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martes, 16 de julio de 2013

"Al borde del naufragio K"

La economía de Cristina se está hundiendo, afirma el presidente de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA). En esta columna él busca aportar una idea positiva a una coyuntura tan negativa: "Es inminente la apertura del debate sobre las diferentes soluciones para salvar la nave, y este puede darse en un marco de contención de la misma para aportar las soluciones, o en un marco de confrontación que dificulte encontrarlas."


Aladino Benassi: "¿Las consecuencias? El mercado laboral ya no crece y se manifiesta incapaz de absorber a los nuevos postulantes al mismo. La juventud, entonces, queda varada en la arena de la incertidumbre y la desmoralización."
por ALADINO BENASSI
 
LA PLATA (Especial para Urgente24). La impotencia invade la moral empresaria cuando se evidencia que el barco del modelo económico de crecimiento productivo, con inclusión social y movilidad ascendente, está a la deriva, sin timonel e inundándose, mientras una parte de la tripulación está ocupada en mirar el reloj de los tiempos del poder y otra parte hace agujeros en el casco convencida, erróneamente, que por allí escapará el agua que evite el inevitable hundimiento.  
 
Cómo no tener ese sentimiento cuando ese mismo barco permitió la recuperación del parque industrial desde el 2001 en adelante, y  cuya virtuosidad se expresó en la recuperación de más de 5 millones de puestos de trabajo.
 
Por el contrario, el mismo gobierno que supo enfrentar la tormenta es el que ahora proyecta premios para quienes viven evadiendo y saboteando este modelo económico que benefició a los argentinos.
 
Es absurdo pensar que haciendo agujeros en el casco se logre mantener a flote la nave del éxito.
 
Por ejemplo, qué sentido tiene acordar precios con los principales formadores y beneficiarios de una mayor rentabilidad –objetivo que encuentran con la mayor concentración de la oferta, que les es facilitada-  en un contexto de ingenua creencia de que serán respetados.
 
La deriva de la embarcación se refleja cuando se permite a esos mismos formadores importar lo que quieran a cambio de instrumentar una supuesta tarjeta de crédito salvadora y al mismo tiempo se prohíbe a la industria nacional importar los insumos y componentes necesarios para la manufactura, y así cumplir con los compromisos comerciales asumidos en el mercado interno y las exportaciones.
 
Y cuando no se cumple en tiempo y forma, se pierden mercados que costaron un gran esfuerzo y mucha inversión conseguir.
 
Además, se abandonó el rumbo de repartir la torta de la rentabilidad mitad para los trabajadores y mitad para las empresas, de lo que en un momento se estuvo cerca y hoy nos hemos alejado, no llegando los trabajadores ni al 40% de la misma.
 
¿Las consecuencias? El mercado laboral ya no crece y se manifiesta incapaz de absorber a los nuevos postulantes al mismo. La juventud, entonces, queda varada en la arena de la incertidumbre y la desmoralización.
 
Los empresarios argentinos, especialmente las pymes, no ignoramos los logros de mediados de la primera década transitada del siglo XXI. Pero, lamentablemente, vemos con gran alarma que quienes están al comando de este amado barco llamado Argentina sí han olvidado las políticas acertadas de desarrollo, al salirse de la ruta trazada; tal vez por negligencia o tal vez por la inexperiencia de las nuevas tripulaciones. Hay funcionarios que nos conducen por caminos que van hacia lo menos, mientras que Brasil ha dado el ejemplo, como lo hizo siempre, de responder cuando los pueblos claman por mejorar e ir por más desarrollo y equidad.
 
Cómo excusa se afirma que este no es un proyecto económico sino un proyecto político, de lo que se desprende la sospecha que no se darán respuestas a los problemas económicos.
 
Es inminente la apertura del debate sobre las diferentes soluciones para salvar la nave, y este puede darse en un marco de contención de la misma para aportar las soluciones, o en un marco de confrontación que dificulte encontrarlas.
 
Del Gobierno ahora depende si elige la soberbia autista que hunde al país o el diálogo constructivo y fructífero que lo salve del naufragio.

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