fenómenos explotando cotidianamente en países de características diferentes, variadas etnias y costumbres de muy distintas raíces.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Hay cantidad pavorosa de robos, atracos, violaciones sexuales, asesinatos políticos, homicidios por celos, accidentes viales provocados por imprudencia, alcoholismo, ajuste de cuentas de bandas de narcos, mafias deportivas, justicia sobornada por redes delictivas, gobiernos cómplices en las peores corrupciones, descontrol en la venta de armas, justicieros por mano propia, linchamientos, violentas represiones a supuestos o reales delincuentes teñidas de racismos, cárceles de países desarrollados repletas mayoritariamente de personas de raza negra o pertenecientes a países sub desarrollados cuya precaria situación social y económica los hace convertirse en inmigrantes indocumentados, terrorismos con máscaras religiosas que esconden viejas revanchas por abusos y saqueos cometidos siete u ocho siglos atrás y demás desgracias esparcen por el mundo sombras de tragedia, enfrentamientos crueles, guerras interminables y desastres ecológicos debidos en gran parte a la indiscriminada desproporción de especies y reservas en aras de un supuesto adelanto tecnológico.
Ante esta catarata de desmanes y aberraciones los humanos nos enfrentamos al diario vivir con un ánimo consciente o inconsciente de ser sobrevivientes de tanto cataclismo viviendo de ilusiones y refugiados en nuestros afectos y valores individuales.
En medio de este turbulento mar lleno de corrientes frías o calientes con olas que van desde la calma al tsunami, cada tanto tenemos que elegir (los que todavía podemos votar) nuevos gobiernos y tanto el argentino preocupado por el dólar blue, el griego encerrado en un Partenón en forma de corralito, el norteamericano aterrado por las múltiples amenazas que como primera potencia mundial recibe diariamente frente al acercamiento a Cuba e Irán, el intento de socializar la medicina y la proliferación de muertes por abuso de armas al alcance de millones de personas, el español entre una derecha ajustadora, un socialismo ambivalente y un "Podemos" enigmático y, para muchos sospechosamente populista, el brasileño entre la decepción, la crisis y la vuelta a un pasado no muy halagüeño y en fin todos los países del orbe se encuentran en la encrucijada de seguir con los que los llevaron a estas situaciones, cambiar radicalmente saltando al vacío u optar por soluciones mixtas que juntan lo peor y lo mejor de propuestas ya probadas sin resultados totalmente positivos.
Y es en estos momentos de decisión cuando los seres humanos no tenemos otro remedio que quedarnos con lo menos malo y no necesariamente con lo mejor porque esas opciones pasan por lo que menos perjudique nuestra individualidad más estrecha y egoísta. Por ejemplo (ejemplo algo burdo pero definitorio): "Voto por tal partido porque gracias a unas obras mi barrio no se inunda". ¿Y los otros barrios que sí se siguen inundando? "¡Ah, no sé, que voten por otros!". El "yo, argentino" traducción local del Poncio Pilatos bíblico que se lavó las manos y mandó a Cristo a la muerte prevalece en medio de los gravísimos desastres generales. Nadie puede arreglar el mundo si antes no arregla su casa.

viernes, 24 de julio de 2015

Justicia en tela de juicio

En estos tiempos revueltos, llenos de contradicciones, las eternas pasiones humanas entran en ebullición de manera agresiva, abrupta y, muchas veces, con desproporcionada violencia. La falta de seguridad ciudadana provoca en una parte considerable de la sociedad un deseo de venganza por medio de la justicia por mano propia que pone al descubierto prejuicios de toda índole que subyacen en la mente colectiva aún en tiempos más pacíficos y tranquilos, pero que irrumpen con furia inusitada ante la falta de respuestas desde los poderes públicos que no siempre actúan preventivamente con firmeza pero sin violencia para evitar mayores males.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

La Justicia reclama respeto, pero no siempre se conduce con transparencia suficiente como para que no brote en la población aquella frase del "Martín Fierro": "Hacete amigo del juez, etcétera, etcétera".
En efecto, son frecuentes los "carpetazos", "aprietes" y "arreglos bajo cuerda" y eso, más tarde o más temprano, erosiona la imagen que ilustra la imponente estatua de la gran dama vestida con túnica impecable con una balanza equilibrada en una mano firme y los ojos vendados para indicar imparcialidad. Por supuesto que hubo, hay y habrá fallos justos, reivindicativos de la honestidad y hostiles al crimen, pero la sospecha de parcialidad y "chanchullo" sobrevuela aquí y en todo el mundo las decisiones judiciales. Y no hay nada que hacer, el respeto se construye con el buen accionar y la honestidad. Padres, madres y maestros pueden conseguir el respeto de sus hijos y/o alumnos viviendo en forma coherente con las ideas que enseñan y, si bien se dan casos de hijos admirables que vienen de padres espantosos, lo más frecuente es que de la buena madera broten los retoños más sanos.
Por lo tanto, urge la autocrítica de todos los sectores para poder intentar ver alguna vez en el túnel de interminables atropellos y negocios turbios nunca aclarados. El estado de permanente sospecha de tráfico de influencias para eximir de culpa a los que ostentan el poder que luego, al perderlo por las buenas o por las malas, son vilipendiados públicamente para volver más tarde o más temprano a tener poder con delitos que se olvidan o prescriben o que pueden eludir con fueros de impunidad refugiados en bancas parlamentarias que les sirven de "escudos anti-juicios molestos". Y la calesita seguirá girando con la sortija vedada a los que menos influencias puedan obtener.
El tema no es menor, porque las pequeñas decepciones sumadas producen efectos sociales de desconfianza en las instituciones que pueden resolverse tomando caminos equivocados. Uno es el de la indiferencia "cambalachera" de "lo mismo un burro que un gran profesor", el otro es la violencia prepotente y patotera del "esto lo arreglo yo a patadas" o, peor aún: "Yo saco un fierro y lo mato". No nos queda otra que exigir nada más y nada menos que transparencia pero transparencia de la honestidad y el cumplimiento estricto de la ley, que además tenga en cuenta los factores humanos, sociales, políticos y económicos que condicionan a los hombres y los empujan a acciones delictivas. Justicia sin venganza, castigo sin sadismo y compensaciones sin resentimientos. Difícil equilibrio muy complejo para poder simplificarlos con frases hechas y prejuicios oscuros.

