Desesperado esfuerzo K por convencer que hay "brotes verdes" en la estanflación

Para comenzar: ¿son ciertos o falsos los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos? Mucho de lo que hace el INdEC es trucho. Y otro tanto es de mala fe. ¿Es confiable el Estimador Mensual Industrial (EMI) que realiza el INdEC? Nadie lo sabe. En junio de 2015, con relación a mayo, la producción manufacturera registró un incremento del 1,2% en términos desestacionalizados y una disminución del 0,5% en la medición con estacionalidad. De acuerdo con datos del EMI, la actividad industrial del 1er. semestre de 2015 con respecto al mismo período del año anterior presenta bajas del 1,2% en la medición con estacionalidad y del 1,3% como en términos desestacionalizados. El EMI que mide el INdEC cerró el 6to. mes con baja de 0,8%. No alcanzó la suba de 1,2% respecto de mayo para cambiar la tendencia. Buena oportunidad para leer cierto trabajo de la consultora Economía & Regiones:


¿Brotes verdes? "La elevada inflación, la falta de previsibilidad, la ausencia de reglas claras, las trabas a las importaciones y la incertidumbre (ahora potenciada por la vuelta de la inestabilidad financiera) afectan negativamente el gasto en capital productivo de las empresas, lo que tiene claros perjuicios en términos de productividad e incluso de crecimiento inter-temporal."

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). Desde hace unas semanas, la estabilidad financiera comenzó a resquebrajarse con una suba del paralelo y una expansión de la brecha cambiaria, que alcanzaron $14.90 y 63% respectivamente. Esta turbulencia financiera pone en jaque la supuesta recuperación del consumo privado que se descontaba para los meses previos a las elecciones.
 
Hasta aquí, todos los instrumentos de política se habían puesto al servicio de lograr que la inflación estuviese en torno al 2% mensual, las reservas no cayeran, el dólar blue (brecha cambiaria) continuara estable y el consumo se recuperara durante el 2do. y 3er. trimestre del 2015.
 
La depreciación del peso (contra el dólar) a un ritmo equivalente a la mitad de la inflación y el endeudamiento doméstico (BONACs y LEBACs) y externo (YPF; swap de China, default de bonos del Canje 2005 y 2010; etc), eran los pilares que sostenían la estabilidad financiera.
 
En paralelo, la política fiscal ultra expansiva financiada con emisión y deuda junto con la apreciación del peso, estimula el consumo privado y la demanda agregada. Es decir, el tipo de cambio cuasi fijo, se utiliza para contener el aumento del nivel general de precios y generar incrementos del ingreso medido en dólares y así propulsar el consumo y el nivel de actividad.
 
A su vez, los elevados rendimientos (tasa de interés) en moneda extranjera evitaban una corrida cambiaria, que también era contrarrestada con colocaciones de deuda en dólares y en pesos. La primera (swap con china y otros) apuntalaba las reservas para moderar las expectativas de devaluación; mientras que la deuda en pesos (BONAC) financiaba una parte del exceso de gasto público y el déficit fiscal.
 
Sin embargo, la mejora del consumo, que podría estar en riesgo debido al tambaleo de la estabilidad financiera, es un fenómeno difícil de sostener en el mediano y largo plazo.
 
Ninguno de los tres ingredientes (fiscal, monetario/cambiario y deuda) que sostienen la recuperación del gasto de las familias en el corto plazo son funcionales para el crecimiento económico sostenido, ya que atentan contra la competitividad del sector privado-productivo, impidiéndole hacer negocios y expandir su frontera de posibilidades de producción.
 
En otras palabras, la buscada estabilidad financiera pre electoral se consigue a expensas de hipotecar la salud de la economía real y agravar la herencia para la próxima administración.
 
En este sentido, como el gobierno venía haciendo lo opuesto a lo que se necesita para mantener el dólar blue contenido y la brecha estable en torno al 38%-40%, no debería sorprender que la inestabilidad financiera volviera al centro de la escena macroeconómica desde hace unas semanas.
 
Detrás del avance de las cotizaciones del dólar “libre” subyace un exceso de demanda de divisas por parte del sector privado impulsado por el exceso de pesos y la incertidumbre respecto a la futura política económica. Justamente, este exceso de demanda de dólares se manifiesta en “el nuevo record” de la demanda de dólar ahorro en julio.
 
En este sentido, en los 22 días hábiles de julio la demanda de dólar ahorro (estimada) alcanzaría un nuevo record de casi US$ 775 millones (que anualizado equivale a US$9.300 millones), más del doble del promedio de los meses anteriores (US$ 3.800 millones).
 
Lo más alarmante es que, a pesar de la suba del blue y la brecha, los compradores de dólar ahorro no estarían vendiéndolo en el mercado informal. Lo que deja en evidencia el debilitamiento de la demanda de dinero que, de proseguir, alimentaría las expectativas de devaluación e inflación y potenciaría la inestabilidad financiera. 
 
El debilitamiento de la demanda de dinero provoca que la venta record de dólar ahorro no “alcance”para moderar la cotización del blue y a la brecha, dejando entrever que la continuidad en la orientación de las políticas actuales viene siendo percibida en forma negativa.
 