viernes, 17 de julio de 2015

Apolo y Venus

Desde los remotos tiempos de la Grecia clásica el cuerpo humano fue objeto de exaltación, inspiración artística, idealización de un canon de belleza y objeto erótico que incluía lo femenino y masculino y que atravesó siglos y culturas inventando términos que aludían a deidades greco-romanas como Apolo y Venus, representantes de la atracción sexual mientras que un regordete Cupido con arco y flecha asumía la corporización del amor, el romance y, a veces, el matrimonio, institución no siempre necesaria en tiempos paganos e imprescindible en épocas judeo-cristianas. Pero con el correr del tiempo y la historia al introducir el concepto de "pecado original", motivo de expulsión del paraíso de nuestros padres bíblicos Adán y Eva, la desnudez dejó su inocencia y se transformó en la incitación a la lujuria; la costilla del hombre, como se denominó a la mujer (concepto que hoy suena a un machismo aberrante), era más culpable que el macho tentado por la repugnante serpiente que comía la manzana.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

¡Pobre fruta hoy recomendada por los dietólogos más reputados como alimento saludable! O sea que Adán era una víctima de un reptil y un fruto y Eva la depositaria de la infame tentación. A partir de ese concepto simbólico pero rotundo el cuerpo desnudo o semidesnudo comenzó a ser censurado no obstante lo cual los grandes maestros de la pintura y la escultura renacentistas volvieron a revalorarlos alternando vírgenes, santos y angelitos con rotundas nalgas, senos no tan protuberantes como los de las vedetongas siliconadas de nuestro cambalachesco siglo veintiuno pero senos al fin y hercúleos efebos de pectorales grandes y penes pequeños para no ofender pudores ni incitar a señoras y señores dignos a hacer disparates sexuales. Disparates, dicho sea de paso, que se siguieron perpetrando porque los impulsos humanos que llevan al deseo y a la explosión del erotismo a través de variados sentimientos que van desde la pureza más romántica a la lujuria desenfrenada, son irrefrenables y por más represión que exista emergen en todas las circunstancias de la vida. En medio de guerras, revoluciones, hambrunas y desastres los seres humanos no pierden el deseo, pueden aminorarse las apetencias, condicionarse pero nunca desaparecer.

Esta especie de "ensalada sensorial" ha confundido y sigue confundiendo a la raza humana que, al ser o pretender ser "racional", divide esas sensaciones en amor, romance, matrimonio, fidelidad, decencia, privacidad, apariencia, sexo sin amor, amor sin sexo, sexo tántrico, autocomplacencia, masturbación concreta o virtual y "sombras de Gray" variopintas y rebuscadas.
La publicidad gráfica ha jugado en los últimos dos siglos con la atracción del cuerpo femenino para promocionar ropas, gaseosas, dentífricos, muebles de cocina, desodorantes, perfumes y preservativos y, en los últimos sesenta años, han incorporado cuerpos masculinos torneados, musculosos, estilizados o andróginos para todo tipo de productos. O sea que la batalla de los sexos está bastante pareja y si bien la mujer está cosificada desde muchos años antes que el hombre, hoy en día se sigue apelando al sexo, los anglo-sajones hace siglos que denominaron "sex-appeal", a eso que en castellano es "apelar al sexo". Es lógico que para publicitar un dentífrico se muestre una dentadura espléndida y para hablar del perfecto calce de un calzoncillo se exponga un cuerpo masculino proporcionado. Lo que suena ridículo es que para promocionar un aceite de oliva se muestren tetas y para una crema de afeitar se recurra a un culo masculino depilado. Las cosas en su sitio y el sexo en paz.

viernes, 10 de julio de 2015

Mentiras gordas, memorias flacas

En medio del torbellino preelectoral el pueblo escucha pronósticos, asiste a debates mediáticos, oye insultos, denuncias, descalificaciones y mensajes contradictorios que por un lado instan al recuerdo de errores del pasado y por otro piden olvido y superación pensando sólo en el futuro, o sea pasar página. Lo grave del caso es que muchos candidatos ordenan pasar página sin haberla leído, lo cual es sinónimo de vista gorda y memoria flaca, combinación letal para la conciencia ciudadana. No se trata de vivir atados y anclados en un pasado nefasto o idílico según los casos sino de comprender que muchas veces el pasado nos marca el presente y nos proyecta hacia el futuro.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Cuando sentimos malestares corporales y experimentamos sensaciones físicas fuera de lo normal acudimos a un médico en busca de diagnóstico y ¿qué nos pide el facultativo? Historia clínica. Él necesita saber todo lo que nos pasó, lo máximo que pueda conservar nuestra memoria complementado y ayudado por tratamientos anteriores que muchas veces han sido cumplidos en etapas muy tempranas en nuestra existencia. Aquellos que no han buceado en los orígenes del mal se encuentran frente a males que podrían haberse evitado.
Así como el cuerpo necesita memoria para prevenir horribles consecuencias, de la misma manera el "cuerpo social" necesita memoria histórica para no caer en trampas demagógicas derivadas de la extraordinaria habilidad del poder político, tanto oficialista como opositor, para conseguir el favor popular proponiendo cambios y/o continuidades que en la mayoría de los casos no exceden las promesas rimbombantes de una realidad manipulada para convencer al soberano de que todo está tan bien que para qué cambiarlo o que todo está tan mal que sólo nos salvará un cambio.
El problema está en qué cambio y de qué forma concreta se puede realizar o qué es lo que está tan bien que no admite la menor modificación sino, por el contrario, lo que se impone es la profundización del proceso. Mientras la catarata de denuncias, renuncias, cambio de candidatos, modificación de tácticas y utilización de medios de comunicación para llevar harina a cada costal, se intensifica con ferocidad digna de mejor causa, el pueblo se debate entre el fanatismo militante y la indiferencia total pasando por la valoración parcial y prejuiciosa más de personas que de verdaderas ideas.
Las encuestas favorecen o desfavorecen a candidatos con variaciones semanales debidas a episodios, escándalos y frases desafortunadas que actúan como detonantes de subas y bajas que no representan cabalmente el real y profundo pensamiento del votante. El cuarto oscuro y sus cientos de boletas, alianzas, mezclas, nombres, caras sonrientes, apellidos conocidos o ignotos y listas no aptas para chicatos, se asemeja más al "cuarto rojo" del "Gran Hermano" televisivo que a una verdadera opción ideológica democrática. Carisma, frases, amenazas y tremendismos pasan por las mentes de los ciudadanos que muchas veces apelan a su memoria, generalmente muy corta, para decidir su destino y nada se terminará de definir positivamente si olvidamos "cómo nos fue en la feria" bajo gobiernos de estatizaciones forzadas, privatizaciones fraudulentas, corralitos siniestros, cepos, inflaciones, deflaciones y mentiras muy gordas para memorias flacas.

sábado, 4 de julio de 2015

Heridas viejas, prejuicios eternos

Las idas y vueltas de la historia producen heridas en el cuerpo social que tardan siglos en cicatrizar y que provocan reacciones a veces violentas generando rencores que, cada tanto, resurgen y dan pie a polémicas que, sacadas de contexto, pueden parecer exageradas.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

La esclavitud a la que fue sometida la raza negra (por poner un ejemplo entre muchos otros) durante siglos y siglos que se efectivizaba mediante el rapto y secuestro en masa de personas que eran arrancadas de sus países por traficantes de esclavos, encadenadas y trasladadas en condiciones infrahumanas en barcos sin la menor higiene y desembarcadas en territorios desconocidos donde no se hablaba el idioma de los raptados y donde se los explotaba en trabajos forzados con brutales castigos para los rebeldes y mal trato, en general, hasta para los más sumisos, con esclavitud sexual sin consentimiento aplicada mayoritariamente a las mujeres incluyendo a menores de edad, provocó luchas, guerras, rebeliones reprimidas con crueldad sin límite y persistió a pesar de ser declarada ilegal y prohibida expresamente desde las constituciones vigentes en estados supuestamente democráticos e igualitarios.

En pleno siglo veinte en África a pesar de la lucha de Nelson Mandela , y en Estados Unidos pese al intenso activismo de Martin Luther King, siguieron presentes prejuicios y atropellos contra los negros eufemísticamente llamados "afroamericanos" para cumplir con una corrección política puramente formal. Hasta en la última entrega de los Oscar, en febrero de 2015, dos músicos ganadores del premio a la mejor canción destacaron en su discurso de agradecimiento la enorme desproporción de presos "afroamericanos" en las cárceles estadounidenses y deploraron el estigma de "delincuentes por excelencia" endilgado a esa raza.
Muchos ignorantes de mente estrecha critican esta posición acusando de racistas a los otrora prejuiciados y aducen que ese tema ya está superado por el hecho de tener un presidente negro y muchos fiscales, jueces, abogados, actores, músicos y demás profesionales que ostentan con libertad su color de piel. Esos mismos ignorantes se burlan y critican a otras minorías (homosexuales, lesbianas, trans, travestis y demás variantes) diciendo tonterías como: "¿Por qué tienen que festejar el día del orgullo gay?" ¿Acaso nosotros los heterosexuales festejamos el día del orgullo hétero?" No, claro que no, lo que deberían festejar es la alegría de no tener que festejarlo, de vivir dentro de lo socialmente aceptado e impuesto por la "legalidad" otorgada por la costumbre y la prepotencia mayoritaria. Nadie festeja lo que tiene como esencia y creencia si lo puede ejercer sin presiones, persecuciones y represiones.
Si los judíos, armenios, turcos , negros, homosexuales, amarillos, rojos, enanos y discapacitados no hubieran sido torturados, quemados, esclavizados, azotados, internados en campos de concentración y sometidos a genocidios y abusos, seguramente no existirían días de conmemoración, paranoias de persecución, delirios de grandezas como respuesta lógica al avasallamiento de características de raza, color, nacionalidad o conductas sexuales que en casi todos los casos son marcas de fábrica que los seres humanos no podemos modificar. El patético caso de Michael Jackson blanqueando su hermosa piel oscura es un ejemplo de lo que pueden hacer los prejuiciosos, alcahuetes, ignorantes e hipócritas.

viernes, 26 de junio de 2015

Crueldad mental

Desde la más tierna infancia este ahora vejete que aquí escribe solía leer en las revistas dedicadas al mundo del espectáculo que tal o cual estrella de Hollywood se divorciaba aduciendo ante los juzgados pertinentes como causal de separación "crueldad mental". En aquellos tiempos no se entendía bien el concepto y se atribuía a esas glamorosas estrellas frivolidad y ligereza moral. Claro, en países donde no estaba legalizado el divorcio y se consideraba que "lo que Dios unió sólo Dios puede separar" se asumía que el matrimonio era sagrado y que por lo tanto se asemejaba a una cadena perpetua donde los cónyuges tenían la obligación moral de soportar desprecios, abusos verbales, palizas, engaños, presiones, cuernos y demás agresiones físicas y psicológicas. Desde luego que no todos aguantaban estoicamente tantos horrores y las separaciones de hecho eran abundantes, pero la situación estrictamente legal era absolutamente desfavorable en países donde la iglesia no estaba separada del Estado y la religión era oficial aunque se admitía la libertad de culto.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Estas reglas contradictorias y semi-esquizofrénicas permitían algo prohibiendo otros "algos" que en realidad debían ser complementarios y no opuestos. Si soy libre de profesar ciertos cultos y también puedo optar por no profesar ninguno ¿por qué no puedo tener legalidad absoluta para mis opciones de vida si con ello no robo, ni violo, ni mato?.