Pero además, como anticipamos, el nuevo brote de inestabilidad financiera pone en jaque a la recuperación económica que se descontaba para el2do. y 3er. trimestre de este año, ya que el público podría decidir profundizar su demanda de divisas en lugar de consumir bienes y servicios.
 
Ya habíamos mencionado que el nivel de actividad empezaría a recuperarse en el 2do. y 3er. trimestre del año con la mejora circunstancial de los ingresos (salarios, jubilaciones y asignaciones) y su respectivo impacto en el consumo privado. Sin embargo, si la mejora de los ingresos reales se vuelca a la demanda de dólar –ahorro y blue- en lugar de destinarse al consumo privado, el proceso de recuperación económica podría entorpecerse e incluso revertirse. 
 
Si bien están claras ambas alternativas hacia donde puede dirigirse el incremento del poder adquisitivo (consumo o dólar blue), por ahora es difícil hacer un diagnóstico concluyente sobre cuál será el escenario final. No obstante, lo que sí se puede mostrar es que el actual proceso de recuperación del nivel de actividad no sólo se encuentra en la etapa inicial, sino que es débil y poco extendido.
 
Más allá de esto último, la política de ingresos oficial tiene como objetivo incrementar principalmente los ingresos de la base de la pirámide, generando aumentos tanto reales como en dólares en las jubilaciones, el salario mínimo y en los planes sociales, poniendo en evidencia la intención de estimular el consumo de los sectores de mayor propensión marginal a consumir, en medio del proceso electoral. 
 
No obstante, la mejora del ingreso no se vuelca directamente al consumo de las familias. Por el contrario, los diferentes indicadores que reflejan dicho gasto muestran un comportamiento muy heterogéneo con variables que anticipan una recuperación y otras que todavía exhiben un panorama negativo, que podría acentuarse si se potencia la actual inestabilidad financiera desatada desde hace 15 días.
 
Por ende, resulta fundamental seguir de cerca la “pulseada” entre la demanda de dólares (ahorro y blue) y el consumo privado. No cabe duda que el gobierno maximizará todos sus esfuerzos en bajar las expectativas de devaluación y el consecuente exceso de demanda de dólares, intentando que el gasto se vuelque al consumo de bienes y servicios. 
 
El Gobierno utilizará todos los (usuales) instrumentos a su disposición para evitar que dólar blue y la brecha se disparen. O sea, hay que esperar más cepo, más trabas a las importaciones, más maquillaje de reservas y más endeudamiento. Igualmente, más allá de los esfuerzos del gobierno, el “camino” hacia diciembre será volátil e incierto.
 
Los Datos del Nivel de Actividad “hasta ahora
 
Más allá de la pulseada entre consumo y dólar blue que podría decidir la “suerte” del nivel de actividad en la 2da. parte del año, los números de la economía real correspondientes al 1er. tramo del año no son buenos.
 
Hasta el 1er. trimestre del año inclusive (último dato definitivo), la economía argentina sigue estancada y presenta caídas interanuales durante 5 trimestres consecutivos. Recién en el 2do. trimestre la economía dejaría de caer y presentaría una leve recuperación  traccionada por el consumo privado y las políticas de incentivo a la demanda agregada que impulsa el gobierno si se mantiene la estabilidad financiera.
 
La descomposición de la actividad regional del PBG E&R en cada uno de los sectores productivos muestra que hay ganadores y perdedores, dejando en evidencia que no hay un comportamiento homogéneo. La industria –que absorbe casi el 20% del empleo privado registrado- es uno de los sectores económicos más perjudicados por la situación actual.
 
En efecto, la industria manufacturera sigue cayendo (-3.4% a/a en IT-15), empujada por la falta de competitividad y la floja performance del sector automotriz que se ve perjudicado por las trabas a importar y la recesión en Brasil y además arrastra a muchos sectores vinculados como la metalúrgica.
 
Por un lado, los costos elevados (entre ellos los laborales), la elevada presión tributaria y el uso del tipo de cambio como ancla de precios hacen que muchos sectores se tornen inviables o dependan cada vez más de las políticas proteccionistas.
 
Por otro lado, la industria automotriz (-15.8% a/a), que supo ser el motor del agregado industrial durante la última década, se ve afectada directamente por la falta de dólares que obstaculiza su producción y por la caída en las compras desde Brasil. Luego, si se excluyera al sector automotriz del agregado, se observaría una paulatina recuperación del 1.6% interanual en los últimos 12 meses. 
 
Volviendo a la demanda agregada, la inversión y las exportaciones no se recuperan. Por un lado, las ventas externas vienen presentando una de las peores dinámicas de la década a partir de la merma de las exportaciones de manufacturas de origen industrial. Como ya se explicó, esto es consecuencia de la recesión brasilera, por los problemas que atraviesa la industria automotriz y la pérdida de competitividad en general. 
 
Del otro lado, la elevada inflación, la falta de previsibilidad, la ausencia de reglas claras, las trabas a las importaciones y la incertidumbre (ahora potenciada por la vuelta de la inestabilidad financiera) afectan negativamente el gasto en capital productivo de las empresas, lo que tiene claros perjuicios en términos de productividad e incluso de crecimiento inter-temporal.

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