Así millones de seres humanos debían callar, aguantar, minimizar y disimular situaciones miserables y patéticamente desagradables en aras de la protección de la familia y el respeto a los hijos, hijos que en muchos casos se veían perjudicados psíquicamente al presenciar insultos, desprecios y violencia verbal en el seno de sus hogares. La hipocresía social y la doble o triple moral destruyeron muchas vidas y se ejercía la entonces llamada "crueldad mental" entre matrimonios. Hoy a eso se lo denomina violencia de género pero, modestamente, no es descabellado llamarla violencia a secas pues mujeres y hombres pasan por parecidos calvarios.
Todos sabemos que hay víctimas y victimarios y que por la organización machista de nuestras sociedades las mujeres son las que sufren más atropellos y están sometidas a mayores peligros, pero la mala convivencia es producto de situaciones de oscuras raíces y múltiples motivos. Ahora hay divorcio, separación de bienes y custodias parentales compartidas y regimentadas por disposiciones judiciales pero el egoísmo, la codicia, el resentimiento y el deseo de revanchas y venganzas surgidas de la bronca, la irracionalidad y el ego siguen produciendo efectos muy negativos para los hijos, víctimas inocentes de tanta estupidez.
La crueldad mental que nos parecía sensacionalismo hollywoodense de estrellas millonarias que habitaban palacetes de Beverly Hills sigue siendo hoy la causa principal de conflictos en los que seres humanos pierden su dignidad; también convierten la vida, esa única vida que tenemos y que despreciamos como si fuera eterna, en un infierno y, lo que es peor aún, perjudican la vida de los supuestos "frutos del amor". Y no son sólo los mediáticos televisivos como tampoco eran sólo los famosos de Hollywood, miles de matrimonios terminan como aquella inolvidable "Guerra de los Roses" que acababa con la muerte de los esposos que hicieron del amor, odio y del enamoramiento, encono mortal.
Todo nace de los prejuicios sociales y de la presión de doctrinas y religiones que propugnan amores eternos totalmente improbables, absolutamente excepcionales y que deberían convertirse en bellos recuerdos y no en peligrosas obsesiones, dictadas por el egoísmo y la equivocada teoría de la posesión de otro ser humano que no nos pertenece.

viernes, 19 de junio de 2015

Estado de sospecha

Vivimos tiempos de sospechas, espionajes, descontroles, represiones, extremismos, permisividades peligrosas en algunos lugares del planeta que se contraponen con retrocesos medioevales en otros. Países donde las mujeres llegan a presidentas o ministras y, al mismo tiempo, son asesinadas impunemente por sus parejas; libertad a niveles de libertinaje en las redes sociales que permiten la pedofilia, el asesinato, el vaciamiento y adulteración de cuentas bancarias y hasta han llegado a propiciar la anorexia, la bulimia y el suicidio entre adolescentes que también pueden ser abusados sexualmente en matinés bailables o, incluso, acceder voluntariamente a ser manoseados en peligrosos juegos de seducción que poco o nada tienen que ver con una conducta sexual sin prejuicios sino que engendran prácticas que conducen a la muerte. Todo aderezado con drogas duras y alcohol sin la menor moderación.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

El mundo se ha convertido en un gigantesco "gran hermano" sin la menor privacidad por un lado y con secretos de Estado más secretos que nunca. O sea que para el ciudadano común y corriente hay brutal exposición a todos los niveles y para grandes sectores del poder reina el más absoluto silencio. Las grandes mafias controlan cuanta guerra tácita o declarada estalle en distintos lugares de nuestro universo y frente a la indefensión de grandes mayorías tenemos las más estrictas normas de "seguridad" que sirven de carta blanca a todo tipo de abusos de autoridad.
También es cierto, y todo hay que decirlo, las sociedades difunden sus pesares, reclamos y exigencias por medio de las redes sociales que permiten una información rápida que se desparrama por todo el mundo con una velocidad nunca vista en tiempos anteriores.
Quizás estemos en tiempos de transiciones drásticas y veamos solamente la punta de un iceberg que poco a poco vaya revelando sus verdaderos alcances y sus más profundas consecuencias. Y así como en la antigüedad las pestes, los fenómenos atmosféricos, las enfermedades mentales y las deformidades corporales eran calificadas como "castigos divinos", "obra de brujerías" o "maldiciones bíblicas" sumiendo a la humanidad en desorientaciones que generaban horrorosas e incoherentes cacerías humanas y persecuciones religiosas de un fanatismo irracional, el tiempo, la ciencia y los adelantos tecnológicos fueron explicando las razones de esos y otros males. Pero junto a esos progresos aparecieron o mejor dicho reaparecieron tabúes y fanatismos creados y madurados a la sombra de intereses materiales y ansias de supremacías de raza, colores y religiones que volvieron a ser las máscaras más o menos sagradas de la vieja y viciosa ambición de poder.
Este y otros fenómenos con rostro moderno y raíces antiguas nos han llevado al permanente "estado de sospecha" engendrador de teorías conspirativas que propician la creación del enemigo necesario para estar siempre en guardia con el consabido beneficio material de los traficantes de armas, drogas y trata de personas. Junto a tanto desbarajuste, por suerte, también hay grupos de seres humanos que buscan no ahogarse en ese mar de horrores y siguen predicando con su ejemplo de vida las ventajas del adelanto y la convivencia civilizada. La lucha es ardua pero siempre valdrá la pena.

viernes, 29 de mayo de 2015

El humor todo lo puede

En el año 1959, una comedia alocada y frenéticamente divertida sacudió la monotonía ramplona de un género que después de haber dado títulos magistrales mostraba signos de estancamiento rutinario, convirtiéndose en un clásico instantáneo. Su nombre es "Una Eva y dos Adanes" en su traducción para la Argentina ( en España se llamó "Con faldas y a lo loco", mientras que en su original inglés se conoció como "Some like it hot" aludiendo al hot jazz de moda en los años veinte y con el doble significado de "caliente" por hot, o sea, "a algunos les gusta caliente") estos guiños traviesos y picarescos debidos al gran especialista Billy Wilder, europeo de nacimiento y crianza y norteamericano por adopción por causa de su exilio debido al nazismo que lo obligó como a tantos a huir de su lugar natal, fueron las inteligentes vueltas de tuerca para burlar la rígida censura que desde 1933 se había instalado en la pujante industria cinematográfica norteamericana con el nefasto "código Hays", que prohibía, entre muchos otros ítems, mostrar la homosexualidad.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Algunos creadores habían logrado insinuar ciertos comportamientos "dudosos" disfrazándolos con caracteres grotescos y presuntamente cómicos en mayordomos, modistos y bailarines amanerados o en carceleras o presidiarias con características de "marimachos" borrosamente lesbianas en films de cárceles femeninas clase B. Estaba absolutamente prohibidas cualquier muestra explícita de relaciones homosexuales y solo en los finales de la década del sesenta algún policial como "El investigador" con Frank Sinatra se atrevió a mostrar un caso de asesinato de un rico homosexual cometido por un político con problemas de bisexualidad no asumida que en un rapto de emoción violenta luego del acto sexual masacraba al millonario.

Lo interesante del film es que las sospechas recaían sobre un taxi boy desequilibrado antiguo amante del occiso a quien por medio de acoso psicológico en interrogatorios brutales se lo forzaba a declararse culpable manipulando una confesión que lo lleva a la silla eléctrica. Cuando la verdad se revela el detective renuncia a su cargo considerándose responsable de haber forzado a un inocente a declararse culpable por prejuicios homofóbicos. Este film es de 1968, pero la comedia de Billy Wilder data de 1959 y en una clave totalmente distinta a "El investigador" narra el equívoco de dos músicos de jazz que, habiendo sido involuntarios testigos de un crimen de la mafia de los años veinte en plena ley seca, se ven obligados a vestirse de mujer e incorporarse a una orquesta de señoritas y hasta ahí nada es demasiado original y explota el viejo esquema del hombre heterosexual que por enredos de comedia debe aparentar lo que no es. Desde Shakespeare en "Noche de Reyes" (mujer vestida de hombre, a "La tía de Carlos" hombre vestido de mujer) el tema ha sido abordado desde los orígenes del teatro. Pero la audacia y genialidad de Wilder está en el antológico final del film. Un millonario se ha enamorado de la supuesta mujer y en una alocada fuga en lancha le ofrece matrimonio. El músico trata de zafar diciéndole que no es rubia natural, que no le va a poder dar hijos y ante la indiferencia del millonario que a desestima todas esas confesiones finalmente le grita "¡Soy un hombre!" y el viejito sin mover un músculo de su cara le contesta ¡nadie es perfecto! La explosión de carcajadas en el cine fue estruendosa y abrió una puerta en los prejuicios de toda una época, no es poco.

viernes, 15 de mayo de 2015

Ley de Murphy

Como una especie de "Ley de Murphy" se repite una situación en cada acto eleccionario de nuestro país. Como ya se sabe la Argentina es algo excesiva en muchos aspectos y pasa por períodos absolutamente diversos a través de la historia. Así pasamos de no votar nunca a votar cada dos años, de períodos presidenciales de seis años a los de cuatro después de la última modificación constitucional. Luego, con las PASO, votamos muchas veces en cada provincia, los candidatos se multiplican, las internas se hacen cada vez más reñidas, los intereses se entrecruzan a veces en forma furibunda y las alianzas toman la apariencia del monstruo del doctor Frankenstein, o sea, una mezcla caótica de amigos, enemigos, rivales de otrora que se que se hacen compañeros de ruta por breve tiempo intercambiando elogios, insultos, chicanas, zancadillas, sonrisas para la foto y declaraciones rimbombantes y efectistas dignas de mejor causa.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

En medio de ese laberinto de pasiones el votante debe decidir, según la elección, un poco a ciegas y dejándose llevar más por prejuicios y simpatías o antipatías personales, resultado de "cuestiones de piel" más que por reales convicciones, fidelidades partidarias o coherencia ideológica. A todo este desbarajuste hay que agregar esa especie de "Ley de Murphy" de la que hablábamos más arriba y que consiste en dudar del escrutinio si se pierde vociferando ¡hubo fraude! y festejar hasta el delirio si se gana aunque sea por cien votos, cantando y bailando (generalmente mal) con expresiones de cancha de fútbol de dudoso gusto exclamando ¡el pueblo supo votar! ¡ es claro que quiere un cambio!.

Cuando se aquietan los ánimos, los escrutinios se completan, las bocas de jarro que comentan apresuradamente a las bocas de urna, callan y las sonrisas se convierten en caras adustas o los pesares se vuelven alegrías más o menos moderadas, comienzan de nuevo con escasos dos meses de plazo las estrategias de campaña y allá van políticos conocidos, ignotos, improvisados, veteranos, tramposos, honestos y demás variedades humanas a recorrer los intrincados senderos de la comunicación con el votante. Ese votante que es tan diverso, contradictorio y vario-pinto como la misma política y que tiene intereses reales, cosas que tiene, cosas que le faltan e historias de vida muy diferentes que marcan su tendencia ideológica que, en muchos casos, no tiene el tinte partidista de otros tiempos sino que está regida por "como le fue en la feria", o sea, como han influido sobre su bolsillo, su bienestar y sus condiciones de vida las decisiones de los que lo gobernaron. Y de poco valen las fotos, los slogans, la sonrisa seductora y los photoshop que, por bien hechos que estén, no podrán ocultar la historia de cada uno de los cientos de candidatos.
Hay que celebrar, festejar y apoyar estos treinta y tres años de democracia con votaciones periódicas que disfrutamos después de tantos períodos de gobiernos interrumpidos por tanques en la calle. Tanques que (todo hay que decirlo) contaron con el apoyo tácito de buena parte de la sociedad que nunca asumió su grado de responsabilidad y comodidad de, al no poder modificar una realidad que no le convenía, pensar que la fuerza de las armas podría arreglar las cosas por medio de la violencia y la censura. Por lo tanto no es esto una queja por la enorme cantidad de votaciones, sino una reflexión sobre la superficialidad de muchos arribistas que se cuelgan de cualquier tranvía para tener cinco minutos de fama confundiendo realidades, traicionando principios asociándose y desasociándose en menos de un suspiro gritando ¡fraude!.

sábado, 9 de mayo de 2015

Playas del paraíso

Noticias escalofriantes provenientes de Europa informan de la muerte de cientos y cientos de seres humanos muertos y desaparecidos luego del naufragio de precarios botes y destartalados. Cruceros sin las más elementales condiciones de seguridad, ocupados por inmigrantes desesperados que han huido no sólo por la quimera de encontrar una vida mejor en Europa, como viene ocurriendo desde hace dos décadas, sino por salvar sus vidas de las masacres de las guerras de los fundamentalistas religiosos que castigan con la decapitación y hogueras cualquier intento de fuga.


Lo más macabro es que mafias inescrupulosas engañan a esos desesperados sacándoles mucho dinero para proveerlos de esas espantosas embarcaciones, abandonándolos en alta mar sin ningún tipo de protección y arrojándolos a una muerte segura con naufragios de terribles consecuencias. O sea: ruina económica, muerte horrorosa y tumba en el fondo del Mediterráneo.
A todo esto, una parte de Europa, la Europa del norte, no acompaña demasiado a la Europa septentrional, España, Italia y Francia, que son los países que reciben la mayor parte de esa inmigración masiva, desesperada y de creciente cantidad.
Las políticas implementadas últimamente han dejado de lado el asistencialismo y la ayuda a esas víctimas, es decir a los sobrevivientes de esas incursiones, entre los cuales hay muchos niños y ancianos. Los países más afectados luchan en solitario contra el problema aportando fondos millonarios en épocas de crisis económica y social que perjudican a sus habitantes con desempleo, optando por medidas que impiden la entrada de esos contingentes sin preocuparse por el destino de esos infortunados.
Esta situación deja de lado la labor humanitaria definida por los más poderosos como "buenismo", o sea demagogia populista que va en detrimento de los intereses nacionales. Los recortes que se siguen produciendo cortan el hilo por lo más delgado y sólo unos grupos minoritarios tachados de "progres pasados de moda" tratan de buscar soluciones que no hundan vidas humanas en el océano.
Las espantosas guerras que han destruido, fragmentado, dividido y desmembrado países otrora unidos y a veces prósperos, son una plaga que no sólo perjudica a esos seres humanos errantes en la búsqueda de la supervivencia sino que también arruinan y perturban a millones de personas que sufren el revoltijo social que provoca el terrible espectáculo de los sobrevivientes mutilados y moribundos con el horror en sus negros rostros.
Es el infierno en las playas de los paraísos, es la luz de esperanza enturbiada por la bestialidad y la indiferencia mientras sobrevuela la siniestra mafia que saca provecho económico de esos desventurados. Son crímenes de lesa humanidad, esos que según declaraciones y decretos solemnemente anunciados pero jamás cumplidos en la realidad, inflaman los discursos de los demagogos de turno.
Y no alcanzan los médicos sin fronteras, las colectas, recitales y todo tipo de movilizaciones que los seres solidarios organizan y realizan. Si existiera una verdadera acción política mancomunada y decisiva quizás los males no llegarían a tanto horror.
Confundir humanismo con "buenismo", solidaridad social con populismo y voluntad política con estrategias partidarias es un gran error, error que se paga muy caro, pues aunque a algunos les parezca un problema ajeno y de poca importancia, la historia de la humanidad demuestra que las fronteras del horror son mucho más amplias que lo que aparentan y los paraísos se convierten en infiernos con más velocidad que un rayo.

sábado, 2 de mayo de 2015

Imperdonables

Cada tanto la marea de noticias pone sobre el tapete ciertos temas que representan problemas sociales de larga data que luego son olvidados, relegados y finalmente archivados en la memoria colectiva. Últimamente y debido a escándalos mediáticos farandulescos ha vuelto a resurgir el problema de los menores envueltos en tironeos de padres y madres en conflictos conyugales que desembocan con menor o mayor virulencia en discusiones sobre paternidad, tenencia y cuotas alimentarias.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

La exposición descarnada y masiva en redes sociales, programas de televisión y demás medios hace correr como reguero de pólvora intimidades y detalles escabrosos que involucran a seres inocentes que no pueden defenderse y que sufren traumáticas situaciones de imprevisibles consecuencias a futuro. Las instituciones reaccionan a hecho consumado y cuando el daño ya es irreversible.

Nadie piensa en esos niños "protegidos" por un marmolado fuera de foco en las imágenes que pueden ocultar sus facciones, pero no borran, ni mucho menos, las consecuencias psicológicas. Esas discusiones plagadas de improperios, insultos y descalificaciones, tienen un alto impacto negativo en esos seres humanos criados en grupos familiares en guerra donde padres, madres, abuelas, amantes, abogados, jueces y periodistas forman un patético circo sangriento y vergonzoso.
Ya se sabe que nadie es perfecto y que las relaciones humanas muchas veces siguen tortuosos caminos plagados de engaños y mentiras. Las bajezas y mediocridades arruinan frecuentemente las mejores intenciones. El amor se transforma en odio y cuanto mayor haya sido la devoción por alguien supuestamente ideal, más grande será la decepción y por ende más feroz será el enfrentamiento.
Pero lo que resulta difícil de aceptar por el sentido común, o sea el menos común de los sentidos, es el hecho de hacer pagar tan caro a lo que el amor, cuando fue amor, se engendró. Es incomprensible y decepcionante ver como el egoísmo, el narcisismo y la vanidad personal pueden borrar las cosas más sagradas de nuestra naturaleza humana.
Se debe usar la razón que nos diferencia de las bestias para no hacer cosas que las bestias supuestamente irracionales hacen, o sea, cuidar a sus cachorros con celo y fiereza, protegerlos de cualquier agresión externa y amamantarlos hasta que puedan valerse por sí mismos. Es como el caso del piloto de avión que estrelló la máquina en los Alpes por sus frustraciones y en lugar de suicidarse en solitario arrastró en su locura a todos los pasajeros. Todos dijimos: "Está loco". Y teníamos razón, pero muchas veces observamos cómo, perdidos en nuestro laberinto pasional y arrastrados por orgullos malentendidos y egocentrismos enfermizos, empujamos al abismo a las personas inocentes a las que deberíamos cuidar de otra manera.
Engendrar hijos es relativamente sencillo. Tener hijos, con lo que significa el verbo tener, sinónimo de sostener responsablemente vidas nuevas dándoles lo mejor de nosotros, es algo sumamente difícil, por lo tanto es imperioso conocerse lo más fielmente que nos sea posible para tener la certeza de que estamos a la altura de semejante responsabilidad.
No es obligación ser padre ni ser madre, pero sí es obligatorio darles la oportunidad de ser lo más felices que podamos. La indigencia, la pobreza extrema, la desigualdad social y las malas condiciones de vida pueden ser atenuantes para la culpabilidad de malas crianzas. Las frívolas, sofisticadas y privilegiadas existencias de tantos payasos mediáticos con todo a su favor arruinando y manoseando a sus hijos en pleitos por cosas materiales, es imperdonable.

viernes, 24 de abril de 2015

El lado oscuro

La ciencia avanza, la comunicación ha experimentado en las últimas décadas una revolución importantísima con la irrupción de Internet y la multiplicación de redes sociales que acortan distancias, borran fronteras y permiten la información minuto a minuto de todo lo que ocurre en el nuestro planeta, las enfermedades terminales pasan a ser crónicas y tratables permitiendo un aumento considerable en los promedios de vida, proliferan las ONG a favor de un mayor cuidado en la ecología y la conservación de las especies animales. Todo esto parecería indicar un sensible adelanto y mejoramiento de la calidad de vida.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Sin embargo y como contrapartida el género humano no ha encontrado aún un método para conseguir erradicar la violencia y el oprobio que representa la guerra como manera habitual y a veces excluyente para solucionar las diferencias entre países regiones, razas y religiones. La ambición, el abuso de poder, la voracidad de grupos dominantes que manejan en forma fría, calculadora e inhumana los negocios derivados de la explotación de recursos naturales, energía y reparto de riquezas y una intolerancia feroz para quien es diferente en cualquier aspecto de la naturaleza humana, son el lado oscuro de tanto adelanto y evolución.

Sobran fotos de líderes de países enemigos en Cumbres donde todas son promesas de cooperación y solidaridad y faltan hechos concretos a largo plazo para mejorar situaciones que crean tensión, miedo y zozobra en millones de personas afectadas por cruentos combates en muchas y extensas regiones del mundo. Inocentes masacrados, ciudades arrasadas, pestes, crisis, odios irreconciliables e invasiones violentas son la noticias predominantes en un mundo con profundas y frecuentes debacles económicas que son combatidas con ajustes, recortes, reducciones drásticas, cuando no anulaciones lisas y llanas de servicios sociales indispensables para poder tener una vida medianamente digna.
Y esto pasa en sociedades evolucionadas, democráticas, con tradiciones culturales humanistas y con un nivel medio de cierta estabilidad. Fácil es imaginar y comprobar lo que ocurre en países de pocos recursos o poseedores de riquezas naturales deseadas por las potencias, arrebatadas y explotadas sin la menor consideración para los nativos de esos territorios que ven con horror cómo la miseria y el analfabetismo es su manera corriente. Entonces se convierten, por desesperación, en víctimas de mesiánicos fundamentalistas que, so pretexto de luchar contra el explotador, terminan convirtiéndose en delirantes tiranos. Estos que, a su vez, serán volteados por los que no quieren perder el negocio y la explotación de esos recursos naturales por medio de invasiones, bombardeos y desolación.
Es un estado apocalíptico que presenta el contraste entre lo mejor y lo peor de nosotros como género humano. Y, a veces, el mero enunciado de principios, buenos propósitos alianzas, pactos y fotos esperanzadoras de líderes de saco y corbata en salones alfombrados, no alcanzan para dar al menos alguna esperanza de un futuro donde la convivencia pacífica respetando diferencias y erradicando la barbarie de la guerra o la represión sangrienta puedan permitir pasar por esta, nuestra vida con un poco más de dignidad, con un poco menos de odio y resentimiento tratando de gozar de todo lo bueno y placentero que el mundo también tiene para darnos.

sábado, 18 de abril de 2015

Zombies

"Falta mucho por hacer", es la frase recurrente de los candidatos en el período pre-electoral,período que se prolonga eternamente porque cada dos años se repiten las votaciones y después de cada victoria o cada derrota se ponen medallas en el primer caso y se buscan excusas en el segundo. Cuando son reconfirmados se hinchan de orgullo y cuando caen en el barro de la pérdida le echan la culpa a factores externos, ajenos a su voluntad, a la fatalidad, a la situación mundial, al cambio climático y a lo difícil que es gobernar a un "país como éste". ¿Asumir errores? ¡Nunca! Y cuando lo hacen invocan a que todo fue hecho con la mejor voluntad. Pero no hubo ayuda del pueblo.


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

En discursos y plataformas se invocan como prioridades básicas la educación, la salud, la seguridad y la transparencia. En la práctica la educación está estancada en el mejor de los casos y derrumbada en el peor. La salud tiene déficits brutales con falta de insumos, hospitales públicos descuidados, destartalados, a veces ocupados por personas sin techo que pernoctan en pasillos mugrientos y con turnos de atención otorgados a tres meses de su solicitud. En cuanto a la seguridad, la crónica roja abunda en la descripción cotidiana de crímenes aberrantes, robos, violaciones y violencia imparable en canchas de fútbol y alrededores. Y esta calesita de barbaridades viene girando sin parar a través de administraciones muy diferentes en su discurso pero muy semejantes en sus consecuencias sociales.

En cuanto a la "transparencia" lo único que se puede decir es que la corrupción está a la vista y en eso es absolutamente transparente, pero muy pocas veces comprobable en forma concreta ya que los negociados y chanchullos se hacen cada vez más "legalmente" para que su sanción sea rápida y no se pierda en los laberintos burocráticos de una justicia lenta y sujeta a presiones de todo tipo.
En medio de tanto palabrerío mesiánico se producen cada tanto oleadas de optimismo, captación de nuevos adeptos que se acercan a movimientos nuevos, dirigentes jóvenes que no tienen prontuarios bochornosos ni pasados turbios y que generan esperanzas. Pero junto con esos períodos, y pegados a ellos, reaparecen viejas figuras revitalizadas vaya a saber por qué intereses. Y consiguen reubicarse en un imaginario colectivo presidido por amnesias o lagunas culturales que permiten la resurrección de fantoches grotescos de un pasado cercano para jovatos setentones, pero parcial o totalmente no-vividos por ciudadanos de veinte a cuarenta primaveras. Ellos desencantados con lo que les ha tocado vivir caen en la fatal equivocación de minimizar los efectos negativos que esas figuras políticas han acarreado para desgracia nacional.
Vuelven no con la frente marchita, como dice el tango, sino con la marchita al frente cantándose loas a sí mismos, reverdeciendo laureles que no supieron conseguir y confiando en que "más vale malo conocido que bueno por conocer", refrán que sigue vigente entre pueblos con flaca memoria que avanzan por la vida como quien atraviesa un sendero lleno de espesas nieblas que sólo permiten ver lo inmediato. Esto sin distinguir lo que se avecina y sin la menor posibilidad de visionar lo que han dejado atrás.
No es extraño que las películas de zombies tengan tanta aceptación en grandes sectores del público desprevenido en busca de distracciones fatales.

sábado, 21 de marzo de 2015

El mal negocio

Los seres humanos somos un misterio muy difícil de explicar. Somos capaces de lo más sublime, lo más bajo, lo más generoso o lo más egoísta. Muchas veces la misma persona bajo determinadas circunstancias y en diferentes contextos puede realizar actos diametralmente opuestos cuyas motivaciones reales son inexplicables desde la lógica de una supuesta "normalidad".


Por Enrique Pinti |  Para LA NACION

Personas de antecedentes impecables con historias de vida llenas de virtudes de pronto cometen actos reprobables y hasta monstruosos; y personas con los peores antecedentes pueden sorprendernos con repentinos gestos de solidaridad y afecto. Desde luego y por fortuna son situaciones excepcionales, poco comunes, y no marcan tendencia. Pero existen y desorientan cada vez que toman estado público.
Las ambiciones de riquezas y poder suelen ser factores decisivos para torcer el camino de personas que, ante la tentación de conseguir un mejor nivel de vida y una situación social que les facilite el acceso a los grandes círculos privilegiados, son capaces de olvidarse de la ética, la moral y la honestidad. Esto lo observamos en muchos políticos que, a pesar de ser razonablemente ricos por su oficio, profesión o por haber nacido en el seno de familias de alcurnia, caen en la tentación de meterse en negociados, coimas, comisiones y chanchullos no justificables.
Estas acciones son al menos entendibles en personas que han accedido a una posición acomodada en poco tiempo y que provienen de sectores de poco poder adquisitivo. Pero, absolutamente incomprensible entre los que antes de entrar en la política ya eran millonarios. La única explicación posible es la tan difundida teoría popular de que "cuanto más tienen, más quieren". Por eso da un poco de risa amarga aquella creencia que dice: "Yo voy a votar a Fulano porque como es rico no va a robar". La crónica diaria nos enseña que esa afirmación no es casualmente una "verdad revelada".
La gente honesta no puede entender cómo se puede vender el alma al diablo, cómo se puede renunciar a la inefable sensación de apoyar cada noche la cabeza sobre la almohada con la certeza de que no se le debe nada a nadie y que nuestra conciencia está en paz porque lo que hemos logrado ha sido con trabajo honrado, estudio y dedicación. Pero, a veces, la gente honesta se harta de ver cómo los otros acceden a posiciones desde donde pueden conseguir todo lo que desean y pactan con la corruptela pensando que son lugares de los que se entra y se sale sin mancha.
Esa es una grave equivocación de la que sólo toman conciencia cuando ya es muy tarde y son atrapados por una justicia, que cae sobre ellos con más rigor que sobre los corruptos con oficio y antigüedad. Para ellos esa es una característica que los hace invisibles porque saben hacer las cosas con los suficientes recaudos y tienen las amistades apropiadas que pueden protegerlos de cualquier castigo. Y es así como el "perejil" paga y el experimentado corrupto termina por ser declarado inocente o, al menos, con causa prescripta so pretexto de que el tiempo legal pasó y lo eximió de responsabilidad.
Es por eso que, a modo de Viejo Vizcacha, el mejor consejo para dormir tranquilo es rechazar toda tentación de enriquecimiento mágico. Porque el que vivió con honestidad gran parte de su vida es proclive a meter la pata, a no tomar recaudos y a ser traicionado por los buitres con mayor experiencia y código moral roto desde muy temprana edad. Más allá de las apariencias se trata de un mal negocio, el negocio del negociado.

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